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miércoles, 12 de noviembre de 2014

«Un ejercicio de...» | Crítica, para Doce Notas, del libro-disco que Neryedas dedica a «El Greco 2014»

Ejercicio de sinestesia
El conjunto español realiza su aportación a las celebraciones «grequianas» con este Angélico Greco, que mezcla de manera muy acertada lo auditivo y lo visual, en una edición cargada de detalles. 

Angélico Greco. El cielo se llenó de música. Obras de Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria, Alonso Lobo, Diego Ortiz, Sebastián Aguilera de Heredia, Esteban Daça, Alonso Mudarra, Salomone Rossi y anónimos. Nereydas | Javier Ulises Illán. CMY Baroque • Editorial Cuarto Centenario, 1 libro-disco [ISBN: 978-84-940811-8-7], 2014. T.T: 41:37.


     Los fastos de este 2014 dedicados a celebrar la efeméride del cuarto centenario de la desaparición del genial pintor cretense han sido realmente numerosos. Puede decirse que el estado español en cierta manera ha echado el resto para honrar tan magna figura. Incluso, para lo torpes que resultan a veces este tipo de celebraciones en este país, hay que remarcar que las dedicadas a El Greco han pasado con una gran nota el examen que la ciudadanía y los expertos les han propuesto. Ha habido prácticamente de todo, comenzando –como es lógico– por las diversas y exitosas exposiciones de su obra que se han propuesto tanto en Toledo como en Madrid. Por haber, ha habido hasta un congreso musicológico, centrado en estudiar las producciones musicales en la España que el mismo artista habitó. Es curioso comprobar como la figura de El Greco supone para los intérpretes de música antigua un reclamo tan eficaz, quizá marcado en buena medida por el atractivo que ello supone para el público, con el consiguiente aumento en el número de entradas a conciertos o ventas de discos. 

     Han sido, pues, numerosos los registros discográficos que en manera alguna han aunado su figura con la de las músicas que El Greco pudo haber escuchado en su vida, o simplemente con aquellas que guardan cierta relación con el período vital desde un punto de vista puramente cronológico y estético. No nos pararemos a desgranar aquí el resultado de esas otras grabaciones –en las que los resultados han sido variopintos–, puesto que las presentes líneas están dedicadas a comentar nuestra visión acerca de la última de las propuestas discográficas que «El Greco 2014» nos ha dejado. 

   Para empezar, diremos que este es, sin duda, el disco que mezcla con mayor acierto los aspectos estrictamente pictóricos con los musicales, esto es, y como se nos dice en el propio libro-disco, este Angélico Greco es mucho más que una sucesión de piezas que pueden evocar una época y en mayor o menor medida la obra de un artista, sino que la selección musical se basa en una serie de obras del autor escogidas por su adecuación temática, iconográfica, organológica, retórica y especialmente sinestésica –aspecto que subyace en todo el producto–. Los instrumentos utilizados son modelos similares a los que aparecen en las escenas «grequianas» –el artista siempre los representó de manera bastante fidedigna–, lo que es siempre un detalle que hay que agradecer. Es, pues, el aspecto organológico el que sin duda une cada cuadro con la pieza musical correspondiente de manera más directa, pues el resto de interrelaciones suponen en ocasiones casi más un acto de fe que algo fácilmente aprehensivo para el lector-oyente. Especialmente controvertida me parece la relación sinestésica en ese breve análisis que el autor del texto realiza respecto a los aspectos pictóricos con los musicales –relaciones de uso de mayor o menor luz para asociarlo con matices musicales, o uso de gamas de colores con acordes mayores o menores–. 

     La selección musical, sin ser la más novedosa ni original de cuántas podrían escogerse, contiene algunas de las piezas más reconocidas del Renacimiento hispánico, de autores como Francisco Guerrero [1528-1599], Tomás Luis de Victoria [1548-1611], Alonso Lobo [1556-1628] y Diego Ortiz [1510-1570], que se combinan con algunas piezas menos conocidas de autores, eso sí, bastante socorridos para este tipo de recopilaciones, como Esteban Daça [c. 1537-1596] o Alonso Mudarra [c. 1510-1580], pero que también tienen espacio para algunas piezas de autores menos transitados, a saber: Sebastián Aguilera de Heredia [1561-1627] y Salomone Rossi [c. 1570-c. 1630]. Cada una de las piezas se acompaña de un cuadro con el que se relaciona en algún aspecto y que es explicado de manera somera –tanto el cuadro como la pieza musical, quizá más de lo que sería deseable–. 

