Mostrando entradas con la etiqueta John Taverner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta John Taverner. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de agosto de 2014

Cuarenta años... | Crítica del último disco de The Tallis Scholars, que obtiene el sello «Calidad Codalario»

Cuarenta años de excelencia
El conjunto británico celebra sus cuarenta años de carrera con un formidable disco que recoge una de las piezas más exquisitas de la polifonía europea del Renacimiento.

Missa Gloria tibi Trinitas. Obras de John Taverner. The Tallis Scholars | Peter Phillips. Gimell, 1 CD [CDGIM 045], 2013. T.T.: 79:03.


  Decir The Tallis Scholars es decir polifonía renacentista. Y es que a lo largo de estos cuarenta que ya llevan de carrera –pensemos el valor que supone para un grupo de estas características mantenerse durante tanto tiempo en la élite– su nivel de excelencia superlativa les ha llevado a lo más alto, a ser considerados como el máximo exponente a nivel mundial en la interpretación de la polifonía europea de los siglos XV y XVI. No hay prácticamente cantor de coro con un cierto dominio del panorama mundial que no conozca y admire la labor realizada por este conjunto y su director, Peter Phillips.

 Pues bien, el disco que tenemos entre manos salió al mercado el 4 de noviembre de 2013, coincidiendo justamente con la fecha en la que el conjunto dio su primer concierto allá por 1973. Y no podía ser de otra manera que con música inglesa, aquella que tantos oyentes han descubierto gracias a sus numerosos conciertos y grabaciones a lo largo y ancho del mundo. El propio Phillips justifica la elección de la Missa Gloria tibi Trinitas a 6, de John Taverner, de la siguiente manera: «la elegí para celebrar nuestro 40 aniversario porque creo que es una de las mejores composiciones que jamás se hayan escrito en Inglaterra –un perfecto embajador del repertorio que hemos hecho nuestro. También es espectacularmente difícil de cantar, pues requiere un altísimo grado de experiencia para su interpretación. Sentí que no había una pieza mejor para mostrar lo que The Tallis Scholars lleva cuarenta años haciendo en su dedicación a la polifonía: la suma del arte de Taverner así como la nuestra propia.» Resulta imposible explicarlo de una manera mejor.

  John Taverner [c. 1490-1545] es uno de los compositores más talentosos de la Inglaterra del XVI. Personaje curioso, cuyos aspectos biográficos han sido frecuentemente fuente de animados debates musicológicos –aún hoy no se acaban de poner de acuerdo en algunos aspectos. Su música destaca por un estilo melódico muy característico y una estructura muy particular y personal, que sentó las bases para varios de los compositores de las siguientes generaciones, pero que además hacen de su música algo realmente complejo a la hora de interpretarla.
     Como explica el propio Phillips, la Missa Gloria tibi trinitas a 6 es un auténtico tour de force en la interpretación de polifonía renacentista, merced al reto que sus líneas suponen a la hora de cantar las tesituras: sopranos [trebles y means] extremadamente agudas; líneas de alto con un registro amplísimo y no demasiado habitual en la época, tanto en el agudo como en el grave; tenores y bajos con una tesitura más habitual, pero que requieren de una capacidad especial para mantener el equilibrio y el balance adecuado con las otras voces que «sufren» más en su registro. Además, lo virtuosístico de su escritura es evidente en el uso de enormes melismas en los que la figuración es compleja y el uso de las intrincadas escalas está a la orden del día. Estructuralmente la misa resulta un dechado de frases extraordinariamente largas con un sentido unitario, lo que requiere de la compleja capacidad de acometer dichas frases con un sentido global, pero sin perder la esencia de los pequeños «motivos» internos de la misma y manteniendo el tactus en su punto justo. Esta misa, junto a su otra misa a 6, Missa Corona spinea, suponen la culminación de la misa celebrativa inglesa, destacando por su absoluto dominio en la habilidad contrapuntística, el inefable control del diseño extraordinariamente largo –incluso sin constar del Kyrie– y un desarrollo exquisito de la inventiva y la variedad en sus recursos. 

