jueves, 11 de septiembre de 2014

Arriaga de... | Crítica para Codalario del último disco de La Ritirata en el sello Glossa

Arriaga de premio
La Ritirata nos presenta un Arriaga camerístico reconstruido en búsqueda de sonoridades lo más cercanas a su creación y contexto.

The complete strings quartets. Obras de Juan Crisóstomo de Arriaga. La Ritirata. Glossa Music, 1 CD [GCD 923102], 2014. T.T.: 76:39.


  Estamos ante un registro brillante, no en vano ha sido premiado como «Mejor producto musical» en los Premios Codalario de la Música 2014 –cuya entrega se hará efectiva en una gala el próximo 11 de octubre en Madrid. El jurado, formado por el equipo de redacción de la revista –entre los que me encuentro–, decidió otorgar dicho galardón a este disco por diversas razones, las cuáles, obviamente, comparto punto por punto, y que a lo largo de la presenta crítica intentaremos ir desgranando.

  Y es que La Ritirata, con Josetxu Obregón a la cabeza –aunque aquí no se le haga constar como director– se han afanado en presentar en este álbum la integral de los tres cuartetos de cuerda que compusiera en su corta vida Juan Crisóstomo de Arriaga [1806-1826] de una manera novedosa en lo que a las otras grabaciones existentes se refiere. Si bien la obra de Arriaga –escasa, por razones obvias– no es excesivamente conocida en general, sí que destacan por su popularidad algunas de sus piezas, entre las que se encuentran estos cuartetos, que han sido grabados en numerosas ocasiones. No obstante esta grabación parece ser la primera realmente historicista, al menos en cuanto a que usa instrumentos originales o copias de estos –con sus correspondientes cuerdas de tripa–, puesto que la grabación del Quatour Mosaïques utiliza los instrumentos de Antonio Stradivari conservados en el Palacio Real, que a lo largo de los años han sufrido tantas transformaciones que mantienen ya muy poco de lo original en su construcción, que son tocados, además, con arcos modernos y cuerdas de metal. El conjunto vasco se ha empeñado en hacer de los detalles una garantía de calidad. Es por eso que los arcos son modelos de finales del XVIII, cercanos ya al modelo de François Tourte, pero un poco más ligero, teniendo incluso el privilegio de tener Hiro Kurosaki –el primer violín de la grabación– un arco original de este período, lo que resulta absolutamente impresionante, pues son muy pocos los originales que se conservan de los siglos XVII y XVIII. 

  Pero el uso del instrumentario original del período no es lo único que hace a esta grabación digna de poseer el calificativo de on period instruments –calificativo que hace extensiva la visión de una interpretación historicista y que se hace constar en la portada del disco–, puesto que los miembros de La Ritirata se han empeñado en utilizar para el estudio y grabación las fuentes primarias que se conservan de las partituras, esto es, el manuscrito original del Tema variado en cuarteto, Op. 17 –que se graba por primera vez en un registro discográfico no analógico–, así como la primera edición publicada en vida del autor de los tres cuartetos –la única obra que publicó–, que es la fuente prioritaria ante la pérdida del manuscrito original, además de una copia existente de dicho manuscrito con la que han podido detectar y eliminar alguna que otra errata que se encontraba en esa primera edición. Y por si esto no fuera poco, hasta el orden en el que se graban está basado en un criterio musicológico fundado, puesto que al abrigo de los últimos estudios La Ritirata defiende que el orden de los cuartetos no es exactamente el de su publicación, sino que se graba por ello primeramente el segundo cuarteto, seguido del primero y finalmente el tercero, orden que ellos consideran real –todos c. 1823. La consecución de la sonoridad de la época termina de redondearse con la colocación orgánica del propio cuarteto, distinta a la habitual ya avanzado el siglo XIX hasta la actualidad, puesto que se sigue el modelo heredado del Barroco que todavía se usaba en la época –en las veladas camerísticas–, disposición en cuasi círculo en la que los dos violines se encontraban enfrentados, mientras el violoncelo se situaba al lado del violín I sobre un estrado para situar su caja de resonancia a la misma altura que la del resto del cuarteto.

  Con todo ello se consigue una sonoridad singular, que gracias a una toma de sonido realmente delicada –realizada por Federico Prieto–, nos aporta una nueva visión de la música de cámara del XIX. Los violines suenan verdaderamente definidos de este modo, potenciando mucho la escritura de pregunta-respuesta o los juegos imitativos. El cello suena siempre presente en su justa medida, dejando todos lugar para la sonoridad de la viola, quizá el instrumento menos privilegiado en este tipo de escrituras y grabaciones. Es este, pues, un registrode detalles, de búsqueda, de colores y de descubrimientos. La limpidez de la interpretación es absoluta, consiguiendo una recepción acústica fascinante y novedosa

