martes, 17 de diciembre de 2013

Salve... [crítica en Codalario del último disco de Stile Antico]

Salve Britania

Stile Antico nos presentan un homenaje absolutamente deslumbrante de algunas de las piezas más destacadas de la era Tudor.

The Phoenix Rising. Stile Antico. Harmonia Mundi, 2013. TT. 74’34. Obras de William Byrd, Thomas Tallis, Thomas Morley, Orlando Gibbons, Robert White y John Taverner.

 
  Tengo que admitirlo: me fascina Stile Antico. He seguido su carrera desde el comienzo, cuando allá por 2007 saliese al mercado su primer disco, titulado Music for Compline, en el que se grababan algunas de las piezas más bellas del repertorio polifónico inglés del Renacimiento. Por aquel entonces, la frescura y calidad interpretativa de unas voces, cuya media de edad rondaba los 22-23 años, me dejó absolutamente fascinado y atónito. Alguien fue lo suficientemente inteligente en Harmonia Mundi –Production USA– para darse cuenta de que estábamos ante un grupo que supondría el futuro en este tipo de repertorio. Sus pronósticos se cumplieron. Han ido paso a paso, trabajando duro, y los éxitos cosechados han sido innumerables. Premios, conciertos por doquier, giras internacionales, alabanzas de público y crítica. Una carrera sólida en apenas siete años.

  El volumen de grabaciones es, además, intenso. Salen a disco por año. Este que presentamos aquí –octavo en su discografía– corresponde a este 2013. Un título sugerente y evocador, The Phoenix Rising, y un epígrafe, The Carnegie UK Trust & the revival of Tudor church music, absolutamente clarificador, que esconden algunas de las verdaderas joyas de la corona de la producción polifónica que en la Inglaterra del XVI nos legaran algunos de los más grandes maestros. Pongámonos, no obstante, en antecedentes. El Carnegie United Kingdom Trust es una sociedad de beneficencia que se creó con el fin de atender ciertas necesidades que la población de Gran Bretaña e Irlanda tenía en su momento. Cumple este 2013 el centenario de su fundación y toma el nombre de quien lo ideó, el escocés Andrew Carnegie, uno de los mayores filántropos de los siglos XIX y XX en Gran Bretaña. Pues hete aquí que dicha sociedad trabajó para la difusión de la polifonía inglesa de una manera absolutamente fundamental. Llevó a cabo la publicación de la Tudor Church Music [TCM], una colección en diez volúmenes –editada y publicada entre 1922 y 1929– que recogía algunas de las piezas más destacadas de la producción polifónica británica del XVI. Estos diez volúmenes se acompañaron de unas ediciones individuales, que recibían el nombre de octavo, y que pretendían ser utilizadas por los diversos y excelentes coro británicos para su interpretación. A pesar de algunos problemas en sus comienzos, estas ediciones supusieron un auténtico éxito, al menos si nos paramos a pensar en las apabullantes cifras: la edición del Ave verum corpus a 4 de William Byrd –publicada en 1922– había vendido 16.629 copias tan solo en 1930. De esta manera, esta TCM propulsada por el Carnegie UK Trust supuso un avance sin precedentes en la difusión de esta música, a la que debemos gran parte de la pasión que hoy día genera. Es comprensible, pues, que Stile Antico rindan un sentido homenaje a dicha edición y fundación, pues ellos mismos –como otras tantos grupos británicos– no tendrían sentido sin la existencia de ambas.