     Los textos, ideados y redactados en su totalidad por Javier Ulises Illán –director a su vez de la parte musical y creador de todo el concepto del libro-disco–, dividen en una introducción [música para ver y pintura para escuchar] –desde mi punto de vista lo mejor escrito y más interesante del producto–, al que sigue la explicación de los cuadros y las obras musicales, tras el que se presenta la música en la Europa y España en tiempos del artista cretense –muy somero y realmente básico–, para terminar con cuatro epígrafes dedicados a El Greco, tanto en sus aspectos biográficos como creadores, que se  cierran con dos de ellos enfocados hacia curiosidades sobre la visión y las influencias que su figura ha aportado a posteriori, además de un cuadro cronológico que sitúa al cretense entre las personalidades políticas y artísticas más importantes de su época –de elegante diseño y solvente elaboración–. 

     La interpretación de las piezas musicales corre a cargo del conjunto español Nereydas, que dirige el propio Illán, que cuenta entre sus filas con algunos de los mayores exponentes de la interpretación histórica española en sus respectivos instrumentos, como Manuel Minguillón [laúd y vihuela], Yago Mahúgo [cembalino y órgano] o Sara Águeda [arpa de dos órdenes], por ejemplo. El apartado instrumental es el que rinde con mayor exigencia técnica y diligencia expresiva más fundamentada, pues por su lado, las voces de Eva Juárez, María Eugenia Boix y Sandra Redondo no acaban de convencer en sus intervenciones –en general, el panorama de las cantantes adheridas a este tipo de repertorios no termina de situarse en la primera línea europea, salvo contadas excepciones–. Mejor resultado obtiene la única pieza puramente vocal del disco, el célebre Versa est in luctum a 6, de Alonso Lobo, en una versión algo lenta, pero que pinta de manera contenida y elegante el entramado de este texto luctuoso tan hermoso. 

     Mucho de lo que gira alrededor de Javier Ulises Illán parece estar ligado al mundo griego, comenzando por su propio nombre, siguiendo por la primera y última persona que aparecen en su dedicatoria del libro-disco [Ítaca y Hermes], y pasando, como es obvio, por el propio conjunto que fundó y dirige. No es por tanto extraño –siendo además toledano de nacimiento– que se haya centrado en El Greco, pintor cretense para llevar a cabo un proyecto de estas dimensiones. El concepto de Illán es muy interesante, original y está bien fundamentado. Sin embargo, quizá hubiera sido deseable llevar a cabo de una manera más honda algunos de los textos, especialmente aquellos que hace relación a la explicación de los aspectos musicales. Es destacable la complejidad de la producción, teniendo en cuenta la variabilidad de los combinaciones, pero también la toma de sonido llevada a cabo en cuatro emplazamientos toledanos distintos: Capilla Mozárabe y Capilla de San Pedro de la S.I. Catedral Primada, el Conservatorio Jacinto Guerrero, así como la Iglesia de Santo Tomé. Hay que felicitar por ello en su trabajo ingeniería de sonido y producción a Alberto Rodríguez y Yago Mahúgo –este a su vez, productor ejecutivo, en cuyo sello se ha editado el presente registro–. 

     Un libro-disco de gran calidad, con una edición muy cuidada y un contenido interesante y apto para todos los públicos –quizá demasiado–, que si bien se pone a la cabeza de todos los productos dedicados a la figura de El Greco en este año de efeméride –al menos como producto artístico-cultural completo–, bien podría haberse pulido con algunos detalles que lo hubieran convertido en el libro-disco de referencia absoluta que hubiera podido ser. No obstante, hay que felicitar a Javier Illán, la Editorial Cuarto Centenario y CMY Baroque por sacar al mercado un producto de calidad puramente español, que demuestra que todavía hay algunos que se preocupan por el patrimonio artístico español –en su acepción más amplia–, que se empeñan en hacer las cosas de la mejor manera posible –la calidad de las imágenes que aparecen es realmente apabullante–, confiando que este es el camino que dirige hacia el éxito entre el público. Ojalá así sea. 