  Se añaden a la misa las composiciones que Taverner realizase sobre el texto del Magnificat. Se trata de tres piezas, a cuatro, cinco y seis partes respectivamente. En ellas se observa un estilo similar al que desarrolla en las antífonas votivas más extensas. En del de cuatro partes y en el de seis se observa un caso especialmente interesante en la música inglesa del período, por usar el canto precedente como cantus firmus en la propia pieza. Desgraciadamente, tanto en las piezas a cinco y seis partes faltan algunas partes: el Magnificat a 5 no consta de la parte de tenor II, y en el Magnificat a 6 sucede lo mismo con la parte de treble [soprano], por lo que se ha optado por reconstruir esas partes que faltaban utilizando otros fragmentos originales y otras fuentes que se conservaron de las obras. De este modo, Timothy Symons ha realizado dicha reconstrucción de una manera absolutamente ejemplar y razonablemente explicada y sustentada desde el punto de vista musicológico –una vista a sus ediciones así lo atestigua. En los tres se ponen en polifonía los versos impares, dejando los pares en el cantus planus original. Es probable que los tres Magnificat no fuesen concebidos de manera unitaria. Parece que el primero en ser compuesto pudo ser el de cinco partes, puesto que se basa en la técnica del fauxbourdon sobre un cantus planus y no usando directamente este canto preexistente sin alterar. En los de cuatro y seis, Taverner usa los tonos originales del salmo, con lo que garantiza que la melodía esté presente con mayor claridad, técnica que fue muy utilizada posteriormente. Todos ellos son realmente bien distintos en su carácter, lo que apoya la teoría de que no fuesen compuestos de manera unitaria: el de cuatro partes es más compacto, con un uso muy común del contrapunto imitativo –esto sugiere que su fecha de composición sea más tardía; mientras, el de cinco es el más reflexivo y calmo de todos, con el uso de una tesitura más grave y una longitud de frases mucho mayor; el de seis voces es el más brillante y parecido en cuanto a su plantilla y presentación a la Missa Gloria tibi Trinitas a 6, además de que su virtuosismo lo coloca en el punto de ser una de las piezas más audaces en este aspecto de cuántas se hayan creado en el Renacimiento. 

  La interpretación de The Tallis Scholars no puede ser más descriptiva de sus cuarenta años de incansable y encomiable labor. El sonido es marca de la casa, ese que se convirtió en el modelo a seguir por todos y que es reconocible como sonido British, esto es, absoluta brillantez y con un tono blanquecino en voces agudas; altos muy poderosos, mezclando contraltos y contratenores; tenores con un registro agudo bien definido, incisivo y elegante; bajos contundentes en el que el sonido puede contener un cierto toque «agresivo». Además se utilizan dos cantores por parte –aunque introduce la novedad en este registro de utilizar en algunas líneas a tres cantores, para resaltar aquellas partes que resultan más complejas, con el fin de que puedan escucharse con la misma claridad que las otras. Pura técnica, pero que en mi opinión no desmerece lo expresivo. Mucho se ha achacado a este conjunto que, en su perfección técnica, descuidan el aspecto emocional de la música. Escuchen este disco y comprobarán que no es en punto alguno así. La plantilla de cantores presentes en esta grabación es de las que impactan. Transitan por ello alguno de los mejores cantores de conjunto que puede haber en el mundo. Al tratarse de un disco para conmemorar toda una carrera se ha contado con la presencia de cantores que ya no forman parte del conjunto de manera estable, por lo que resulta un verdadero lujo poder escuchar juntos de nuevo a algunos de esos cantores a la par con los que actualmente son miembros estables del grupo. Creo que los lectores interesados merecen una lista de todos los que participan en esta grabación: Janet Coxwell, Amy Haworth, Amanda Morrison, Cecilia Osmond y Alice Gribbin [sopranos]; Caroline Trevor, David Gould, Patrick Craig, Kim Porter y Emma Ashby [altos]; George Pooley, Mark Dobell, Christopher Watson, Simon Wall, Nicholas Todd [tenores]; Stephen Charlesworth, Rob Macdonald, Robert Rice, Donald Greig y Tim Scott Whiteley [bajos].