  La música de Arriaga debe quedar a estas alturas fuera de toda duda. En estos cuartetos hay Mozart, Haydn y hasta Beethoven –realmente interesante el estudio de Marie Winkelmüller sobre la recepción de su música en el Paris de Arriaga c. 1820 que se menciona en las notas críticas del disco–, y lo hay con una calidad a la altura de las producciones de los mejores compositores del momento. Con el orden de la grabación y especialmente con la inclusión del Tema variado Op. 17 –compuesto c. 1820– se observa la impresionante evolución sufrida por Arriaga en estos pocos años. Si bien es muy complejo hablar de etapas compositivas en la producción de un compositor de tan solo 20 años, si es bien cierto que su lenguaje no es el mismo entre sus cuartetos y ese Op. 17, aunque tan solo haya tres años de diferencia entre ellos.

  Los cuatro miembros de La Ritirata rutilan con esplendorosa luz: magníficos Hiro Kurosaki y Miren Zeberio a los violines, provocando y acentuando de manera absolutamente fluida el diálogo propuesto, como si se tratase de un camino paralelo, solventando con facilidad las a veces arduas líneas que Arriaga les depara. La viola de Daniel Lorenzo suena poderosa, consiguiendo extraer de ella un hermoso y cálido sonido, que complementa la escritura melódica y armónica por partes iguales con una solvencia magnífica. Josetxu Obregón, experimentado ya en aportar con su violoncelo el color necesario en este tipo de escrituras camerísticas, sigue demostrando que este lenguaje le va que «ni pintado», y tras su fantástico Luigi Boccherini, presenta un Arriaga sólido, carnoso, casi tangible.

  Un disco que se detiene en lo pequeño para hacer algo grande, pues solo así es posible llegar a la exquisitez y la excelencia. La Ritirata propone aquí un Arriaga a la altura de cualquiera de sus coetáneos, presentando un historicismo tardío que puede competir sin ningún tipo de prejuicios con el de cualquier agrupación a nivel mundial. Glossa, que vuelve a demostrar que tiene un olfato al alcance de muy pocos, ha sabido reunir todo lo necesario para conseguir producir un disco cercano a la perfección, en el que a la excelsa música e interpretación se unen una hermosa presentación y un contenido editorial a la altura del resto del producto. Un disco bien merecedor de este premio. Enhorabuena por ello. 

Publicado en Codalario el 05-VIII-2014.

martes, 9 de septiembre de 2014

Condensación... | Crítica para Codalario del disco que van Oort dedica al Op. V del «Bach de Londres»

Condensación estilística
Gran lectura del fortepianista holandés sobre el Op. V del menor de los Bach.

Six Sonatas Op. 5. Obras de Johann Christian Bach. Bart van Oort. Brilliant Classics, 1 CD [94634], 2013. T.T.: 56:01.


  Al menor de los hijos compositores del inmenso Johann Sebastian, Johann Christian Bach [1735-1782] –llamado «el Bach de Londres», por razones obvias–, le corresponde el honor –si es que puede verse así–, o más bien diríamos la ardua tarea de vivir en un período en que los cambios estilísticos en la música eran más que evidentes. Puede decirse que le tocó el, en este caso sí infausto honor, de cerrar musicalmente toda una la saga familiar de músicos más importantes que haya legado la historia, la cual se remontaba nada menos que dos siglos atrás –aunque tras de sí todavía quedó algún Bach dedicándose a la música, es posible decir que él puso el punto y final a esos doscientos años de música. Gran viajante, pasó años en Italia, pero sobre en London –gran parte de su vida– y Manhheim. Tras la desaparición de su padre, se trasladó a Thuringia para vivir y estudiar con su hermano mayor, Carl Philipp Emanuel, pero ya en 1755 se traslada a Italia –primeramente a Milano–, donde pasó una etapa formándose con Giovanni Battista Martini en Bologna –con el que aprendió un estilo barroco más cercano ya a eso que llamamos «Style Galant». Tras pasar unos años dando saltos de una ciudad a otra de Italia, termina, tras un breve paso por Alemania, por trasladarse a London, donde permaneció desde 1762 hasta 1782, ciudad en la que desarrolló una vigorosa carrera como operista, unida especialmente al King’s Theatre, además de concertística, ligada a la figura de Carl Friedrich Abel –el último gran violagambista– con quien creó los «Bach-Abel concerts». Tras un breve período en la ciudad alemana de Mannheim, famosa por su orquesta, Johan Christian regresa a London, donde vivirá hasta el último de sus días.