Publicado en Doce Notas el 24-X-2014.

jueves, 23 de octubre de 2014

«La teatralidad...» | Crítica para Doce Notas del último disco de Ímpetus Madrid Baroque Ensemble

La teatralidad del clave
El conjunto madrileño celebra el «Año Rameau» grabando las únicas piezas camerísticas puramente instrumentales del genio de Dijon, en una versión digna de elogio.

Pièces de clavecín en concerts. Música de Jean-Philippe Rameau. Ímpetus Madrid Baroque Ensemble | Yago Mahúgo. CMY, 1 CD [CD-0003013], 2014. T.T.: 74:44.


  Curiosamente, las Pièces de clavecin en concerts, publicadas en 1741 por Jean-Philippe Rameau [1683-1764] llegan en el gran período de silencio del compositor, sufrido entre 1739 y 1744. Si bien compuestas probablemente al final de la década de 1730, la misma en la que Rameau comienza a legar a la historia de la música occidental algunas de sus grandes óperas: Hippolyte et Aricie [1733], Les Indes galantes [1735], Castor et Pollux [1737], Les Fêtes d’Hébé y  Dardanus [1739], se aprecia en ellas mucho de sus experimentaciones armónicas e incluso del manejo de lo dramático en la música fuera de lo vocal. Rameau compone, pues, cinco concerts que se dividen en diversos movimientos, tanto piezas de carácter, como herencia de la suite francesa. En ellos, al añadir instrumentos acompañantes a un clave que va más allá de ser un instrumento que realiza el bajo continuo –sino que es aquí concertante–, se le considera casi como el creador de un estilo y género nuevos. Sería así de no ser por que unos años antes, otro francés, Jean-Joseph Cassanéa de Mondonville, compone sus Sonates pour le clavecin avec accompagnament de violon [1734], dando la vuelta así al modelo italiano de sonata para instrumento/s solista/s acompañado/s de un bajo. De este modo, el clave se convierte en un instrumento protagonista, igual o más importante que el instrumento melódico de marras. Aun así, el mismo Rameau comenta la posibilidad, en su breve prefacio, de que las piezas puedan interpretarse con clave solo, llegando incluso a aportar en el texto algunas indicaciones sobre cómo adaptar las piezas para ser interpretadas a solo por el clave, e incluso dejando escritas cuatro de las piezas en versiones para el instrumento solista. 

  De cualquier manera, lo que hace diferentes a estas piezas es la inclusión de otras dos líneas instrumentales, en este caso la primera línea para violín o traverso, y la segunda para viola da gamba o un segundo violín –que requiere una parte por separado para ser interpretada. De este modo, si bien las partes del violín y la flauta sí podrían ser interpretadas al unísono, la de la viola y el segundo violín no podría llevarse a efecto así, al menos no con la edición comercial de 1741.

  El carácter de las piezas no puede ser más teatral, ni en cierto modo más descriptivo de lo que llevan por título en algunos casos, lo que supone una auténtica marca de la casa en la manera de escribir del genio de Dijon. Así nos encontramos con títulos de lugares –Le Vézinet–, personas –Le Livri, La Laborde, La Boucon, La Lapoplinière, La Rameau o La Marais– y caracteres –L’Agaçante, La Timide, La Pantomime o L’Indiscrète. La capacidad de Rameau para plasmar en música lo que las palabras parecen sugerir es realmente exquisita. Pocos compositores tienen esa capacidad tan absolutamente evocadora. 

  Si bien esta es una de las piezas más transitadas por los intérpretes historicistas –y los que no lo son– a lo largo de las últimas cuatro décadas, es realmente complejo encontrar a intérpretes españoles enrolados en su interpretación. Quizá porque la música de Rameau es tremendamente idiomática, muy francesa, pero a la vez muy personal –hasta con una cierta influencia italiana por momentos–, convirtiéndola en una obra que requiere de un profundo conocimiento del lenguaje francés y del suyo propio para poder acometerla con garantías. Todos los grandes las han grabado –desde que a principios de la década de 1970 el trío Leonhardt-Fryden-Harnoncourt «abriera la veda»–, pero no había hasta ahora –creemos– un registro integral de estas piezas por intérpretes íntegramente españoles.