  The Tallis Scholars no serían tal si no tuvieran al frente a Peter Phillips, que pasa por ser, indudablemente, uno de los mayores expertos en todo el mundo en la polifonía del Renacimiento. Todo en él es clarividencia, búsqueda de la perfección sonora y artística, de honrar como merecen a aquellos compositores que durante este período dedicaron su vida a componer tan extraordinaria música. Cuando uno conoce de cerca a Phillips –afortunadamente tengo ese honor– se da cuenta de que su pasión por esta música es desaforada, la cual contagia como pocos. Su vida está entregada desde hace cuarenta años a ella. La base del éxito es evidente: talento, trabajo, mucho trabajo,  y no cejar en la búsqueda de la excelencia constante. 

  Este disco de su sello Gimell no es solo un disco conmemorativo de un cuarenta aniversario. Es todo, es The Tallis Scholars y Peter Phillips en esencia. Todo lo que oímos es inigualable, insondable, indescriptible. Uno no puede evitar sentirse tan ínfimo ante un tridente tan bien avenido: Taverner-TTS-Peter Phillips consiguen lo que parecía imposible, superarse cuando esto ya no parecía creíble, lograr elevar su nivel de excelencia un punto más. No se puede decir más; todos los lectores deberían tener este disco.

 Publicado en Codalario el 08-VI-2014.

martes, 17 de diciembre de 2013

Salve... [crítica en Codalario del último disco de Stile Antico]

Salve Britania

Stile Antico nos presentan un homenaje absolutamente deslumbrante de algunas de las piezas más destacadas de la era Tudor.

The Phoenix Rising. Stile Antico. Harmonia Mundi, 2013. TT. 74’34. Obras de William Byrd, Thomas Tallis, Thomas Morley, Orlando Gibbons, Robert White y John Taverner.

 
  Tengo que admitirlo: me fascina Stile Antico. He seguido su carrera desde el comienzo, cuando allá por 2007 saliese al mercado su primer disco, titulado Music for Compline, en el que se grababan algunas de las piezas más bellas del repertorio polifónico inglés del Renacimiento. Por aquel entonces, la frescura y calidad interpretativa de unas voces, cuya media de edad rondaba los 22-23 años, me dejó absolutamente fascinado y atónito. Alguien fue lo suficientemente inteligente en Harmonia Mundi –Production USA– para darse cuenta de que estábamos ante un grupo que supondría el futuro en este tipo de repertorio. Sus pronósticos se cumplieron. Han ido paso a paso, trabajando duro, y los éxitos cosechados han sido innumerables. Premios, conciertos por doquier, giras internacionales, alabanzas de público y crítica. Una carrera sólida en apenas siete años.

  El volumen de grabaciones es, además, intenso. Salen a disco por año. Este que presentamos aquí –octavo en su discografía– corresponde a este 2013. Un título sugerente y evocador, The Phoenix Rising, y un epígrafe, The Carnegie UK Trust & the revival of Tudor church music, absolutamente clarificador, que esconden algunas de las verdaderas joyas de la corona de la producción polifónica que en la Inglaterra del XVI nos legaran algunos de los más grandes maestros. Pongámonos, no obstante, en antecedentes. El Carnegie United Kingdom Trust es una sociedad de beneficencia que se creó con el fin de atender ciertas necesidades que la población de Gran Bretaña e Irlanda tenía en su momento. Cumple este 2013 el centenario de su fundación y toma el nombre de quien lo ideó, el escocés Andrew Carnegie, uno de los mayores filántropos de los siglos XIX y XX en Gran Bretaña. Pues hete aquí que dicha sociedad trabajó para la difusión de la polifonía inglesa de una manera absolutamente fundamental. Llevó a cabo la publicación de la Tudor Church Music [TCM], una colección en diez volúmenes –editada y publicada entre 1922 y 1929– que recogía algunas de las piezas más destacadas de la producción polifónica británica del XVI. Estos diez volúmenes se acompañaron de unas ediciones individuales, que recibían el nombre de octavo, y que pretendían ser utilizadas por los diversos y excelentes coro británicos para su interpretación. A pesar de algunos problemas en sus comienzos, estas ediciones supusieron un auténtico éxito, al menos si nos paramos a pensar en las apabullantes cifras: la edición del Ave verum corpus a 4 de William Byrd –publicada en 1922– había vendido 16.629 copias tan solo en 1930. De esta manera, esta TCM propulsada por el Carnegie UK Trust supuso un avance sin precedentes en la difusión de esta música, a la que debemos gran parte de la pasión que hoy día genera. Es comprensible, pues, que Stile Antico rindan un sentido homenaje a dicha edición y fundación, pues ellos mismos –como otras tantos grupos británicos– no tendrían sentido sin la existencia de ambas.