  La piedra angular sobre la que se construye todo el disco en la Mass for five voices, de William Byrd [c. 1540-1623], que es, sin duda, una de las grandes misas de todo el Renacimiento europeo. En ella, al igual que en sus otras dos misas –como destacan algunos autores– podemos encontrar un homenaje de Byrd a las misas de John Taverner, en este caso concreto a la célebre Missa Gloria tibi trinitas. Resulta maravillosa la forma tan pictórica en que el maestro inglés trata las palabras del texto y el delicado balance que consigue en el tratamiento de las cinco voces, un juego de contraste entre momentos de pocas líneas con otros pasajes de potencia sonora en las cinco partes; un verdadero guiño al estilo «arcaizante» anterior a la Reforma. Maravillosos algunos momentos especialmente, como la impresionante cadencia final sobre el amen del Credo o el Agnus Dei en su totalidad. También de Byrd es su Ave verum corpus a 4, uno de los motetes más destacados e interpretados hoy día de todo el XVI europeo. De una belleza desgarradora, sabe poner en música el dolor de la cristianos ante la muerte de Cristo y la veneración por su figura, pero prestando especial atención a la figura de este como hijo de la Virgen María –lo cual supone un problema en cuanto al tratamiento de la intercesión de esta en la figura de Cristo, una de las diferencias básicas entre el Anglicanismo y el Catolicismo. Fascinantes algunos de los acordes sobre palabras destacadas como ave, corpus, Virgine…, y la repetición desde el miserere hasta el final de la pieza, para destacar, más si cabe, la figura de la Virgen como madre de Dios –recordemos que Byrd era un recusante convencido del Anglicanismo, y que a pesar de la situación en la que se encontraba el país en lo religioso, supo mantener su credo y hacerse con la benevolencia de Elizabeth I gracias a su inmenso talento como compositor.

  Thomas Tallis [c. 1505-1585] –maestro del anterior– aparece representado en dos ocasiones. Primeramente con su impresionante Salvator mundi [I] a 5, una pieza en la que se observa su maestría en el manejo de la imitación y su talento para la creación de melodías absolutamente deslumbrantes. Le sigue In ieunio et fletu a 5 –al igual que la otra pieza, publicada en su Cantiones, quae ab argumento sacrae vocantur de 1575–, en la que se detiene más en el elemento armónico, destacando especialmente las líneas más graves, de sonoridad potente y expresiva.

  Orlando Gibbons [1583-1625] también está representado con sendas piezas, ambas completamente en inglés –únicos ejemplos del disco–, perfectos ejemplos del tratamiento del género Anthem en este país. Almighty and everlasting God a 4 y O clap your hands together a 8 –esta última es una de las piezas más célebres de su autor, destacando especialmente por el  carácter rítmico que subraya el texto jubiloso.

  Otro de los compositores representados por partida doble es Robert White [c. 1538-1574], uno de los que más se ha puesto en valor en los últimos años. Del mismo se registran aquí las lecturas de Portio mea a 5 y su Christe qui lux es et dies a 5 [IV], ambas de una belleza melódica prodigiosa, representantes del estilo más sosegado y menos «virtuoso» en la escritura. En la primera de ellas destaca el contraste entre los momentos plenos de sonidos con otros en el que participan únicamente dos o tres de las partes. En la segunda, las partes de polifonía se contraponen a algunas partes de los versos en canto llano, como era habitual para este tipo de textos dedicados a las «completas».

  Thomas Morley [1557-1602] nos trae una pieza realmente singular: Nolo mortem peccatoris a 4, que tiende un puente entre el género sacro y el profano, con dos versos introductorios en latín, a los que le siguen cinco en lengua vernácula –a la manera de Anthem–, que apareció, de hecho, en una fuente de música profana.

  El encargado de cerrar el disco es nada que John Taverner [c. 1490-1545], otro de los grandes maestros del XVI en Gran Bretaña. Su O splendor gloriæ a 5 es un ejemplo del gusto de este compositor por las antífonas votivas y las piezas de larga duración. Maravilloso el manejo de las texturas, consigue crear un auténtico entramado polifónico de intrincada majestuosidad que contrasta con momentos de vacío armónico aparente, en el que el desarrollo polifónico es casi puramente horizontal.

  Las versiones de las jóvenes voces de Stile Antico son, en todo punto, referenciales. El carácter está siempre enfocado a destacar el aspecto más expresivo, no únicamente técnico; y el color, equilibrio y afinación son irreprochables. La perfección se roza en prácticamente la totalidad del registro. La inteligibilidad de las líneas es asombrosamente meridiana. Lo que más sorprende de la visión de estos catorce cantores es lo cálido de las mismas. Mucho se ha achacado a los ensembles británicos lo alejados que están en ocasiones del aspecto expresivo en aras de la perfección técnica y estilística. En Stile Antico tenemos esa técnica apabullante, pero también un sentido de cercanía, de espiritualidad terrenal, que parecen ofrecernos la mano a su paso.