  El teclado está ligado indisolublemente a la figura del «Bach de Londres», del que era un auténtico virtuoso –nada extraño entre los Bach–, pero en su caso ya más centrado casi de manera exclusiva en el fortepiano, ese instrumento creado por Bartolomeo Cristofori circa 1700, que en este momento estaba ya empezando a desbancar de manera poderosa al clave de la escena. Aunque, como se sabe, la primera colección de sonatas escritas de manera estricta para el nuevo instrumento se debe al ignoto compositor Ludovico Giustini [Firenze, 1732]; sí el posible decir que Johann Christian fue el primer compositor en defender el fortepiano en concierto, además de que su colección Six Sonatas Op. 5 [London, 1766] –que precisamente se graba aquí– es la primera en la que aparece mencionada la posibilidad de interpretarse tanto al fortepiano como al clave.

  En estas Six Sonatas Op. 5 encontramos un clarísimo ejemplo de su profunda capacidad para conjugar una diversidad estilística considerable, desde las melodías de carácter «cantábile» al más puro «Style Galant», pasando por el uso de fugas o danzas de claro corte barroquizante. Como desgrana Sylvia Berry, autora de las notas críticas, en la Sonata nº. 1 en Si bemol mayor observamos una interesante estructura en tan solo dos movimientos, el primero de ellos basado en la fórmula de la «forma sonata», mientras que el segundo es un Minuetto, ambos construidos sobre una escritura relativamente sencilla que al parecer hizo que fuese muy interpretada por los pianistas con ciertas dotes de la sociedad londinense. En la Sonata nº. 2 en Re mayor –que junto a las nºs. 3 y 4 el mismísimo Mozart arreglara en forma de conciertos para ser tocados por él mismo–, ya en tres movimientos, se puede atisbar una textura ciertamente «sinfónica» en su primer movimiento –lo que hizo más sencillo el trasvase a concierto para Mozart–, mientras que el segundo movimiento es un Andante di molto en el que se aprecia la capacidad lírica del autor, con gran cercanía a la forma del aria. De nuevo el tercer movimiento es un Minuetto con articulaciones muy marcadas en claro contraste con la sección central. La Sonata nº. 3 en Sol mayor, de nuevo en dos movimientos, en el que destaca el primero [Allegro] por sus continuos y marcados contrastes rítmicos, al que sigue un Allegretto de amable línea, que esconde la forma del tema con variaciones. De nuevo en dos movimientos se presenta la Sonata nº. 4 en Mi bemol mayor; el primero de ello desarrollado sobre una potente energía que subyace en la melodía, con un desarrollo más largo en este primer movimiento que en los precedentes, con el uso más «serio» del relativo menor en uno de sus pasajes; le sigue un segundo movimiento, que no es sino un Rondeaux: Allegretto de color mucho más clásico, en el que se explora una sonoridad más «romántica», habitualmente ligada afínales del XVIII a esta tonalidad. La Sonata nº. 5 en Mi mayor es la única de la colección que presenta una estructura más habitual en tres movimientos rápido-lento-rápido, pues aunque también termina con un Minuetto –como la 2–, se señala en la partitura como Prestissimo, lo que consigue marcar la diferencia entre ambas; destacan esos movimientos extremos por lo virtuosístico de su escritura, que contrastan absolutamente con el Adagio central, magnífico ejemplo de las posibilidades expresivas de escritura de Johann Christian –realmente se trata de un movimiento precioso–, pero también técnicas, con el audaz uso de terceras y sextas paralelas en la mano izquierda, que sotienen los recurrentes y delicados trinos de la derecha. Para la última pieza, Sonata nº. 6 en Do menor, se reserva el maestro el único uso de una tonalidad menor en toda la colección, así como la mayor variedad formal y de carácter de las seis sonatas; comienzo con un gran movimiento lento [Grave] que termina sobre una cadencia en dominante, para dar paso a un Allegro moderato que esconde en realidad una fuga al más puro estilo barroco –posible homenaje al lenguaje de su padre–, para terminar con un Allegretto, que es en realidad un «tempo de Gavotta» en el que se observa una clara influencia de la escuela clavecinística francesa.

  Las lecturas que nos ofrece Bart van Oort son, como es habitual en él, de primer nivel. El fortepianista holandés, formado durante años con los mejores maestros, lleva a sus espaldas de1cenas de grabaciones de este repertorio, erigiéndose, sin duda alguna, como uno de los grandes intérpretes que hay a día de hoy en el panorama mundial. Todo en su versión resulta clarividente, natural, fluido, lógico. La esencia de la música de Johann Christian está constantemente ahí, subyace en cada compás. La solvencia técnica se da por supuesta –quizá un error común–, pero en este caso es apabullante. Sin ser la escritura más enrevesada de la historia, algunas de estas sonatas presentes escollos importantes para el intérprete, pero estos son siempre esquivados con la mayor y aparente facilidad que se puedan imaginar. Además, van Oort destaca por remarcar de manera muy inteligente las elegantes  y hermosas melodías, dando el punto justo al acompañamiento que Johann Christian proporciona a la mano izquierda.

  Un disco realmente amable, con música de calibre considerable y una interpretación fabulosa. No dejen de adquirirlo, que es Brilliant

Publicado en Codalario el 21-VI-2014.