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martes, 4 de noviembre de 2014

«El tiempo pasa...» | Crítica para Doce Notas del último disco de Fernando Pérez para Itinerant Classics

El tiempo pasa entre cuerdas
El multiinstrumentista gallego presenta un breve pero intenso recorrido por alguno de los hitos de la cuerda pulsada en Europa, en el que supone su primer registro discográfico.

Feel Past Fret. Música de Luigi Legnani, Luys de Narváez, Francisco Guerau, Gaspar Sanz, Francisco Tárrega, José Fernández, Fernando Pérez y Johannes Hieronymus Kaspsperger. Fernando Pérez. Itinerant Classics, 1 CD [iC013], 2014. T.T.: 67:22.


  No es muy habitual encontrar un registro de estas características en la actualidad. En un punto en el que la especialización es, sin duda, el camino escogido con mayor profusión por los instrumentistas, darse de bruces con un músico que se decida a grabar un álbum de este tipo es cosa bien rara. Y es que en la presente grabación se nos muestra música escrita para diversos instrumentos de cuerda pulsada a lo largo de la historia, de corte y carácter bien diferenciados. Desfilan por la grabación nada menos que 25 piezas de 8 compositores distintos, representantes de casi seis siglos de música, que son interpretadas cinco instrumentos diferentes. Los números, a priori, son realmente impactantes. El peso de la grabación lo llevan las obras de Luigi Legnani [1790-1877], guitarrista, constructor y compositor de piezas para el instrumento –además de un considerable tenor belcantista–, nacido en Ferrara, que ha sido uno de los mejores representantes de la guitarra en Italia durante el siglo XIX, y del que se interpretan algunos de sus 36 Capricci per tutti i tuoni, maggiori e minori per la Chitarra, Op. 20 –concretamente los números 1, 2, 3, 5, 9, 17, 27 y 30–. Acude también a nosotros Francisco Tárrega [1852-1909], el célebre compositor y guitarrista villarrealense, del que se graban su famoso Capricho árabe, la mazurka Adelita y Lágrima.

  José Fernández Vide [1893-1981], compositor orensano emigrado a La Habana –que supone uno de los mejores casos para el estudio de los músicos españoles que emigraron durante el siglo XX, además de un notable caso de «nacionalismo gallego»–, está presente en el registro con sus Violetas, una serie de valses para dos guitarras, que aquí se graban en colaboración con el guitarrista gallego Xosé Antonio Rodríguez. Estas, junto a una serie de breves piezas para el estudio guitarrístico que no por dirigidas a la praxis más tecnificada están carentes de belleza– compuestas por el propio intérprete del disco–, el también gallego Fernando Pérez, suponen el corpus más amplio del álbum, sin duda quizá en el lenguaje que por su formación más cercano le es al protagonista de la presente grabación.

  Pero no habría recorrido histórico si se detuviese aquí. Y es que, contraponiendo estilo y carácter, se graban algunas piezas sustanciales en el desarrollo de la cuerda pulsada española desde el siglo XVI. Comenzando por Luys de Narváez [c. 1500-1558], uno de nuestros grandes vihuelistas, del que se interpretan sus bien conocidas Diferencias sobre «Guárdame las vacas» y La canción del Emperador, extraídas de Los seys libros del Delphin de musica de cifras para tañer vihuela [Valladolid, 1538] –concretamente de los libros III y VI respectivamente–. Le siguen las también famosas Marionas de Francisco Guerau [1649-1722], guitarrista, compositor y cantante mallorquín, uno de los mejores maestros en el arte de tañer y componer para la guitarra española de cinco órdenes, como queda bien patente a través de su colección Poema harmónico compuesto de varias cifras por el temple de le guitarra española [Madrid, 1694]. Y por supuesto, no podía faltar en un recorrido así la figura de Gaspar Sanz [c. 1640-1710], probablemente el autor español más importante en la historia de la guitarra española, quien en sus libros: Instrucción de música sobre la guitarra española y métodos de sus primeros rudimentos hasta tañerla con destreza [Zaragoza, 1674], Libro segundo, de cifras sobre la guitarra española [Zaragoza, 1675] y Libro tercero de música de cifras sobre la guitarra española [Zaragoza, 1697] legó el patrimonio más sustancial para el instrumento en su historia. De él se graban aquí su Pasacalles y los Canarios, dos brillantes ejemplos de su talento para componer tanto al «punteado» como al «rasgueado». 

  El disco se cierra con la que es, posiblemente, la pieza para tiorba más célebre que existe, la Toccata arpeggiata, de Johannes Hieronymus Kapsperger [c. 1580-1651], de origen alemán, pero trasladado posteriormente a Italia –donde era llamado Il Tedesco della tiorba–, que se extrae de su Libro I d'intavolatura di chitar[r]one [Venezia, 1604], y que se anticipa en más de un siglo al archiconocido Preludio nº. 1 del Das wohltemperierte Klavier en el desarrollo de arpegios sobre acordes dados.

