sábado, 15 de junio de 2013

The Choir Project al día [15-VI-2013]

Giovanni Giorgi [?-c. 1762]: Ave Maria à 4.
Choeur de Chambre de Namur, Ensemble Clematis & Cappella Mediterranea - Leonardo García Alarcón.
Another pleasant surprise.


  We have very few biographical data about this composer. In "The New Grove. Dictotinaty of Music and Musicians" we can find this:
"(b 1st half of 18th century; d June 1762). Italian composer and priest. He is said to have come from Venice. In September 1719 he succeeded G.O. Pitoni as maestro di cappella of S Giovanni Laterano, Rome. He had a high reputation for his superior musical abilities. In January 1725 he went as mestre de capela to the court at Lisbon.

  Giorgi's early work was done chiefly in Rome. He completed a stylistic transition from the high Baroque to the pre-Classical in his works up to about 1758, which were long assumed lost. Giorgi drew together the various stylistic tendencies of the Roman School, to the point of using short instrumental overtures, whereby precedence is given to individual expression rather than liturgical function. The 16-part Missa ‘Servite Domino’, on the other hand, still bears the marks of Benevoli's style."

  The presentation notes of this album says:
"This recording is devoted to the works of a composer about whom we know practically nothing — meither his date of birth nor even his origins. All that we do know is that Giorgi held the position of maestro di cappella in San Giovanni Laterano in Rome in 1719 and that he ended his career in Lisbon, dying there in 1762. The discovery of his music was a life-changing experience for the young Argentine conductor Leonardo Garcia-Alarcon, music director of Clematis and the Cappella Mediterranea and now also of the Choeur de Chambre de Namur.Giorgi’s music contains many characteristic traits of Renaissance polyphony such as the use of the polychoral style as well as madrigalesque effects, although these older techniques are nonetheless put at the service of a new style of richly imaginative music with new harmonic colours. A concertante Mass with soloists and instrumental accompaniment forms the centrepiece of this recording, although several motets from Giorgi’s immense body of work are also included; one of these is the deeply moving Ave Maria that also provides the CD with its title."

  When I heard this piece for the first time I thought: wow, its really amazing. I knew nothing about this composer and I started looking for something about it. When I read some data, I was absolutely suprprised, because I never would have suspected that he lived in the eighteenth century. For me his style on this piece is clearly "stile antico", very renaissance -late Renaissance, of course- in the treatment of lines, voices, melodies, imitation -the fugue character is Baroque, obviously-, counterpoint... This composer is really interesting and this piece is fantastic, very impressive and exciting.

  This album is the first devoted entirely to Giorgi. This is an amazing recording. The music is absolutely surprising and very good, and the performers are fantactic here. Great job, specailly, by the excelent Choeur de Chambre de Namur: fantastci pithc, balance, sonority and expressiveness.


miércoles, 12 de junio de 2013

Entrevista a Aarón Zapico [para Codalario]

  Aarón Zapico forma parte del claustro de profesores de la Escuela Internacional de Música de la Fundación Príncipe de Asturias. Profesor de clave en el Conservatorio Superio de Música de Asturias y director musical de Forma Antiqva, Zapico nos recibe en su despacho del CONSMUPA, junto a dos hermosos claves, para hablarnos de su vertiente docente, de su visión de la educación musical y de cómo será la próxima edición del Festival de Música Antigua de Gijón, que dirige desde el año pasado.
 
 
¿Cómo ve la inclusión del repertorio barroco en el curso de verano de la Fundación Príncipe?
Realmente muy bien, porque es una escuela que está enfocada, en todos sus años de existencia -que son unos cuántos-, al repertorio moderno, digamos más clásico, un poco más sinfónico. El año pasado se les planteó la posibilidad de ir introduciendo la música antigua paulatinamente y lo acogieron con mucho interés. Para mí es un orgullo y un motivo de satisfacción comenzar a dar clase allí, rodeado de los compañeros que tengo. Es un poco extraño, porque el repertorio barroco es una especie de isla. Esperemos que vaya creciendo, teniendo otros instrumentos y creando un pequeño departamento.

¿Para cuándo el clave?
Quizá no sea el clave el instrumento más esencial, pues ya está sobradamente representado en los conservatorios, y por ello  no haya tanta necesidad de hacer un curso de verano dedicado a este instrumento. Puede ser más interesante buscar el violín barroco, viola barroca o cuarteto preclásico, instrumentos de uso más excepcional que resulten más difíciles de obtener en otros lugares.

¿Cuál va a ser su enfoque en estas clases?
Realmente lo que nos interesa es captar alumnos, por lo que tampoco podemos ponernos especialmente "exquisitos". Está abierto tanto a instrumentos modernos como históricos, y prácticamente a cualquier tipo de agrupación: desde el dúo de voz y continuo hasta la pequeña orquesta barroca. Intentaré que los alumnos que lleguen sean distribuidos de la mejor manera posible -si es que no me viene distribuido ya-, puesto que en la música barroca tiene cabida casi cualquier tipo de combinación, de agrupación posible.
 
En cuanto a su experiencia como docente en el CONSMUPA, ¿cómo valora los años que lleva en esta casa?
Como profesor de clave, tengo que decir que todos mis alumnos son muy responsables. Realmente es un placer darles clase. Como docente de un conservatorio tengo esperanzas de que los planes de estudios puedan ir mejorando. Creo que se perdió un poco por el camino el tiempo de estudio para los alumnos. En mi plan de piano del 66 tengo el recuerdo, y lo hablo con mis compañeros, de que realmente podíamos estudiar más. Ahora hay, creo, demasiadas asignaturas, demasiado humanismo en el conservatorio, cuando el alumno debería tener tiempo para dedicarle seis o siete horas diarias al instrumento. Actualmente están dedicando unas cuatro o cinco horas, y aunque no es insuficiente, tampoco demasiado. Parto de la base de que hay una edad para desarrollar técnicamente todo el potencial en el instrumento, que va desde los 18 a los 22 o 22 años, que es, más o menos, el grado superior. Todas las asignaturas son susceptibles de ser muy interesantes: la Roma en la época de Corelli, un estudio sobre el estreno de La consagración de la primavera... Todo, pero quizá esa pueda estudiarse o leerse posteriormente, o se pueda hacer un trabajo más con encuentros en vez de con asignaturas semana tras semana. Tenemos que fijarnos más en los grandes conservatorios europeos, en los que prima más el estudio del instrumento que el cultivo personal y del contexto socio-cultural existente.

¿Echa de menos el ambiente musical de los conservatorios europeos? ¿Observa muchaS diferencias con los españoles?
Sí, hay diferencias, porque, primero y como base, la gente aprecia más la cultura que aquí. Y la música no es como en España, donde todavía la gente piensa que es un pasatiempo, como un estudio pasajero e insuficiente -se echa las manos a la cabeza y ríe-. Echo de menos el sentirse querido y sentir que se valora la importancia de lo que supone la música. El otro día viendo Salvados, me sorprendió comprobar cómo en Finlandia la profesión más valorada es la de maestro, lo cual es alucinante. No pretendo que la profesión de maestro de clave sea la más importante de un estado, pero sí que vean que realmente los profesores de música y de educación artística tenemos la capacidad de cambiar a la gente, la capacidad de moldear a una personas y, como decía un profesor mío -Emilio Moreno-, de "desasnarlos", de desviar todos esos estímulos nocivos que recibimos cada poco y cultivar a la persona. Echo de menos, por tanto, la importancia de la cultura, más que el que haya una orquesta muy buena o un conservatorio con unas instalaciones estupendas, cosas importantes, por supuesto, pero que son satélites de lo que es realmente importante, el creer de una vez por todas que la cultura es casi, casi, lo más importante que tenemos.
 
¿Considera que el nivel e interés de los alumnos de clave en Asturias es alto?
Desde luego. Actualmente tengo dos alumnos en el grado superior y cuatro en el medio. Puede parecer poco, pero realmente es una cifra muy interesante para los tres años que llevo aquí. El clave es un instrumento que está un poco aislado, porque no hay otros instrumentos de música antigua a su alrededor, a excepción del órgano. Es evidente que si yo tuviera un departamento más grande todo sería mucho más fácil, pero estamos empezando a construir una escuela de clave en el conservatorio, lo que lleva su tiempo. Yo estoy muy contento, no lo suficientemente contento para echarme a dormir, pero sí para seguir trabajando, enseñando clave en los conservatorios, hablar de que es una posibilidad de trabajo muy real y también como un complemento muy interesante para los pianistas, porque se trabaja muchos factores que en el piano quedan, no descuidados, pero que no se trabajan tan exhaustivamente como en este instrumento.

