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miércoles, 18 de febrero de 2015

«Larga vida a...» | Crítica, para Doce Notas, del libro sobre el Thomas Morley editor e impresor

Larga vida a la musicología
Fantástico estudio sobre la vida de uno de los compositores ingleses menos transitados por la musicología, que muestra además una extraordinaria perspectiva del mundo de la edición e impresión musical en las islas británicas.

Thomas Morley. Elizabethan Music Publisher. Tessa Murray. Woodbridge, Boydell Press, 2014. 285 pp. ISBN: 978-1-84383-960-6.


    Los avances que han tenido lugar en la musicología en las últimas décadas son realmente fascinantes. Echar una vista atrás –sin desmerecer en absoluto el trabajo que muchos estudiosos llevan realizando desde bien entrado el siglo XX en esta disciplina– para comprobar cuál era la visión de un musicólogo al acercarse al estudio de una figura compositiva y su contexto, y pasar a continuación a compararlo con la praxis actual en el mismo caso supone todo un ejercicio de clarividencia. El grado de contextualización y la forma en que los autores de los textos son capaces de sumergirse en el mundo humano y profesional de aquel al que estudian supone todo un lujo para los lectores y otros estudiosos. El libro que presentamos aquí es un claro ejemplo de ello, pues resulta, a todo punto, una referencia imprescindible para el estudio de Thomas Morley [c. 1557-1602], uno de los autores ingleses más importantes del Renacimiento, que sin embargo pasa por ser uno de los menos estudiados por los expertos, al igual que de los que menos se interpretan –la ausencia casi total en su catálogo compositivo de piezas sacras le ha afectado notablemente en este aspecto–.

     Encuadrado dentro de la colección Music in Britain, 1600-2000 –un poco justa su presencia aquí en lo temporal, hay que decir–, que coeditan Byron Adams, Rachel Cowgill y Peter Holman, este Thomas Morley. Elizabethan Music Publisher supone un fascinante viaje a la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVI, ahondando con absoluto rigor y una fluidez textual considerable en los aspectos biográficos del autor, uniéndolos de manera muy natural con su desarrollo profesional, cediendo especialmente el protagonismo, como no podía ser de otra forma aquí, a su faceta de editor e impresor.

     Estructurado en torno a once capítulos el texto comienza con los habituales apartados previos al estudio. Un prefacio breve, los correspondientes agradecimientos, lista de ilustraciones aparecidas, así como de las tablas de datos que se adjuntan en el texto, un apartado dedicado a las abreviaturas usadas, y el que me parece de mayor interés, un apartado dedicado a las convenciones editoriales, en el que la autora apunta los aspectos a tener en cuenta en relación con la transcripción de los textos originales, los nombres, los títulos de las obras, la conversión de las monedas en los datos originales, las fechas –por el tema de la adopción del calendario Juliano– y el uso para las referencias de página y folio. Breves subapartados que facilitan en mucho la lectura y la comprensión de los datos.

     Los dos primeros capítulos están dedicados a la etapa formativa de Morley, el primero de ellos a su infancia como cantor en Norwich –su ciudad natal–, así como su posterior nombramiento como maestro de los niños cantores en la catedral de dicha localidad; mientras que el segundo se centra más en su etapa juvenil, cuando fue admitido para estudiar música en la Oxford University, aunque parece que nunca llegaría a asistir como alumno presencial, y especialmente su salto de músico de iglesia al de empresario, sin duda el más sustancial de su carrera. Dos capítulos que sirven para aclarar algunas dudas que estaban pendientes en cuanto a su fecha de nacimiento, su infancia en Norwich y su desempeño profesional en la iglesia, además de su formación o no en Oxford y su relación alumno/maestro con William Byrd –quien le influyó de manera muy notable–.

    Los capítulos tres y cuatro se detienen en el aspecto del contexto musical, especialmente el editorial, el primero de ellos en lo referente al mercado de la música que la autora denomina recreativa –entendiendo el concepto en su contexto–, dedicando apartados muy esclarecedores en cuanto a la impresión musical en Inglaterra antes de 1590 –recordemos que en Inglaterra la primera publicación real completa data de 1575, con las Cantione Sacræ de Tallis y Byrd, cuando en Europa ya se estaba editando e imprimiendo desde comienzos del siglo XVI–, además del tipo de consumidores musicales que encontramos en la Inglaterra en este siglo, la manera en que la música circulaba por el país, el cambio de gustos y manera de consumir por el nuevo público; mientras, el siguiente capítulo se centra en la organización de la imprenta musical centrada en la capital británica, como se controlaba y gestionaba la impresión musical, así como el monopolio establecido por la reina Elizabeth I en manos de Byrd y el final de este.