  La piedra angular sobre la que se construye todo el disco en la Mass for five voices, de William Byrd [c. 1540-1623], que es, sin duda, una de las grandes misas de todo el Renacimiento europeo. En ella, al igual que en sus otras dos misas –como destacan algunos autores– podemos encontrar un homenaje de Byrd a las misas de John Taverner, en este caso concreto a la célebre Missa Gloria tibi trinitas. Resulta maravillosa la forma tan pictórica en que el maestro inglés trata las palabras del texto y el delicado balance que consigue en el tratamiento de las cinco voces, un juego de contraste entre momentos de pocas líneas con otros pasajes de potencia sonora en las cinco partes; un verdadero guiño al estilo «arcaizante» anterior a la Reforma. Maravillosos algunos momentos especialmente, como la impresionante cadencia final sobre el amen del Credo o el Agnus Dei en su totalidad. También de Byrd es su Ave verum corpus a 4, uno de los motetes más destacados e interpretados hoy día de todo el XVI europeo. De una belleza desgarradora, sabe poner en música el dolor de la cristianos ante la muerte de Cristo y la veneración por su figura, pero prestando especial atención a la figura de este como hijo de la Virgen María –lo cual supone un problema en cuanto al tratamiento de la intercesión de esta en la figura de Cristo, una de las diferencias básicas entre el Anglicanismo y el Catolicismo. Fascinantes algunos de los acordes sobre palabras destacadas como ave, corpus, Virgine…, y la repetición desde el miserere hasta el final de la pieza, para destacar, más si cabe, la figura de la Virgen como madre de Dios –recordemos que Byrd era un recusante convencido del Anglicanismo, y que a pesar de la situación en la que se encontraba el país en lo religioso, supo mantener su credo y hacerse con la benevolencia de Elizabeth I gracias a su inmenso talento como compositor.

  Thomas Tallis [c. 1505-1585] –maestro del anterior– aparece representado en dos ocasiones. Primeramente con su impresionante Salvator mundi [I] a 5, una pieza en la que se observa su maestría en el manejo de la imitación y su talento para la creación de melodías absolutamente deslumbrantes. Le sigue In ieunio et fletu a 5 –al igual que la otra pieza, publicada en su Cantiones, quae ab argumento sacrae vocantur de 1575–, en la que se detiene más en el elemento armónico, destacando especialmente las líneas más graves, de sonoridad potente y expresiva.

  Orlando Gibbons [1583-1625] también está representado con sendas piezas, ambas completamente en inglés –únicos ejemplos del disco–, perfectos ejemplos del tratamiento del género Anthem en este país. Almighty and everlasting God a 4 y O clap your hands together a 8 –esta última es una de las piezas más célebres de su autor, destacando especialmente por el  carácter rítmico que subraya el texto jubiloso.

  Otro de los compositores representados por partida doble es Robert White [c. 1538-1574], uno de los que más se ha puesto en valor en los últimos años. Del mismo se registran aquí las lecturas de Portio mea a 5 y su Christe qui lux es et dies a 5 [IV], ambas de una belleza melódica prodigiosa, representantes del estilo más sosegado y menos «virtuoso» en la escritura. En la primera de ellas destaca el contraste entre los momentos plenos de sonidos con otros en el que participan únicamente dos o tres de las partes. En la segunda, las partes de polifonía se contraponen a algunas partes de los versos en canto llano, como era habitual para este tipo de textos dedicados a las «completas».