Ya sabemos que el repertorio de Renacimiento y Barroco en España es casi una anécdota. ¿Cree que en Asturias se están dando los pasos adecuados de cara a formar alumnos en instrumentos históricos, preocuparse por el patrimonio...?
Es el gran problema, que pasa también con Forma Antiqva o con mi carrera: elegimos mal momento para despegar. Está todo tan cogido con pinzas que, yo entiendo, ¿cómo voy a ir a reunirme con el director del conservatorio y decirle que necesitamos violín barroco, viola da gamba, traverso barroco, oboe barroco...? Es posible que se desmaye allí mismo. Casi no hay dinero para pagar a los profesores que hay actualmente, como para crear nuevos puestos o intentar hacer una joven orquesta barroca en Asturias. La situación es muy, muy delicada y precaria. Tenemos que intentar sobrevivir, pero a la vez dar pequeños pasos hacia delante, no quedar estancados. Soy consciente de ello y en ello trabajo; no en sobrevivir, porque sería casi matar la especialidad, pero sí en dar pasos muy pequeños que nos llevan hacia delante. Se nos debería haber ocurrido nacer hace treinta años. Todo hubiese sido mucho más fácil (ríe).

¿Qué le pide a uno de sus alumnos de clave cuando le enseña? ¿Considera algunas condiciones especialmente necesarias?
Para mí la base de cualquier tipo de interpretación es no tocar por tocar nunca. Eso no es tocar. Esta frase -que encima es bonita- es la base indudablemente. El aprendizaje del fundamento técnico es fácil y alcanzable. Es un aprendizaje físico, ante el que uno puede tener peores o mejores aptitudes, pero realmente es fácilmente alcanzable. ¿Pero dónde está el arte, la sensibilidad, el poder expresar o comunicar algo? Ese el punto difícil y donde realmente los profesores -sobre todo en el grado superior- debemos trabajar para intentar cultivar al alumno. Intento que los alumnos desarrollen una capacidad creativa, de imaginación, de autocuestión continua, que para mí es lo más importante, independientemente de que toquen más o menos rápido, esta o aquella obra. Esto fue lo que hicieron conmigo en Holanda y yo intento hacer lo mismo. Que tengas una facilidad tremenda para elegir repertorio, que escuchen mucha música, que tengan un bagaje técnico monumental, pero a la vez una capacidad de estar continuamente "bullendo" en su cabeza. Sencillamente aplico lo que hago en la vida real, no escondo ningún secreto para que sean peores clavecinistas que yo. Darles, con mi poca o mucha experiencia, lo que sé que vale. Por eso, sí que me gustaría añadir, es importantísimo que los profesores de instrumentos tengan activo. Ahora se cuestiona mucho si un profesor debe o no tener una actividad concertística; para mí es algo que no debería tener discusión. Es inconcebible que un profesor, tanto de grado medio como grado superior, no tenga una actividad concertística. No hablamos de un concierto por semana, pero sí de estar en activo, ser partícipe de la vida musical. Si no, para el alumno hay muchas cuestiones, muchas preguntas sin respuesta que no les puedes enseñar.
 
Este aspecto sí es muy marcado en su caso. ¿Desde Oviedo le facilitan esta labor?
Sí, no tengo ninguna queja en este aspecto. Es solo que siempre hay esa cosa de que los maestros trabajamos poco, que tenemos muchas vacaciones. Esa losa que tenemos siempre encima de la cabeza. ¡Claro que habrá maestros que se tomen la vida de otra manera!, pero mi mujer es maestra en un colegio y su ilusión por renovarse, por trabajar y enseñar es realmente loable. Personalmente, si no estoy dando clase, posiblemente esté estudiando, y si no, posiblemente esté de viaje para ir a tocar en un concierto. Los conservatorios no solo no deberían prohibir o lamentar que los profesores tocaran, sino que lo deberían premiar. Al final los alumnos están realmente encantados con esto. En mi etapa en Murcia -con alumnos de ocho y nueve años-, los estudiantes se interesaban mucho por dónde iba a tocar y estaban realmente contentos por tener un profesor así. Siempre con un límite y un sentido común en cuanto a horarios y demás que creo todos tenemos.

Pasemos a hablar ya de Forma Antiqva. ¿Están satisfechos con la acogida que han tenido sus personalísimas "4 Estaciones" en Oviedo?
Estoy realmente satisfecho por tres motivos, que creo son importantes: primero por la reacción del público, porque yo noté que ya antes de empezar a tocar la gente nos quería. Lo noto es muchos sitios y en Oviedo lo noté, siendo esto algo que realmente me alegra; segundo, porque cuando eres responsable de una orquesta de esa magnitud, en la que hay gente que es realmente "lo más de lo más", y al finalizar vienen a decirte que ha sido uno de los mejores conciertos de su vida, por la energía que había, de la empatía, del respirar todos a la vez, de esos ensayos tan intensos... Desde luego es una cosa impresionante; tercero, por mi familia. A mi mujer le gustó muchísimo -vino completamente emocionada al camerino; y saber que todas las veces que te vas de casa, las veces que madrugas, las que no puedes disfrutar de tu hija, tu madre, tu familia..., poder pagárselo de alguna manera, poder devolvérselo, para mí es importantísimo. Independiente de que luego haya gente que se fuera antes de las estaciones. Con Forma Antiqva puedes decir: me gusta, es excesivo, no es excesivo..., pero la honestidad que entregamos en el escenario es total. ¡Quedamos vacíos! Yo tardo dos días en recuperarme de un concierto de Forma Antiqva. Es algo que tenemos asumido, no hay ninguna reserva. No hay una interpretación de empezamos y acabamos, sino que cada dos compases hay una trampa y se nota que eso está ensayado, mucho. Son horas y horas de ensayo. Estuve un año trabajando con la partitura antes de empezar a tocarla. Creo que al final la gente, aunque quizá no lo comprendan todo, realmente lo aprecia. Para mí fue uno de mis mejores conciertos. Acabamos encantadísimos, pero realmente destrozados.

Forma Antiqva es conjunto residente del Auditorio Príncipe Felipe. ¿Están contentos con la querencia que se muestra por parte del ayuntamiento?
Absolutamente. Nos sentimos muy queridos. Poder ensayar y  presentar nuestros proyectos en el auditorio -como la próxima temporada la "Pasión según San Juan" con El León de Oro- es un sueño hecho realidad. Desde el ayuntamiento, la Consejería de Cultura y el propio auditorio se vuelcan con nosotros.
 
Es realmente interesante que el conjunto residente sea un conjunto de música antigua.
Sí, si realmente alguien de fuera ve la programación cultural en Oviedo pensaría ¡están locos! Con la que está cayendo no solo no recortan, sino que aumentan la partida de cultura. ¡Eso es! Eso es lo que hay que hacer. Una persona que haya estudiado alguna disciplina artística desde pequeño, parece difícil que pueda ser una mala persona. Siempre hay excepciones, pero el desarrollo de la sensibilidad y el cultivo de su cultura la forman como persona. Ahí está la clave.

Acaban de grabar vuestro último disco, Opera Zapico. ¿Qué puede decirnos acerca del mismo?
Creo que va a estar muy bien, porque es un disco que nos llevó muchísimo trabajo, pero que funcionó desde el primer momento. Cuando haces una transcripción y un arreglo para uno o muchos instrumentos, si no funciona ya desde un primer momento, si no hay una naturalidad desde el comienzo, es muy difícil que termine por funcionar. Cuando lo estábamos probando nos dimos cuenta de que funcionaba solo. Es música tan absolutamente genial, que da igual cómo lo toques o con qué instrumentos, que realmente funciona increíblemente, desde el Don Giovanni mozartiano hasta el L'Orfeo de Monteverdi... pero hablamos de una música, que es "la música". La tímbrica y todas las combinaciones de archilaúd, clave, tiorba, órgano, guitarra barroca... son muy interesantes y le dan un nuevo color a la música. Además, las colaboraciones que hemos tenido ayudan a crear un producto muy exclusivo: el tener para una pista un coro como El León de Oro, para otras a un violagambista como François Jubert, a Alejandro Villar, Lluis Coll, David Mayoral... Pequeñas joyas, delicatessen. Un privilegio.