 Debemos regocijarnos, pues, porque esto supone un salto cualitativo de importancia para el panorama de la música antigua española, entre otras cosas, porque las lecturas que nos ofrecen los miembros de Ímpetus Madrid Baroque Ensemble son de primer nivel. Y es que si alguien conoce bien el lenguaje del clave francés en España actualmente, ese no es otro que Yago Mahúgo, quien debe gran parte de este profundo conocimiento a su período formativo junto a uno de los grandes especialistas del mismo, el francés Christophe Rousset –lo que ya demostró sobradamente con su lectura de la música para clave de Pacrace Royer. Desde mi punto, lo mejor que puede decirse de una grabación de música francesa, así como de Rameau, es que suena precisamente francés y particularmente a Rameau. Parece una «perogrullada», pero no lo es en absoluto. Y no solo es que Mahúgo conozca muy bien los entresijos del repertorio, sino que sabe plasmarlos a la perfección en su interpretación. El carácter que Rameau imprime a sus composiciones es leído con naturalidad y eficacia por el clavecinista madrileño. Se acompaña para la ocasión de Pablo Gutiérrez al violín, que ofrece una visión límpida y preciosista de su línea, apoyado en el elegante y terso sonido de su anónimo italiano c. 1700; además de Jordi Comellas a la viola da gamba, que aporta el toque de color y el carácter, así como el sustento armónico conveniente, que estas piezas requieren, con fantástico resultado. El trío se aúna con feliz resultado para crear una versión exquisita, sutil, pero imponente, que poco tiene que envidiar a algunas de las grandes lecturas que la historia de la fonografía nos ha ido legando. Se completa el disco, además, con las piezas que el propio Rameau adaptó para clave solo, permitiendo así comprobar lo increíble de su visión tanto para el instrumento solista, como el conjunto de cámara, en un ejercicio maravilloso que no muchas de las grabaciones existentes suele proponer al oyente –por increíble que parezca. 

  Un tanto más para Mahúgo en su transitar por el barroco francés, y para su propio sello, CMY Baroque, que presenta aquí un diseño elegante y de calidad para redondear un disco de esencia francesa, pero a la española.

Publicado en Doce Notas el 11-IX-2014.

jueves, 6 de marzo de 2014

Un CD... [crítica, para Doce Notas, del primer álbum que inaugura el sello CMY Baroque]

Un CD de rodaje
Se presenta el nuevo sello del conjunto barroco madrileño Ímpetus, con una selección de algunos de los fragmentos más conocidos del repertorio barroco. 

Ímpetus Live! Obras de Luigi Boccherini, Johann Sebastian Bach, Antonio Vivaldi, Johann Pachelbel, Georg Friedrich Händel y Antonio Vivaldi. Ímpetus Madrid Baroque Ensemble – Yago Mahúgo. CMY Baroque [CD-0001011]. 2013. T.T.: 41:23.


  El nacimiento de un nuevo sello discográfico siempre es una noticia sobre la que hay que mostrar alegría. Y si además es un sello español y centrado en la música barroca, el regocijo, en nuestro caso, será mucho mayor. Este es el caso que nos ocupa en estas líneas, pues el registro discográfico que presentamos, tiene la doble función de presentar al conjunto Ímpetus Madrid Baroque Ensemble, así como al sello que albergará sus grabaciones, CMY Baroque.

 Grabado en directo en la Fundación Carlos de Amberes, durante un concierto en julio de 2012, presenta versiones de varias de las obras más reconocidas del panorama barroco a lo largo de la historia. Desfilan por él la Ritirata, extraída de su Musica notturna delle strade di Madrid, de Luigi Boccherini [1743-1805] –homenaje a la ciudad que es sed del conjunto, supongo–, para continuar con el Air de la Orchestersuite nº. III, de Johann Sebastian Bach [1685-1750].

  El bloque central lo constituyen sendos conciertos para instrumento solista. El primero en llegar es el Concerto per violino Op. III, nº. 9, en Re mayor, de Antonio Vivaldi [1768-1741], perteneciente a su L’Estro Armonico. Acto seguido llega el Concerto per clavicembalo en Fa menor, BWV 1056, de Johann Sebastian Bach.