  Todas las líneas son impecables, dignas de alabanza y auténticos ejemplos para cualquiera que se dedique a esto. Lo de las hermanas AshbyHelen y Kate– es de asustar en la línea de sopranos –impecable el sonido en el registro agudo y la facilidad en la línea de canto–, que se completa con la exquisita voz de Rebecca Hickey. Las altos –una de las peculiaridades de este conjunto es que no utiliza contratenores– son siempre deslumbrantes y poderosas, conformando una cuerda compacta y firme –a las «históricas» Emma Ashby y Eleanor Harries se une el fichaje de Katie Schofield. Los tenores, ejemplo del sonido británico para esta cuerda, destacan por su bello timbre y el gusto para acometer los registros más agudos; siendo los culpables: Jim Clements, Andrew Griffiths y Benedict Hymas. La sonoridad de los bajos es también particular en este conjunto; los bajos británicos pueden resultar a veces poco elegantes, demasiado directos y potentes en la emisión, sin embargo, Will Dawes, Timothy Murphy y Matthew O’Donovan son siempre elegantes, buscando una vocalidad amable pero siempre presente, que mantiene la estructura de todo el conjunto.

  Ya lo dije en su momento, Stile Antico no tienen actualmente nada que envidiar a cualquiera de los grandes grupos del mundo especializados en polifonía renacentista. Están entre los primeros, logrando siempre la excelencia. Son el futuro, pero también el presente. Tienen la enorme ventaja de haber permanecido unidos desde el principio, de componer una estructura sólida, firme, inquebrantable, en las que apenas ha habido algún cambio desde su fundación. Y eso se nota, vaya si se nota.

  Se completa el disco con una bellísima presentación por parte del equipo de Harmonia Mundi, y unas interesantes, aunque escuetas, notas críticas, firmadas por Matthew O´Donovan, uno de los bajos del conjunto. 

  Ya fue uno de los «ocho esenciales de la música antigua» que en su día recomendé para el anuario de Codalario, así que no se pierdan este disco. No escucharán un sonido tan hermoso interpretado por cantores tan jóvenes en ninguna otra parte, al menos de momento.

Publicado en Codalario el 11-XII-2013.


lunes, 2 de diciembre de 2013

...Y de Visée salió... [crítica para Codalario del segundo volumen dedicado a piezas de cámara del autor francés]

...Y de Visée salió perdiendo
Segundo volumen de la música para cuerda pulsada del maestro francés en adaptaciones para conjunto de cámara. 

La Musique de la Chambre de Roy – Volume II. Manuel Staropoli, Massimo Marchese, Rosita Ippolito y Manuel Tomadin. Brilliant Classics, 2013. TT. 54’29. Obras de Robert de Visée.


  Para muchos, Robert de Visée es el gran maestro francés de la música para cuerda pulsada. Y es que sus colecciones: Livre de Guitarre dédié au Roi [1682] y Livre de Pièces pour la Guitarre [1686] son dos de los ejemplos más sustanciosos en la escritura para dicho instrumento –y los que se le acercaban tipológicamente– que se hayan dado en la historia de la música occidental. Poco es lo que se sabe con exactitud del, sin embargo ínclito de Visée, pues ni tan si quiera sus fechas de nacimiento [c. 1655] y fallecimiento [1722/1723] están completamente claras. Sí sabemos que fue un intérprete prolífico, pues dominaba con soltura el laúd, la guitarra, la théorbe, pero también la viola da gamba, además de ser un excelente cantor. Se cree que fue alumno de Francesco Corbetta, uno de los grandes tañedores de guitarra de todo el Barroco. También se sabe con cierta seguridad que estuve al servicio de Louis XIV, como musicien de chambre, y que en 1719 fue nombrado maestro de guitarra del «Rey Sol». Por lo demás, era realmente valorado por algunos de sus contemporáneos, siendo descrito como un célèbre Jouer de Théorbe.