¿Cómo valora su colaboración con el sello Winter & Winter?
En toda colaboración artística hay pequeños roces, pero es algo que no pasa de anecdótico. Estamos inmersos en una cuesta abajo terrible, en la que ya no hay revistas. El cierre de Diverdi es el último y gran mazazo. La gente no consume. Pero estamos muy contentos. Tenemos un ritmo de trabajo estupendo, de un disco al año, más o menos, que es lo que nos lleva la preparación del cada disco. Y el grabar con ellos es algo que va como la seda. Es un lujo, otro lujo. Y la proyección internacional es algo realmente muy importante. Por supuesto, no puede compararse a los mainstream de EMI o Virgin, que mueven miles de euros, pero cualquier disco de Winter & Winter se encuentra en cualquier lugar del mundo, lo cual es muy, muy importante.

¿Cómo se presenta el futuro a corto plazo?
La industria y el mercado han cambiado muchísimo, porque ahora se cierra todo con muy poca antelación, al igual que hay muchos menos conciertos que hace cuatro o cinco años. Aún así, las perspectivas, el trabajo, la cimentación y la respuesta de la gente siguen siendo muy buenos. Para eso estamos trabajando, no para ahora, si no para desarrollar una proyección que dure. No es flor de un día.

¿Cuál es su punto de vista acerca de la programación para la temporada que viene del CNDM, en la que se ha apostado fuerte por conjuntos españoles?
Actualmente el Centro Nacional de Difusión Musical es el refugio donde podemos tocar. Creo que está muy bien pensado y articulado el poder tocar y a la vez dar charlas en la universidad o en el conservatorio. Involucrar a estos estamentos y tejer hermanamientos con todo el mundo es algo esencial. Cuanto más tejido tengas más difícil será que puedas caer. Solo espero que el CNDM pueda tener una continuidad, y no suceda como en ciertos festivales que empezaron muy fuerte y han ido cayendo en picado en el número de conciertos. Solo pido que dure.
 
El Festival de Música Antigua de Gijón -que se celebra el próximo julio- lleva ya varias ediciones apostando por la música española. ¿Cómo valora la andadura a lo largo de estos años?
Mi apuesta es realmente casi como un modelo francés o inglés: hasta que no acabe la nómina de grupos españoles válidos para tocar en el festival, no voy a llamar a ningún grupo extranjero. Creo que en España se hace música antigua de una calidad claramente exportable en cualquier parte del mundo. La Tempestad puede hacer Haydn y Mozart al nivel de cualquier grupo europeo, Hippocampus puede hacer Bach como el mejor. Para mí es un orgullo. Y son colegas, porque con muchos tocas, has tocado, o incluso algunos te han dado clase, lo que para mí supone un placer el poder mostrar estos productos en Gijón.

Para esta próxima edición tenemos el segundo año del curso, varios conciertos, los cursos de formación... Una programación muy alentadora. ¿Cree que el público gijonés y asturiano responde bien a la música antigua?
La gente no es tonta. Parece que siempre tenemos la letanía esa de a la gente eso no le va a gustar. Pero el público distingue perfectamente; al igual que pueden distinguir un jamón serrano bueno de uno malo, distinguen entre un concierto malo de una bueno, porque no se aburren, o no tosen. En la música antigua a veces corremos el riesgo de que se presenten programas en los que puede contemplarse solo la parte musicológica, de recuperación, o un poco a mayor gloria del director o el recuperador de ese programa, que hace que a veces nos encontremos con cosas un poco fuera de contexto y música algo dura de oír. Pero en general, la música antigua se parece tanto a la música de calidad moderna que podemos escuchar, tipo pop, rock o Jazz, que entra muy bien. Lo tengo comprobado, los conciertos siempre gustan; más o menos,  las condiciones acústicas pueden ser peores o mejores, pero siempre gustan. Tampoco tenemos los problemas que puede tener la música contemporánea, que necesita de una preparación y de una introducción. En la música antigua uno es predecible, y en eso también radica su encanto: en esa frescura, en ese momento de la interpretación.
 
Le veo muy informado sobre lo que sucede en el panorama de la música clásica, ya no solo en la música antigua. ¿Considera que un intérprete de música antigua también debe conocer el contexto musical que le rodea?
Evidentemente. Sucede que estamos en un período de tan absoluta especialización, contando con que el tiempo es muy limitado, que se está exigiendo todavía una mayor especialización. Así están surgiendo en las orquestas las figuras de los directores especialistas, que están formados de otra manera. Estamos todavía aprendiendo a convivir con ello. Tenemos ahora un panorama en el que está el gran maestro -Celibidache-, el maestro joven -Dudamel, Heras-Casado- que irrumpe con la fuerza de un volcán, y luego a los directores historicistas, que igual tienen otro tipo de preparación, pero que son capaces de sacar a la orquesta el color o la interpretación necesarios. La figura del director es la del catalizador de los talentos que hay una orquesta, y el cómo lo saque me parece algo secundario. Este tiene que estar en contacto y ser partícipe de la vida musical que hay, no solo estar enclaustrado en su mundo del XVIII, XVII o XVI, sino ver lo que se está haciendo. Es fundamental escuchar otro tipo de música, investigar otros tipos de direcciones, interpretaciones o colores. Intento ser una esponja el tiempo que tengo. Personalmente miro aquí, miro allá, escucho esto y lo otro, cojo esto de aquí y lo otro de allá... Estoy seguro de que algo, consciente o inconsciente, se puede sacar de todo lo que se escucha. Hay que partir, además, de la base de que la música del XVIII nunca jamás se podrá tocar como se tocaba. Asumo que no quiero ni puedo hacer un papel de recreación de esa música, sino un papel de creación. Resulta imposible, porque no tenemos ni el público que escuchaba en la época. Es una polémica ridícula, que hay que alimentarla de vez en cuando porque si no nos aburriríamos. Intento que todo lo que es Aarón Zapico, de escuchar, de vivir, de haber pasado... sea esa interpretación. Creo que es lo que distingue a unos grupos de otros. 
 
Publicado en Codalario el 09-VI-2013

sábado, 8 de junio de 2013

The Choir Project al día [08-VI-2013]

Andreas de Silva [c. 1474/1480-c. 1540?]: Nigra sum sed formosa à 5.
The Song Company - Roland Peelman.
The incredible talent of the "minor" composers.


  In The New Grove. Dictionary of Music and Musicians we find following about de Silva:
"(b c1475–80). Singer and composer. His nationality is uncertain, but some aspects of his style suggest Spanish origin and early musical training in French court circles and later in northern Italy. He is not to be confused with Andreas Silvanus (also known as Andreas Waldner), the ‘good friend’ referred to by Virdung in Musica getutscht (1511). In 1513 de Silva wrote the motet Gaude felix Florentia on the occasion of the election of Pope Leo X. He joined the large circle of musicians retained by Leo in Rome: in 1519 and 1520 he was recorded as ‘cantor et compositor’ of the papal chapel and as ‘cantor secretus’ of the pope’s private chapel. He probably stayed in Rome until shortly before the recorded payment from the Duke of Mantua in December 1522; extant sources suggest that he was still alive and in Italy at the end of the decade.

  De Silva was held in extremely high regard, particularly while under the patronage of the pope and the Medici family. As late as 1567 Cosimo Bartoli, in his Ragionamenti accademici, described the composer as one of Josquin's successors ‘who taught the world how music should be written’. Five of De Silva's motets were the basis for parody masses by Arcadelt, Francesco Cellavenia, Lupus Italus and Palestrina. His main creative period appears to lie between 1510 and 1530. With Carpentras, Verdelot, Divitis, Févin, Bruhier, Costanzo Festa and Stoltzer, he belongs to the generation that formed the historical link between the French development of the late 15th-century Netherlands style typified by Josquin and Mouton, and the more modern school around Willaert, Morales and Gombert. Within this intervening group De Silva emerges as an original composer who adapted many local stylistic influences. His masses are distinctive to some extent for their undoctrinaire handling of both established and newer techniques. The masses on the antiphons Angelus ad pastores ait and Tu es pastor ovium (composed for Leo X or Clemens VII) are of the standard cantus firmus type; the Missa La mi sol fa mi, constructed on a solmization subject, is also representative of a traditional technical model. With the exception of the Missa Tu es pastor ovium, all De Silva's other masses use many chanson melodies and melodic fragments, often subjected to increasingly elaborate variation. In nearly all his compositions the technical aspect is overlaid by a notable feeling for sonority and sensitive treatment of the text. His compositional style is characterized by a fairly straightforward structure in which a simple, powerfully expressive melody tending towards the declamatory is combined with a strong sense of harmonic colour within an overall formal design that is always clear. With his decidedly individual, extrovert style, above all in his motets, De Silva was a musician who understood the signs of the new era; in pieces such as Omnis pulchritudo Domini his sense of new developments led towards an adventurous exploratory style. In a relatively small output, he left behind at least a few pieces (e.g. Omnis pulchritudo Domini, Illumina oculos meos and Ave regina caelorum, ave domina angelorum) that can be numbered among the best works in the corpus of early 16th-century sacred vocal music."