  Thomas Morley [1557-1602] nos trae una pieza realmente singular: Nolo mortem peccatoris a 4, que tiende un puente entre el género sacro y el profano, con dos versos introductorios en latín, a los que le siguen cinco en lengua vernácula –a la manera de Anthem–, que apareció, de hecho, en una fuente de música profana.

  El encargado de cerrar el disco es nada que John Taverner [c. 1490-1545], otro de los grandes maestros del XVI en Gran Bretaña. Su O splendor gloriæ a 5 es un ejemplo del gusto de este compositor por las antífonas votivas y las piezas de larga duración. Maravilloso el manejo de las texturas, consigue crear un auténtico entramado polifónico de intrincada majestuosidad que contrasta con momentos de vacío armónico aparente, en el que el desarrollo polifónico es casi puramente horizontal.

  Las versiones de las jóvenes voces de Stile Antico son, en todo punto, referenciales. El carácter está siempre enfocado a destacar el aspecto más expresivo, no únicamente técnico; y el color, equilibrio y afinación son irreprochables. La perfección se roza en prácticamente la totalidad del registro. La inteligibilidad de las líneas es asombrosamente meridiana. Lo que más sorprende de la visión de estos catorce cantores es lo cálido de las mismas. Mucho se ha achacado a los ensembles británicos lo alejados que están en ocasiones del aspecto expresivo en aras de la perfección técnica y estilística. En Stile Antico tenemos esa técnica apabullante, pero también un sentido de cercanía, de espiritualidad terrenal, que parecen ofrecernos la mano a su paso.

  Todas las líneas son impecables, dignas de alabanza y auténticos ejemplos para cualquiera que se dedique a esto. Lo de las hermanas Ashby –Helen y Kate– es de asustar en la línea de sopranos –impecable el sonido en el registro agudo y la facilidad en la línea de canto–, que se completa con la exquisita voz de Rebecca Hickey. Las altos –una de las peculiaridades de este conjunto es que no utiliza contratenores– son siempre deslumbrantes y poderosas, conformando una cuerda compacta y firme –a las «históricas» Emma Ashby y Eleanor Harries se une el fichaje de Katie Schofield. Los tenores, ejemplo del sonido británico para esta cuerda, destacan por su bello timbre y el gusto para acometer los registros más agudos; siendo los culpables: Jim Clements, Andrew Griffiths y Benedict Hymas. La sonoridad de los bajos es también particular en este conjunto; los bajos británicos pueden resultar a veces poco elegantes, demasiado directos y potentes en la emisión, sin embargo, Will Dawes, Timothy Murphy y Matthew O’Donovan son siempre elegantes, buscando una vocalidad amable pero siempre presente, que mantiene la estructura de todo el conjunto.

  Ya lo dije en su momento, Stile Antico no tienen actualmente nada que envidiar a cualquiera de los grandes grupos del mundo especializados en polifonía renacentista. Están entre los primeros, logrando siempre la excelencia. Son el futuro, pero también el presente. Tienen la enorme ventaja de haber permanecido unidos desde el principio, de componer una estructura sólida, firme, inquebrantable, en las que apenas ha habido algún cambio desde su fundación. Y eso se nota, vaya si se nota.

  Se completa el disco con una bellísima presentación por parte del equipo de Harmonia Mundi, y unas interesantes, aunque escuetas, notas críticas, firmadas por Matthew O´Donovan, uno de los bajos del conjunto. 

  Ya fue uno de los «ocho esenciales de la música antigua» que en su día recomendé para el anuario de Codalario, así que no se pierdan este disco. No escucharán un sonido tan hermoso interpretado por cantores tan jóvenes en ninguna otra parte, al menos de momento.

Publicado en Codalario el 11-XII-2013.