 Un tercer bloque de breves piezas comienza con el Canon, del Canon und Gigue, en Re menor, compuesto por Johann Pachelbel [1653-1706], al que siguen dos arias operísticas: Da tempeste il legno infranto, extraída de Giulio Cesare [HWV 17] ópera compuesta por Georg Friedrich Händel [1685-1759]; y Agitata da due venti, perteneciente a la ópera de Vivaldi La Griselda [RV 718].

  Poco o nada puede decirse a estas alturas de la partitura de las piezas aquí registradas. Los autores están, salvo quizá Boccherini y Pachelbel, en el Olimpo de los grandes maestros de la historia de la música, ya no solo del Barroco, y la calidad de las obras que aquí aparecen está fuera de toda duda. Basta escuchar el segundo movimiento del concerto BWV 1056 o el Air de la suite BWV 1068, o cualquier de las dos arias de ópera, para comprender de lo que hablamos. Como carta de presentación la elección es buena en tanto a que es música que llega a todo tipo de público. Desde el punto de vista de alguien que tiene un conocimiento más profundo del repertorio, la cosa puede cambiar, como así sucede.

  Si un conjunto presenta un sello discográfico con un recital en el que se interpretan estas piezas, es porque se ve capaz de ofrecer algo, no ya peor o mejor, pero al menos sí diferente a lo que ya puede encontrar en el mercado discográfico. El clavecinista Yago Mahúgo y Ímpetus Madrid Baroque Ensemble presentan unas lecturas intimistas, en las que el concepto OVPP –One Voice Per Part– es el protagonista. Desde ese punto de vista, el disco aporte un cierto interés. El problema llega desde el punto de vista de la calidad interpretativa. Hay que tener una solvencia técnica y expresiva superlativa para acometer algunas de estas piezas siendo el único integrante de una línea. Aquí se pueden apreciar importantes problemas de afinación en algunos momentos, y las lecturas realmente no aportan prácticamente nada novedoso ni interesante desde el aspecto de vista expresivo y musical. Se juega considerablemente con el contraste, destacando en general un ambiente de tempi calmados durante toda la grabación. Ímpetus parece ser un conjunto de un carácter más bien comedido. El conjunto está formado por Pablo Gutiérrez [violín barroco I], Javier Illán [violín barroco II], Carlos Vizcaíno [viola barroca], Alejandro Marías [violoncello barroco], Michel Frechina [contrabajo barroco], el propio Yago Mahúgo [clave y dirección] y la participación de la mezzosoprano Angélica Mansilla, que se muestra realmente dotada ara la coloratura, aunque su timbre no sea todo lo bello que sus cualidades para la agilidad hicieran deseable. No obstante, los fuegos de artificio parecen hacerle pasar de puntillas sobre la música, cuando en realidad no estamos ante arias puramente pirotécnicas.

  Como digo, cabe alegrase por el nacimiento de este sello, pero deseamos que este comienzo sea únicamente una llamada de atención para todos los públicos con el fin de llegar a un público lo más extenso posible, y que a partir de ahora se decanten por aportar al terreno discográfico objetos de un calado más considerable y un contenido más ambicioso que el mero hecho de grabar algunos greatest hits –permítaseme la expresión– del Barroco europeo. Las condiciones en las que se creó el disco dan una idea clara de que el interés inicial no era tal, sino simplemente registrar un concierto privado para neófitos, que posteriormente terminó dando como resultado este primer álbum –aunque quizá no es la mejor manera de que un sello nazca, puesto a reflexionar. El conjunto tiene potencial, cuenta con intérpretes talentosos, pero un disco debe suponer un aporte mucho más allá que todo. El cuidado con la presentación y los contenidos debe ser casi tan importante como la propia interpretación. En este punto, el trabajo que le queda por delante a CMY Baroque es arduo, pero confiamos en que consideren que el camino tiene obstáculos, pero solo los que se arriesgan son capaces de saltarlos y seguir adelante con diligencia para llegar al éxito. Nos consta que hay interés y futuras grabaciones que presentan un interés más considerable, así pues, no nos queda más que desearles lo mejor para ese futuro.


Publicado en Doce Notas el 19-II-2014.