  In my opinion, this piece is really wonderful. Exist a copy of this piece dated on 1539. The quality of this motet is absolutely comparable with any other piece of Spanish or Portuguese Renaissance polyphony of this time.
I thank to Luisa D. Camacho for discover to me this amazig piece.
The domain of the imitative form and the counterpoint is fantastic, also the beauty of the five lines is really exciting, very impresive.

  The performance of this australian ensemble is very good. The balance of parts and sonority are very interesting.

  Andreas de Silva, a fantastic composer who demonstrates once again the immense talent of composers considered minor and aren't still recognized.

viernes, 7 de junio de 2013

Lo hipnótico... [crítica, para Codalario, del recopilatorio de Le Poème Harmonique en Alpha]

Lo hipnótico de lo repetitivo
Recopilatorio de Le Poème Harmonique con algunos de los ostinati más bellos de su discografía.

Ostinato. Le Poème Harmonique – Vincent Dumestre. Alpha [Alpha 817], 2012. TT. 65’23. Obras de Luis de Briceño, Francesco Manelli, John Johnson, Claudio Monteverdi, Thomas Robinson y anónimos.


  Dice el DRAE en relación al término ostinato lo siguiente: 
(Del it. ostinato; literalmente 'obstinado'). 
1. m. Mús. Motivo que se repite insistentemente durante una buena parte de una composición musical. 

  La definición, aunque simple, resulta meridianamente clara, incluso para alguien que no haya escuchado el término en toda su vida o cuyo acercamiento a la música sea casi inexistente. Otra cosa bien distinta sucederá si intentamos conocer de una manera más profunda el término italiano, que tanto desarrollo ha tenido durante buena parte de la historia de la música, pues encontraremos que esta definición comienza a quedarse insultantemente pequeña ante la complejidad estructural y la diversidad tipológica de los ostinatos -permítasenos el término a la española- que tuvieron gran desarrollo sobre todo en el Renacimiento y culminando en el Barroco, período en el que se erigió como una de las grandes técnicas compositivas utilizadas de manera común por cualquier compositor que se preciase, y que posteriormente ha seguido siendo utilizado, aunque ya no como un pilar estructural y de un manera muy diversa, llegando incluso hasta finales del siglo XX con ese tendencia que tiene la repetición como base y que es tan bien conocida por todos: el minimalismo.

  Parece que el primer ejemplo reconocible como ostinato se tiene ya en el siglo XIII, concretamente en el célebre canon titulado Summer is icumen in, en el que tres notas se repiten de manera incesante durante lo que dura la misma. A lo largo del Renacimiento el uso del ostinato fue aumento de manera interesante, sobre todo con el desarrollo de la música instrumental, tanto al servicio de la danza -en un principio-, como con un carácter más solístico y virtuoso -posteriormente.

  Ya en el Barroco el desarrollo del ostinato resulta absolutamente exponencial, apareciendo, sin embargo, teorizado el concepto con este nombre por primera vez en una fecha tan tardía como es la de 1687, en el Documenti armonici de Angelo Berardi, y bajo el nombre de contrapunto ostinato -aunque ya en el afamado Le istituzioni harmoniche [1558] de Gioseffo Zarlino se encontrase algo parecido escondido bajo el nombre de Pertinacie [las alusiones del término respecto a la insistencia son obvias]. Pues es aquí, durante los siglos XVI -los claros antecedentes tienen aquí su base- y XVII -el gran desarrollo se producirá ya en el barroco- en qué surge el concepto conocido como basso ostinato, es decir, llevar este concepto de repetición a la línea del bajo -la que podrían realizar instrumentos armónicos como clave, órgano, arpa, u otros melódicos como la viola da gamba, violone, o los diversos instrumentos de cuerda pulsada existentes-, conformando así la auténtica base melódico-armónico-rítmica sobre la que se sustentaba la pieza. Nombrar, aunque fuera de manera somera, la diversa tipología de las decenas de ostinati que se utilizaron nos llevaría miles de palabras, por lo que nos remitiremos a los aparecidos en el presente registro discográfico.
  Este Ostinato nos presenta una recopilación con algunos de los momentos más significativos encontrados en los registros que Le Poème Harmonique y Vicent Dumestre presentaran en Alpha, con los siguientes títulos: Il Fásolo, Love is Strange, Combattiment! y El Fenix de Paris. No es que quien estas líneas escribe sea muy aficionado de los recopilatorios  -si fuesen, aún, novedades-, pero aún así se encuentra en este disco cierta cohesión temática y una base sobre la que construye su sentido. Hay aquí obras españolas, italianas e inglesas, un interesante muestrario de cómo se trataba el ostinato en la Europa del de finales del siglo XVI y mediados del XVII. Luís de Briceño -compositor español de principios del XVII, que desarrolló una interesante carrera en París- es el más representado, pues de él se interpretan una Danza de la Hacha, una seguidilla, un pasacalle, una españoleta y un tono françes -interesante denominación-, momentos de interesante colorido melódico, con claro tinte español pero cierto sabor francés -fantástica la mezcla estilística en su Españoleta, que constituye, por lo demás, uno de los momentos más hermosos del disco.
    
  Los ejemplos italianos vienen de la mano del italiano Francesco Manelli, interesante compositor de la primera del XVII, pilar fundamental para el establecimiento de la ópera en Venecia. Se interpretan de él un lamento -las tetracordos ascendentes y descendentes, cromáticos, basso dolente... fueron muy desarrollados en este tipo de obras melancólicas, con un claro afán por mover los afectos del oyente, suponiendo así una gran aportación al mundo de la retórica musical-, una bergamasca y una ciaccona -maravilloso ese Acceso mio core; piezas de carácter festivo y un colorido melódico-rítmico muy destacado. Claudio Monteverdi supone la otra aparición italiana, con su Lamento della Ninfa -obsérvese aquí un tetracordo descendente LA-SOL-FA-MI-, otro de los momentos estelares del registro.

  La música inglesa se presenta por medio de dos figuras de importancia en la Inglaterra de finales del XVI, John Johnson y Thomas Robinson, destacados laudistas y compositores de danzas y piezas instrumentales en los géneros más usados del momento. Aparecen aquí obras que tienen la cuerda pulsada como verdadera protagonista, que, por lo demás, presentan una variedad armónico-melódica ciertamente destacable -notable la brillantez en Wakefield on a green de Robinson.

  Dos anónimos posiblemente españoles y uno inglés completan un disco en el que se nos invita a escuchar pausadamente, disfrutando cada una de esas notas del bajo, cada acorde, cada melodía, a seguir el rastro de cada secuencia, es una interpretaciones que, como suele suceder con el conjunto francés, brillan por la variedad tímbrica utilizada -la cuerda pulsada triunfa-, lo imaginativo de su lecturas, la cierta fusión, su visión más popular de la música del Barroco, emisiones vocales de corte más tradicional... En definitiva, lecturas en las que se busca acercar las músicas pretéritas a todo tipo de público, con una visión quizá más comercial que musicológica, y en la que es inevitable que la música de danza cumpla su función en cuanto a hacer que nuestros pies comiencen inevitablemente a moverse.

Publicado en Codalario el 01-VI-2013.

domingo, 2 de junio de 2013

De Portugal a... [crítica, para Doce Notas, del "Outre-Mers" del Choeur L'Echelle]

De Portugal a Brasil, pasando por Cuenca
Las resonancias del órgano histórico de la catedral de Cuenca se unen a las irregulares voces del conjunto francés para traernos la ignota obra de Marcos Portugal. 

Outre-Mers. Obras de Marcos Portugal y Caroline Marçot. Olivier Houette [órgano], Choeur L’Echelle – Bruno Procopio y Charles Barbier. Paraty [312214].