  En este disco, continuación de un primer volumen dedicado a esta misma faceta del francés, no se graba, sin embargo, parte de su célebre corpus solístico para guitarra española o tiorba, sino que se centra en una colección algo posterior, que lleva por título Pièces de Théorbe et de Luth mises en partition, dessus et basse [1716], es decir, una serie de piezas –organizadas en diez suites por la tonalidad de las mismas– que no son sino una amalgama de algunas de las obras de sus dos anteriores colecciones para instrumento solista, puestas en esta ocasión en varias partes, para un conjunto de cámara típico de este período. De este modo, las obras se componen de una línea a ejecutar por un instrumento de tesitura aguda [dessus] que debe ir acompañado del correspondiente bajo continuo [basse]. Parece que en el Avertissement que precede a la colección el propio de Visée recomienda el clave, la viola da gamba y el violín para el dessus, sin embargo, el autor no explicita un instrumento concreto para la interpretación de esa línea alta, por lo que la libertad de los intérpretes hoy día es grande en este aspecto. Era una práctica común en la época el conceder cierta holgura al intérprete a la hora de escoger el instrumento, incluso en aquellas colecciones que sí iban dedicadas a un instrumento concreto –la celebérrima intercambiabilidad instrumental del XVII. Como explican los intérpretes del presente registro, se ha optado por la presencia de la flauta de pico, pues se trata de uno de los instrumentos más utilizados durante este período en toda Europa, con gran literatura escrita para esta como solista. Se utiliza aquí prácticamente toda la familia: desde la flauta soprano [Fa’], hasta la bajo [Fa], pasando por la alto. La tablatura de la parte de la cuerda pulsada en esta colección está lamentablemente perdida, además debemos tener en cuenta que las partes de dessus y basse se encuentran escritas en partituras diferentes, por lo que la tarea de interpretación no es todo lo asequible que cupiera pensar.

  La música de de Visée es siempre de hermosa factura, sin embargo, encontramos que en estos arreglos que la brillantez, delicadeza y elegante melancolía de sus obras a solo se pierde por el camino. Quizá la elección de la flauta de pico no sea la más adecuada, pues es este un instrumento con el que resulta complejo entrar en un ambiente más sosegado y reflexivo, como así necesitan las obras del francés. El uso de un único instrumento solista da unidad al disco, qué duda cabe, pero quizá hubiese mejorado los efectos retóricos una variedad mayor en la elección del instrumentario. Es bien cierto, por otro lado, que algo se consigue con el concurso de un bajo continuo poderoso, sobre todo con la presencia de la propia tiorba y la siempre nostálgica voz de la viola da gamba.

  Contamos con cuatro intérpretes de solvencia probada, pues Manuel Starapoli [flautas de pico], Massimo Marchese [tiorba de 14 órdenes], Rosita Ippolito [viola da gamba] y Manuel Tomadin [clave] son bien conocidos en el panorama de la música antigua italiana. Sin poder achacar problemas técnicos a sus lecturas, tampoco es fácil destacar ninguna de ellas por su brillantez. La conjunción de los cuatro es buena, hay entendimiento y las líneas transcurren con fluidez, respetándose unas a otras. Sin embargo falta algo, y es que me temo –reitero– que la música de de Visée sale perdiendo absolutamente en este tipo de arreglos camerísticos. De hecho, desde mi punto de vista, los momentos más brillantes del disco son precisamente aquellos dos en los que la tiorba actúa de manera solista [Entrée d’Apollon y Chaconne], sin estar, dicho sea de paso, ante las lecturas más brillantes que hayamos escuchado de dichas piezas.

  Un disco interesante –la música de este autor siempre lo es–, pero que deja bastante indiferente al oyente, pues en general se tiene la sensación de estar ante una música liviana, menor, cuando en realidad es precisamente todo lo contrario. Estoy seguro de que los «deviseeianos» –como el que firma– tampoco quedarán satisfechos.

 Publicado en Codalario el 28-XI-2013.