  Las interpretaciones de Fernando Pérez se caracterizan por lo meditadas de las mismas, eligiendo unos tempi en general calmado que dejan respirar a la música y acercarse a ella de manera reflexiva –nótese especialmente en Kapsperger, pieza en la que es más habitual de lo deseable encontrar versiones desmedidas que complejizan la comprensión de las líneas de manera absurda–. La adecuación estilística es muy notable, y pasa del Renacimiento al siglo XIX, del Barroco al XXI con soltura, marcando adecuadamente la esencia de cada período, sin caer en una homogeneidad sonora que hubiera resultado, a buen seguro, más fácil para él a la hora de grabar, pero mucho peor en el resultado final. Se emplea a fondo con cada instrumento. La sonoridad de los distintos modelos utilizados es siempre precisa y hermosa. Gran trabajo en la vihuela de mano,  la guitarra barroca de cinco órdenes y la tiorba de catorce órdenes simples construidas por César Arias, así como en la guitarra clásico-romántica de Lourdes Uncilla y la clásica de Francisco Santiago –alguno de ellos cedidos para la ocasión por David Morales Cuerdas Pulsadas–. 

  Como decimos, aunque quizá más cercano y cómodo en los repertorios del XIX y XX, el pulsista gallego se muestra ágil y muy capaz para abordar un repertorio tan complejo y específico como es el de la vihuela y la guitarra barroca –repertorio en el que, nos consta, está últimamente muy centrado–. Un recorrido muy complejo, sin duda, pero del que sale muy bien proyectado, a pesar de su juventud y de tratarse de su primer registro discográfico. No todos los intérpretes podrían hacer lo que él hace, por lo tanto, ya es una razón de peso para sentirse satisfecho de lo realizado. Un acierto por parte de Itinerant Classics el dejarle su casa para que se estrene –sin olvidarnos, por supuesto, de todos los que con su donaciones a través de Verkami lo hicieron posible–, contando con la ayuda, siempre brillante, de The Recording Consort y Gerardo Tornero en la grabación y producción. Elegante edición, además, para un disco de amplio recorrido que presenta a un joven talento al del que habrá que estar muy pendiente.

Publicado en Doce Notas el 02-X-2014.

jueves, 21 de marzo de 2013

Críticas del "Pórtico de Zamora, 3.13" [Qvarta pars]

Catedral reinventada
Una feliz iniciativa del «Pórtico de Zamora» invita a redescubrir el templo zamorano

   Sábado, 23 horas. Conforme uno se va a acercando al emblemático edificio de la capital por la amplia y abierta plaza, va percibiendo la algarabía que los cientos de personas, que se encuentran a la espera de acceder al templo románico, emiten desde su posición ya dentro del enrejado que delimita la construcción con la plaza. El estruendoso sonido de la matraca nos saluda desde el atrio, haciendo el camino más intenso. Muchos esperan ansiosos la entrada.

   Al acceder al templo, la tenue luz que emana de los cirios y velas nos da la bienvenida. La penumbra y el silencio son solo interrumpidos por los pasos de los que acceden al interior. Una hermosa crucifixión sobrecoge por su tamaño y su tono azulado en el crucero. Es la muerte de Cristo, primero de los puntos que propone el festival en esta peculiar visita catedralicia. Allí, Jaime Calvo-Murillo espera en su podio para comenzar a tañer su violoncello. Las notas de una de una de las danzas que componen las suites para dicho instrumento por Johann Sebastian Bach comienzan a fluir. Las interpreta entregado, sereno, concentrado. La belleza de la música y el ambiente casi transporta a los visitantes a un estado de recogimiento absoluto.

   A nuestra espalda se perciben las notas de un curioso instrumento. Sí, es la tiorba de Jesús Fernández Baena, quien en su precioso marco, iluminado por cirios y con un precioso cuadro tras de sí, interpreta la enigmática y subyugante «Toccata arpeggiata» de Johannes Hieronymus Kapsberger. Cerca nos espera la Capilla de San Ildefonso, segundo de los puntos centrales de la visita -triunfo de Cristo sobre la muerte-. El ambiente creado por el delicado y hermoso timbre de la tiorba veneciana, su excelsa digitación y calidez interpretativa, consiguen crear un ambiente casi etéreo, inabarcable.

   En la lejanía se oyen unas voces. El claustro, tercero de los pilares fundamentales, alberga al conjunto Schola Antiqua y su director Juan Carlos Asensio, quienes nos ofrecen un «Tenebrae factae sunt», tan apropiado en estas fechas. El magnífico empaste, color vocal y conocimiento del repertorio, además de su vestimenta, parecen trasladarnos a pleno Medievo.

   Las bases están firmes. Ahora a cada cual solo le queda deambular con plena libertad por las naves, capillas, trascoro? disfrutando y eligiendo qué mirar, qué escuchar, qué disfrutar. Bach, Piccinini y más canto gregoriano esperan. Una manera distinta de conjugar música y arte, emoción y espiritualidad. Una experiencia multisensorial que marcará un antes y un después en la manera en que los visitantes se acercaron a la Catedral de Zamora. Un acierto absoluto para el «Pórtico», que, esperamos, sea el comienzo de muchos otros en este sentido. La luz se enciende, la música se apaga, el camino se hizo corto. Ahora, la memoria hará el resto. 

[Crítica aparecida en La Opinión de Zamora el 11-03-2013].