  Existen en la historia de la música occidental muchos nombres, talentos que quizá han pasado a la historia tan solo por una pequeña obra en su legado a la humanidad, otros de los que directamente apenas se ha oído hablar, a pesar de tener un corpus compositivo amplio y bien valorado en su tiempo. Este último parece ser el caso de Marcos Antonio Portugal, compositor lisboeta que desarrolló su carrera a finales del siglo XVIII y principios del XIX, y que transitó entre Portugal y la colonia de este en el Nuevo Mundo: Brasil. De carrera exitosa, sus obras eran bien conocidas en buena parte de Europa. Estudió en Portugal e Italia, y tuvo que emigrar a Brasil en 1811 con motivo de las guerras que acechaban Europa en aquel momento. Desarrolló una carrera operística de cierta importancia, siendo este, quizá, el género más representativo en su catálogo, junto a la obra religiosa.

  En el presente registro discográfico se da cuenta de esta segunda faceta, poniendo en liza la que es posiblemente su obra religiosa más afamada, la Missa Grande, datada entre 1782 y 1790. Compuesta en la tonalidad de Mi bemol mayor, se encuentran al menos unos 80 ejemplares manuscritos existentes de la misma –completos e incompletos–, repartidos entre unos 29 archivos de Portugal y Brasil, además de unas 15 versiones de la obra, lo que es buena muestra de la importancia de esta obra en el país luso y su colonia, pues supone un verdadero paradigma de la música sacra de sendos países a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. La versión que se graba es la correspondiente al acompañamiento organístico a la manera de basso continuo –que se cree encargo de un aristócrata desconocido–, visión extraordinariamente personal en contraposición a la orquestal más convencional. La obra es un verdadero crisol estilístico, pasando de una estética barroca a una clasicista en movimientos contiguos, llegando incluso a incorporar ciertos sonoridades más novedosas, que nos trasladan ya hacia sonoridades más decimonónicas. Destaca el colorido rítmico aplicado a buena parte de los movimientos, convirtiendo la misa en una alabanza bastante jubilosa. El contraste entre las partes corales y las solísticas es otra de sus principales características. El acompañamiento organístico es un dechado de la sonoridad y la estética de la música para tecla en el Portugal de finales del XVIII. Se completa la misa con las partes del propio en canto llano, logrando gran belleza en el uso de los diversos timbres para su interpretación.

  La versión que se nos presenta aquí muestra numerosos altibajos. El sonido del Choeur L’Echelle es interesante cuando se aúnan todas las voces –quizá algo escasos los cuatro cantores por parte utilizados–, con un sonido equilibrado, empastado y brillante, pero se difumina poderosamente en las partes a solo. Únicamente los papeles del tenor Hervé Lamy y la soprano I Luanda Siqueira pueden salvarse de la quema, siendo netamente mejorable el de ambos bajos –el sonido engolado es más que evidente–, la alto –con problemas técnicos y un timbre poco agraciado– y sobre el de Charles Barbier, tenor, pero que hace las partes solistas de la soprano II, destacando sus agudos muy forzados y su desagradable timbre. Una mala elección por parte del director del conjunto, sin duda.

  El doble órgano Julián de la Orden, construido en la catedral conquense en 1768 y 1770, resuena de manera vigorosa y bien templada, resultando la interpretación del mismo por parte de Olivier Houette lo mejor del álbum, que se completa, además, con dos piezas para órgano solo de otro compositor portugués de finales del XVIII, Dom Melchor López, los Intentos 4 y 7, de cierto tono barroquizante el primero, resultando el segundo –primera grabación mundial, por cierto– todo un ejemplo de la plenitud sonora del órgano y los juegos escalísticos.

  El disco se cierra con una obra completamente ajena en lo estético, una composición para coro solo de la joven compositora parisina Caroline Marçot, que bajo el sugerente título de Quetzal da claras muestras de su profundo conocimiento y dominio del lenguaje coral. Obra creada en 2002 –también primera grabación mundial–, despliegue de bellas sonoridades, en la que las disonancias y la sucesión de acordes sinuosos parecen hacer navegar las delicadas líneas melódicas, supone –como ella misma explica en las notas del disco– una auténtica amalgama sonora de cuatro cantos: una canción pastoril, una nana de Guadalupe, un lamento amoroso de marineros bretones y una breve serenata corsa, procedente de La Martinica. Obra de complejidad considerable, sobre todo en el aspecto rítmico y en la afinación –la mezcla de los distintos cantos hace por momentos la obra un tanto caótica–, es con seguridad el momento más brillante en cuanto al concurso del conjunto vocal francés, logrando aquí esas altas cotas por las que es reconocido en buena parte de Europa.

  Solvente la dirección de Bruno Procopio en la Missa Grande, a la que aporta una visión más sosegada, solística y arcaizante, dejando el lado más coral y contemporáneo en las manos de Barbier, que se muestra aquí un acreditado conocedor de esta estética.
  Un disco interesante en cuanto a lo que el rescate de la figura de Marcos Portugal supone, amén de que la escucha de la preciosa sonoridad del órgano conquense es siempre un placer, pero en el que tanto música como interpretación no destacan por su brillantez, exquisitez ni solvencia superlativa.

Publicado en Doce Notas el 25-V-2013

jueves, 23 de mayo de 2013

El poder de... [crítica, para Doce Notas, del último disco de La Compagnia del Madrigale]

Madrigales de Gesualdo, el poder de la palabra
La Compagnia del Madrigale nos trae una sugerente lectura de la sexta entrega de los madrigales del enigmático Gesualdo, en la que la palabra es el poderoso pilar sobre las que se sustentan las audaces e hipnóticas piezas del “Prencipe di Venosa”.

Sesto Libro di Madrigali. Obras de Carlo Gesualdo. La Compagnia del Madriagle. Glossa [GCD 922801].


  Bajo el sugerente y clarificador nombre de La Compagnia del Madrigale nace en 2008 este conjunto vocal italiano, evidente continuador de la labor que en su día realizasen con gran ahínco Concerto Italiano [Rinaldo Alessandrini] y La Venexiana [Claudio Cavina] en la interpretación del repertorio madrigalístico de los siglos XVI y XVII –sus tres miembros fundadores formaron parte de los mismos–. Cantando ahora sin director nos traen su segundo registro discográfico –el primero estaba protagonizado por madrigales diversos sobre el texto Orlando Furioso de Ludovico Ariosto–, en el que se continúa la labor que La Venexiana estaba llevando a cabo en Glossa con la integral de los madrigales de Carlo Gesualdo –se habían grabado los libros cuarto y quinto. El Sesto Libro di Madrigali, con un total de 23 piezas –los 23 canapés de caviar que decía Igor Stravinsky–, todas a cinco voces, fue compuesto en 1611, y en él se despliega todo el universo sonoro y el turbador mundo interior de este enigmático compositor.

  Mucha tinta ha corrido sobre la azarosa y atormentada vida de este personaje –el doble asesinato perpetrado y las causas que lo motivaron–, sobre la cual algunos han querido sustentar su quehacer compositivo, no dejando esto de ser un error. La musicología moderna está intentado arrojar algo de luz sobre este estilo y las posibles causas de un perfil compositivo tan absolutamente innovador y adelantado a su tiempo, sin llegar a conseguir, por el momento, conclusiones reales. No debemos, por ejemplo, olvidar la evidente influencia que algunos maestros del género tuvieron sobre él, como Luzzasco Luzzaschi o Luca Marenzio, quienes ya habían elegido la senda de las audacias armónicas en cierta medida –muy destacado el caso de Marenzio–, que es llevada con Gesualdo a su máxima expresión.

  Estamos en 1611, casi al final de la vida de Gesualdo, quien imprime en este, su último libro de madrigales, todo su saber, su expresión interior, lo sombrío, aquello que marcó su vida. Son obvias las referencias textuales al amor, la muerte, el dolor, la belleza, la posesión del ser amado. Estamos ante un despliegue literario de primer orden, textos de una sublimidad y hondura sobrecogedoras, subyugantes podríamos decir. Un claro ejemplo de los afectos barrocos, de los intensos madrigalismos contenidos en su obra –auténtica declaración del expressio  verborvm del momento–. Los sentimientos, las escenas, el fluir en la vida del compositor son casi palpables compás a compás, en una obra claramente supeditada al texto –curiosamente todos de autor anónimo–.

  En lo estrictamente musical, el despliegue armónico es absolutamente impresionante, milagroso para la época. El dominio del cromatismo es apabullante, mostrándonos la sinuosa senda a transitar, dejando a un lado las extravagancias gratuitas y vacuas. Todo aquí goza de un sentido. Impresiona pararse a escuchar el devenir de los acordes, la fascinante inestabilidad tonal que es provocada de manera tan absolutamente brillante y consciente. El discurso de las voces es todo un muestrario del dominio técnico de las técnicas compositivas del contrapunto, la disonancia, la imitación, la textura polifónica y la resolución armónica, pero sobre todo de la retórica y la puesta en música de las expresiones más intensas del alma humana.

  La lectura ante la que nos encontramos, llevada a cabo por ocho de las voces más experimentadas en el repertorio, es sencillamente modélica. La manera en la que el texto es esculpido es un absoluto homenaje a la obra de Gesualdo. La tremenda complejidad de estas obras es salvada con insultante solvencia por La Compagnia del Madrigale, que logra un balance entre las voces, un color específico y buscado con detalle para cada madrigal, en los que esta característica vocal no es sino una extensión de la expresión de la música. El Sesto Libro es sin duda el más complejo y repleto de escollos de la producción de Gesualdo, por lo que supone la verdadera piedra de toque para cualquier conjunto especializado. Desde este punto, esta versión se convierte automáticamente en una referencia. Una visión en la que destaca la búsqueda de la belleza, de la emoción y de la más evidente y desnuda humanidad.

  Por lo demás, el disco se completa con una preciosista presentación –made in Glossa– y un rompedor ensayo a cargo de Marco Bizzarini, en el que se desmitifica la figura del Gesualdo atormentado y loco, presentando lo que es en realidad, una figura apasionada, amén de una de las más talentosas en el campo musical de cuantas hayan existido.

Publicado en Doce Notas el 16-V-2013.

lunes, 20 de mayo de 2013

El bello arte... [crítica, para Codalario, del concierto de Le Poème Harmonique]

El bello arte de esculpir la palabra
El conjunto francés cierra el Ciclo Músicas Históricas con un concierto de claroscuros.

León. Auditorio Ciudad de León. 10/05/2013. Ciclo Músicas Históricas. Claire Lefilliâtre, soprano. Le Poème Harmonique. Vincent Dumestre. Obras de Rossi, Monteverdi, Moulinié, Kapsberger, Merula, Sanz, Martín y Coll, Hidalgo y anónimo.


      Cuatro fueron los protagonistas sobre el escenario del auditorio leonés en el noveno y último concierto del presente Ciclo Músicas Históricas -séptima edición ya- que el CNDM lleva organizando en esta ciudad desde hace algunos años, y que en la presente llevaba por título Diálogos Barrocos II: el esplendor de la música mediterránea. Formato pequeño -la crisis sigue acechando- con el que se presentaba por primera vez en León el prestigioso conjunto francés Le Poème Harmonique, de sobra conocido por los expertos y los aficionados al repertorio barroco, formado en esta ocasión por la siempre singular voz de Claire Lefilliâtre y el concurso instrumental de Kaori Uemura -a las viole da gamba-, Joël Grare -percusión- y el propio Vincent Dumestre -tiorba y guitarra barroca. En cartel un programa sugerente, breve, pero realmente evocador, auténtico recorrido por el quehacer musical en España e Italia en el siglo XVII.
      Se abrió el concierto con Un ferito cavaliero -también conocida por el sobrenombre de Lamento della Regina di Svezia-, obra compuesta por Luigi Rossi, uno de los grandes desarrolladores de la cantata da camera romana, que no es sino un hondo y profundo lamento en el que la reina sueca pena por la muerte del rey Gustavo Adolfo, todo un ejemplo del género dolente durante el Seicento italiano, en el que los diversos géneros de canto del momento -recitativo secco, recitativo spressivo, arioso...- van desarrollándose con total naturalidad.
      Sin solución de continuidad se interpretó el conocido Si dolce è'l tormento, de Claudio Monteverdi, una de esas obligadas piezas para cualquier cantante que se acerque a la música italiana del XVII, verdadera belleza dónde las haya, que se interpretó en una interesante versión en la que la voz y la viola da gamba basse se iban regalando la hermosa melodía. El siguiente pequeño bloque estuvo constituido por un Canario -pieza sobre un ostinato de las más utilizadas en España en el XVII- de autor anónimo, a la que siguió el Ay, ay, ay, de Etienne Moulinié, claro ejemplo del éxito del castellano en el país vecino por aquellos tiempos, pues era visitado con frecuencia para la creación de las air de cour de este tipo, siendo Moulinié una de sus grandes exponentes. Para ambas piezas se pasó del sobrio continuo de la viola da gamba bajo y la tiorba, a la viola da gamba dessus -soprano- y la guitarra barroca, instrumentos aquí ya con más funciones melódicas que propiamente armónicas.
      El siguiente bloque estuvo compuesto por tres piezas: la celebérrima Toccata arpeggiata de Johannes Hieronymus Kapsberger -"Il Tedesco della Tiorba"-, que supone un claro antecedente del Preludio n.º 1 del Clave bien temperado de Bach, con el juego constante sobre el arpegio de un tono dado; a continuación se interpretaron dos piezas de Tarquinio Merula, de las más conocidas del autor, comenzando por su desgarrador lamento Hor che tempo di dormire, ejemplificado en la imagen de la Virgen que canta a su hijo crucificado una nana, sustentada en el hipnótico y algo inquietante basso dolente constituido por un ostinato de dos notas; para finalizar con la bellísima Folle è ben che si crede, que narra los complejos designios por lo que nos lleva el amor, con una irresistible línea vocal -que aquí se intercalaron, de nuevo, entre voz y viola da gamba- sustentada bajo un hermoso continuo.
      Tras la marcha de los cuatro intérpretes del escenario y un breve inciso de un par de minutos, hicieron su aparición Dumestre y Grare, que interpretaron una selección de tres piezas extraídas del Libro segundo, de cifras sobre la guitarra española [Zaragoza, 1675] que compusiera Gaspar Sanz y que suponen todo un dechado de dominio en la escritura para la guitarra española, conjugadas aquí muy bien con el toque rítmico-tímbrico que añadía la percusión.
      El último bloque, ya con todo en escena, comenzó con las Diferencias sobre la folía, compuestas por Antonio Martín y Coll, dando una muestra del desarrollo que el famoso tema de la folía tenía en España -al igual que en Italia, Francia o Inglaterra- durante el siglo XVII, y que fue interpretada aquí por la viola da gamba soprano, guitarra barroca y castañuelas. La obra se enlazó casi sin inciso con el Esperar, sentir, morir, tono humano español de Juan Hidalgo -uno de los grandes maestros de la música para escena del XVII-, de afectiva y sugestiva belleza y un reflexivo texto.

      Un programa elaborado, repleto de auténticas obras de gran calado, ocasión perfecta para el lucimiento de cualquier conjunto. La interpretación del ensemble francés estuvo, sin embargo, llena de altibajos. La sugerente voz de la soprano francesa Claire Lafilliâtre siempre cumple con las expectativas, sin embargo adoleció de algunos problemas técnicos en el registro grave -se evidenció claramente en Rossi- y algún pequeño desajuste en la afinación respecto al instrumentario. Sin embargo, se mostró realmente solvente y brillante en tres aspectos a destacar: su dominio en la ornamentación -es tan característica que la hace absolutamente reconocible-, su manejo de la sprezzatura di canto -término italiano con el que se expresaba la libertad rítmica a la hora de interpretar, por medio de la cual el cantante intentaba acercarse a los ritmos no medidos del lenguaje- y su diáfana y límpida dicción, que hizo absolutamente inteligible casi todo el texto -más el italiano que el castellano.
      Kaori Uemura es una más que solvente violagambista, y aunque sufrió bastante con su modelo soprano en algunos momentos -con graves problemas de afinación y sonido-, estuvo soberbia con el bajo, mostrándose muy expresiva y consiguiendo un bellísimo color de su instrumento -precioso modelo, por lo demás. La percusión siempre es un terreno peligroso en la interpretación de músicas pretéritas, precisamente porque no se tienen datos reales de la manera en que se usaba, los repertorios en los que aparecía..., por lo que hay que mostrarse siempre muy cauto en su intervención. Joël Grare se presentó bastante comedido, aunque en ciertos momentos su siempre imaginativa aportación terminó por resultar algo pastosa, a pesar de que su manejo de los diversos membranófonos e idiofónos fuese brillante.
      Vincent Dumestre es un excelente intérprete de cuerda pulsada, sin embargo en la noche de ayer no brilló en la medida esperada, sobre todo por la concepción que llevó a cabo de las diversas piezas - algo que afectó a todo el programa-, con tempi excesivamente rápidos, que no permitieron a la música respirar en la medida necesaria y que volvió casi supérfluas algunas piezas de tanta hondura como las de Rossi, Monteverdi, Merula e Hidalgo; o en las que el sentido intrínseco de la pieza se perdió en una maraña de sonidos a cada cual más veloz, como en el que caso de Kapsberger.
      En definitiva, un claro ejemplo de claroscuro, pues lo técnico resultó casi argénteo, quedando el terreno expresivo absolutamente macilento ante tal despliegue de presteza interpretativa. Sin embargo, el público leonés respondió con duraderos aplausos e incluso potentes bravi, ante los que Le Poème Harmonique reaccionó diligentemente, ofreciendo tres propinas: una chanson popular francaise titulada La Louison, uno de los géneros que mejor domina el conjunto; una pieza italiana del Seicento sobre ritmo de jácara; y La rosa enflorece, romance anónimo sefardí; interpretadas las tres con gran expresividad y un tempo más sosegado que el resto del programa, lo que consiguió, por un momento, poner un poco de calma entre los asistentes.
      Un recital de nivel que cierra un ciclo de gran calibre, que quedó ensombrecido por ese aspecto interpretativo un tanto superficial, y por un público que apenas llegaba a ocupar la mitad de la capacidad del auditorio leonés, resultando, por lo demás, excesivamente ruidoso y poco respetuoso con la necesidad de la música para respirar al final de cada pieza. Se anuncia ya la continuidad para el próximo año, ante lo que debemos regocijarnos, pero también preguntarnos si León es una ciudad que está preparada para acoger en su seno un ciclo de estas características.

 Publicado en Codalario el 12-V-2013.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Italia Y España... [Crítica para Codalario del último CD de La Ritirata]

Italia y España: entre la danza y el violoncello
La Ritirata graba un catálogo de pequeñas joyas instrumentales del Seicento

Il Spiritillo Brando. Dance music in the courts of Italy and Spain, c.1650. Andrea Falconieri. La Ritirata - Josetxu Obregón. Glossa Music [GCD 923101], 2013. TT. 62'34. Obras de Diego Ortiz, Andrea Falconieri, Giovanni Battista Vitali, Dario Castello, Giuseppe Maria Jacchini, Joan Cabanilles, Bartolomé de Selma y Salaverde, Giovanni Gabrieli, Domenico Gabrielli y anónimo.


       La Ritirata, conjunto centrado en música del Barroco europeo, que tiene a su frente al violonchelista Josetxu Obregón, es el primer ensemble español que ficha por el prestigioso sello Glossa, desde que éste fuese fundado en 1992 por los hermanos Moreno, lo que supone todo un espaldarazo para un conjunto que, aunque sobradamente preparado, lleva pocos años en el panorama musical.
       Para su debut en Glossa han planificado un programa en torno a la música de danza creada hacia la mitad del siglo XVII en Italia y en España, en la que se nos presentan piezas de algunos de los más afamados maestros del momento. Articulado alrededor de la figura de Andrea Falconieri, compositor y laudista italiano, espléndido conocedor de la música de danza que transitó entre Napoles y España, se va completando toda esta visión del Seicento, en la que la música instrumental es dueña y señora del registro. Aprovechando la libertad todavía presente en la época en cuanto a la intercambiabilidad instrumental, vemos desfilar un número interesante de instrumentos: violín barroco, flauta de pico, guitarra barroca, archilaúd, tiorba, clave, órgano positivo, arpa triple y percusión diversa; todo un despliegue tímbrico que supondrá una de las características principales del disco.
       El álbum es, sobre todo, un auténtico catálogo que consta de 24 pequeñas piedras preciosas -ninguna llega a los cinco minutos de duración-, de las que justo exactamente la mitad están firmadas por Falconieri. De él se interpretan algunas de sus piezas más conocidas, que se encuentran en su Il primo libro di Canzone, Sinfonie, Fantasie, Brandi, Correnti, Gagliarde, Alemane, Volte per Violini, Viola overo altro Strumento á uno, due, tré con il Basso Continuo. Naples, 1650, que como vemos supone un auténtico muestrario de las danzas más practicadas en la época y un verdadero ejemplo del dominio que en cuento al género despliega Falconieri. Algunas de estas piezas fueran ya grabadas en un DVD editado por Cantus no hace mucho, en el que ya nos sorprendíamos por la calidad interpretativa del conjunto, pero hay que resaltar que ahora estamos ante unas lecturas más maduras y brillantes, que destacan por el dominio técnico, conjugando este con el juego de contrastes en lo rítmico y lo tímbrico, además de la dulzura y expresividad en las melodías, y el preciosismo en el acompañamiento.

      La otra mitad del disco se la reparten entre Diego Ortiz, famoso por su Trattado de glosas... [Roma, 1553], del que se interpretan aquí dos de sus recercadas -género español similar al ricercare, que puede verse como el antecesor directo de la fuga- en las que el "violón" se ve sustituido por la flauta de pico en esta particular lectura; Dario Castello, uno de los principales impulsores de la literatura violinística del Seicento europeo, como se observa aquí en la interpretación de una de sus sonate más brillantes y virtuosísticas; Joan Cabanilles, uno de los grandes organistas que haya dado la historia de la música española, del que se ha grabado su  vivaz y vigorosa corrente italiana -en una lectura para clave; Bartolomé de Selma y Salaverde, otro de de los grandes maestros de música instrumental del Renacimiento español, famoso por su impulso al bajón -antecesor del fagot-, que es llevado aquí del sonido grave de un aerófono al de las cuerdas de violoncelo de Obregón, quien interpreta su Fantasia a basso solo; Giovanni Gabrieli, conocido por ser uno de los mayores exponentes del policoralismo veneciano, es traído aquí en su también excelsa faceta de organista -su Ricercare del VII e VIII tono nos traslada ineludiblemente a la Basilica di San Marco.
       El violoncelo es parte sustanciosa en este álbum, pues para él se compusieron las piezas que Giovanni Battista Vitali, Giuseppe Maria Jacchini y Domenico Gabrielli presentan aquí. Piezas de tres violonchelistas y compositores ligados a la Accademia Filarmonica di Bologna y la Basilica di San Petronio, en las que el violoncello cobra de manera sobresaliente el lugar solístico que ya venía solicitando desde hacía algún tiempo, y que observamos especialmente en la obra de Gabrieli, no obstante pasó a la historia por ser el primer compositor que dedica una pieza a solo para dicho instrumento -de su colección de 1668 se interpreta el regio Ricercare V.
 
       Pero tan exquisita selección de piezas requieren de avezados intérpretes que sepan sacar lo mejor de cada una de ellas. Y así sucede en este registro, dichoso encuentro entre estas pequeñas maravillas y unos intérpretes de enorme calidad, que derrochan frescura, empuje y vivacidad. Se vislumbra el disfrute en la interpretación; los hace envidiables. Todos y cada uno de los intérpretes está sobresaliente, como Tamar Lalo, magnífica en su flexible y ondulante discurso a las flautas; Miren Zeberio y Raúl Orellana exquisitos a los violines barrocos, esquivando con sobrada solvencia los importantes escollos que se presentan y portadores de un hermoso sonido; Enrike Solinís y Daniel Zapico bordan su papel en las cuerdas pulsadas, siempre firmes, contundentes, sabiendo mantenerse en un plano de acompañamiento por el bien del conjunto, pero despuntando en los momentos solísticos por su inmensa calidad, con un fraseo dúctil y refinado; Ignacio Prego firma uno de los momentos más exquisitos del disco, con la anónima y hermosísima chacona perteneciente a la colección Flores de música [1706]; Daniel Oyarzábal, con pequeña participación, pero no por ello menos deslumbrante, nos deja un momento absolutamente fascinante en la obra de Giovanni Gabrieli; Sara Águeda aporta en una única aparición el satinado timbre de su arpa triple; David Mayoral, que trae bajo el brazo la siempre "accesoria" e imaginativa percusión, aporta ese toque rítmico y danzable, además de un colorido muy particular, que confiere a la interpretación de una personalidad marcada.

      Comentario aparte merece Josetxu Obregón, que con su violoncelo barroco se erige como protagonista tímbrico del registro, sabiendo, no obstante, quedar ajeno en aquellas piezas en las que la participación de su instrumento supondría un anacronismo evidente. Su hondura a la hora de interpretar es palpable, con una calidez y limpidez sonoras que destacan sobremanera sobre muchos de sus colegas violonchelistas. Un fraseo maleable, elegante, y una sensatez aplastante en las articulaciones, demuestran por qué es, hoy por hoy, uno de los máximos exponentes en la interpretación histórica de tan noble instrumento.
       Estamos, en definitiva, ante un excelente registro sonoro, que cumple sobradamente las elevadas expectativas y que es un más que digno estreno de este joven conjunto en tan noble casa. Se completa el disco con un bello diseño editorial, que conjuga lo Barroco con un toque ciertamente moderno y unas interesantes y divulgativas notas -algo siempre tan necesario en según qué circunstancias-, auténtica marca de la marca del sello escurialense, que siempre tiende a crear objetos artísticos y culturales más que meros registros audiovisuales. Esperamos más.

Publicado en Codalario el 10-V-2013.

lunes, 6 de mayo de 2013

In Furore... [Crítica del concierto de Forma Antiqva para Codalario]

In Furore
El conjunto español ofrece un Vivaldi tremendamente teatral


Oviedo. Auditorio "Príncipe Felipe". 30-IV-2013, 20:00. Entradas 23 y 18,50 €uros. Aitor Hevia [violín], Forma Antiqva - Aarón Zapico. Programa: Le Quattro Staggioni. Obras de Antonio Vivaldi y Georg Philipp Telemann.


      Siempre es difícil ser profeta en su tierra, más si se trata, como es el caso, de un conjunto de la desorbitada juventud entre sus miembros como sucede con Forma Antiqva, conjunto formado alrededor de los tres hermanos Zapico, que surgió hace ya algunos años en Langreo, una pequeña localidad minera asturiana. Sin embargo, la fulgurante carrera de este conjunto ha sido todo un ejemplo para los jóvenes conjuntos españoles dedicados a la música antigua.
       Así, se presentaban el pasado martes en el Auditorio "Príncipe Felipe" de Oviedo, organismo del que son conjunto residente, dentro de la temporada de Conciertos del Auditorio 2012/2013, con un programa que desgranaba el contenido de su último registro discográfico. Nada menos que una nueva versión de las celebérrimas Le Quattro Stagioni. A priori uno puede pensar, ¿otra vez Las Estaciones? En efecto, pero con una versión en la que todo tiene un sentido. Estamos, indiscutiblemente, ante la versión más personal que probablemente se haya realizado nunca de estos cuatro conciertos.
       Comenzó la velada con un primer bloque protagonizado por la figura de Georg Philipp Telemann, del que se interpretó dos de sus Concerti Polonaise, en los que se observa la exquisita mezcla de estilo italiano y francés tan en boga en el momento. El primero de ellos [TWV 43:G7], alterna movimientos lentos-rápidos, tratando el conjunto a la manera del concerto grosso barroco; mientras que el segundo [TWV 43:B3] sigue la misma disposición pero introduciendo una polonoise en su primer movimiento, dejando claro el marcado carácter "europeo" de la pieza. Las obras fueron interpretadas con suma elegancia, dejando clara constancia del ir y venir en la elección del tempo de los distintos movimientos, mostrando ya el camino por el que íbamos a transitar durante el resto del concierto. Juego constante con lo rítmico y contraste absoluto en la dinámica y la agógica. Entre ambos concerti se introdujo una de esas pequeñas piezas para cuerda sin carácter solista que compuso el cura veneciano, concerti a quattro, que él mismo denominaba en sus autógrafos como concerti ripieni, y que se dividen básicamente en dos tipologías: concerti y sinfonie, obras que destacan por su claro perfil vanguardista. Para la ocasión se interpretó la Sinfonia RV 111a, que encontramos exacta -a excepción del movimiento intermedio- como sinfonia avanti l'opera en Il Giustino. Música "vivaldiana" en estado puro, con energía a raudales en los movimientos extremos y un lirismo deslumbrante en el movimiento lento central -que es de una belleza apabullante. La versión de Forma Antiqva siguió en esa misma línea de confrontacíon, marcando mucho ese carácter vital de los movimientos rápidos, dejando su lado más amable y ondulante para el segundo movimiento.
       Sin intermedio, hizo su aparición en el escenario, el también asturiano, Aitor Hevia, principal protagonista de este segundo bloque, en el que por fin saltaban a la palestra los Concerti Figurati ossia Le Quattro Stagioni. Obra de sobra conocida que parte, como es bien sabido, de unos sonetos escritos por el propio Antonio Vivaldi, y que parecen suponer el primer rastro de música programática de la historia, aunque este es un asunto que trae siempre consigo un enorme debate. No hablaremos sobre la pieza, porque la interpretación supuso en este concierto quizá un rasgo más definitorio que la propia música.
      Cuando alguien se arriesga a interpretar y a grabar una nueva versión de esta archiconocida obra, ya en pleno 2013, y cuando tenemos en nuestras fonotecas docenas de versiones historicistas de grandísima calidad, es que está muy seguro de que tiene algo realmente nuevo y diferente que ofrecer. Y así es, Forma Antiqva presenta la que para mí supone la versión más auténticamente personal que jamás haya escuchado. Las premisas son claras: la teatralidad por bandera, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que esa es una constante en sus interpretaciones y el terreno en el que mejor su mueven. Jugando con toda la materia prima compositiva y sonora de la pieza, Hevia, los hermanos Zapico y el resto del conjunto fueron sacando jugo a cada una de las líneas del los sonetos, como si de un guión se tratase, explotando cada registro del violín, utilizando el colorido tímbrico como un recurso de primer orden, manejando la antítesis como un elemento definitorio primordial, y llevando ese furore "vivaldiano" a las últimas consecuencias.
      Destacaron la variedad extrema de los matices, con algún pianissimo que hizo que prácticamente se oyese respirar a los instrumentos, para brotar un fortissimo al compás siguiente, dejando a los espectadores pegados a sus asientos. Era evidente, puro barroquismo. Hevia se mostró realmente solvente en lo técnico, resolviendo sin mayores problemas los no pocos escollos que había en el camino, y transitando de manera exquisita por todos los registros de su instrumento. El gusto en las ornamentaciones, aunque en cierto punto algo excesivas, no iba sino encaminado a remarcar esa afectación que ya hemos destacado. Despuntó el gran feedback surgido entre los intérpretes, que se consigue con muchas horas de ensayo y años de tocar juntos, como ellos mismos afirmaron, y que podía observarse en la manera en la que casi se pasaban -literalmente- de uno u otro las diversas líneas. Así, destacó la sonoridad de las cuerdas, de una limpidez interesante, con gran balance y hermosa sonoridad -mención especial para las exquisitas violas barrocas y para la gran labor del Jorge Jiménez como concertino. El continuo sigue siendo marca de la casa desde sus comienzos, con una omnipresencia sonora que no es fácil de encontrar en otros conjuntos -fabuloso el color que otorgó el órgano de Silvia Márquez, sobre todo en los movimientos lentos; las cuerdas graves, de contundencia sin igual y bello timbre, sobre todo el violoncelo barro de Diana Vinagre y especialmente el contrabajo de Vega Montero; sin olvidarnos, por supuesto, de la cuerda pulsada, siempre tan elegante y delicada en las manos de Daniel Zapico, a la tiorba, y Pablo Zapico, al archilaúd y la guitarra barroca.
      La dirección de Aarón Zapico, si bien no demasiado académica ni ortodoxa en el gesto, logró llevar la música por el camino de la definición lineal, del marcado claroscuro dinámico y de la innovación conceptual, siendo realmente bien respondido por los miembros del conjunto -realmente sorprendente algún crecescendo, descrecendo y sforzando.
       La apuesta fue arriesgada, pero fue recompensada por parte del público con recurrentes y más que sonoros aplausos y bravi, que se vieron recompensados con una extraña propina, encarnada en la pieza del compositor inglés John Johnsons, obra que sirvió para dar rienda suelta a la improvisación sobre una misma línea melódica. El bis del segundo movimiento de L'Inverno, dio clara muestra de la absoluta satisfacción con la que el público ovetense vio colmadas su exigencias.
       Una apuesta por la innovación, por el historicismo entendido desde la visión de un intérprete del siglo XXI, en la que la partitura no es más que una pauta que marca el camino, pero que puede transgredirse en aras de una mejor compresión o una reinterpretación artística compleja, a pesar de tener como base un movimiento que precisamente defiende quizá lo contrario, al menos en lo tocante a la llamada música antigua. Una versión que probablemente haya dejado sin palabras a muchos, y con mucho que reflexionar a otros tantos, lo que es ya toda una garantía de éxito. Sin duda estamos ante uno de los conciertos que más dará que hablar en el panorama musical asturiano.

Publicado en Codalario el 02-V-2013.