     Los capítulos cinco, seis y siete se dedican íntegramente a la carrera desarrollada por Morley en lo referente al mundo editorial e impresor. El primero de ellos narra la consecución del monopolio de Morley por parte de la reina, no sin antes hacer alusión al sistema establecido para la consecución de un monopolio, para terminar con un apartado dedicado al monopolio tras la etapa de Morley. El sexto lo dedica al negocio editorial del autor, la economía de la editorial y lo ingresos de sus publicaciones. El séptimo capítulo se centra en el negocio como impresor –es necesario diferenciar entre el del editor y este–, refiriéndose al proceso a seguir a la hora de imprimir, el establecimiento de la imprenta, la rentabilidad económica de la misma y haciendo alusión a algunos casos particulares que supusieron un punto de inflexión en su desarrollo profesional.

    Los capítulos 8 y 9 analizan en que forma Morley responde a las necesidades del mercado a través de la elección de obras para sus clientes. Primeramente en relación al madrigal, dedicando apartados a la propagación del género y otras formas relacionadas, así como su acercamiento como compositor a dicho género profano –sus diversas publicaciones, las transcripciones que realizó y las antologías que editó e imprimió–. El noveno se centra en otros géneros, pues tras haber copado y establecido por completo el mercado de los madrigales ingleses se centró en otros géneros, especialmente dedicados a la música para consort y los ayres para laúd, aquello que se consumía de manera recreativa. Además se nos habla de la publicación de su A Plaine and Easie Introduction to Practicall Musicke, un manual musical de autoinstrucción que supuso la culminación de su proyecto editorial más ambicioso y que concluyó en 1597.

     Los dos capítulos finales [diez y once] sirven como fabuloso epílogo a toda la carrera de Morley, pues en ellos se nos da cuenta de su la importancia real que tuvo su labor en el mundo de la impresión, el impacto que tuvieron sus publicaciones, en definitiva, cuál fue su legado –su modelo sirvió como patrón editorial en los siguientes veinte años a su desaparición–.

     Se cierra el libro con una serie de cinco apéndices inteligentemente introducidos por la autora, que sirven de guía en el camino para la mejor comprensión de diversos aspectos: una tabla con las dedicatorias de Morley en sus publicaciones; la transcripción de la patente musical del autor en 1588; una tabla con los ingresos percibidos de por vida por sus publicaciones; una relación con las publicaciones llevadas a cabo por Morley y William Barley como impresores en Little Saint Helnes; las publicaciones de Morley como compositor. Los detalles de las colecciones son excelentes, con el título completo y todos los detalles de las piezas contenidas.

     Este es, pues, un libro de absoluta referencia ya no solo en el tratamiento de la figura de Thomas Morley y su labor como editor e impresor –más que la de compositor–, sino que lo es también en cuanto a la situación de la edición e impresión musical en la Inglaterra de finales del XVI. Un trabajo excelente el llevado a cabo por Tessa Murray, que Boydell Press ha sabido publicar para el solaz de los apasionados estudiosos, intérpretes y lectores de este período tan fascinante.

Publicado en Doce Notas el 06-II-2015.

martes, 17 de diciembre de 2013

Salve... [crítica en Codalario del último disco de Stile Antico]

Salve Britania

Stile Antico nos presentan un homenaje absolutamente deslumbrante de algunas de las piezas más destacadas de la era Tudor.

The Phoenix Rising. Stile Antico. Harmonia Mundi, 2013. TT. 74’34. Obras de William Byrd, Thomas Tallis, Thomas Morley, Orlando Gibbons, Robert White y John Taverner.

 
  Tengo que admitirlo: me fascina Stile Antico. He seguido su carrera desde el comienzo, cuando allá por 2007 saliese al mercado su primer disco, titulado Music for Compline, en el que se grababan algunas de las piezas más bellas del repertorio polifónico inglés del Renacimiento. Por aquel entonces, la frescura y calidad interpretativa de unas voces, cuya media de edad rondaba los 22-23 años, me dejó absolutamente fascinado y atónito. Alguien fue lo suficientemente inteligente en Harmonia Mundi –Production USA– para darse cuenta de que estábamos ante un grupo que supondría el futuro en este tipo de repertorio. Sus pronósticos se cumplieron. Han ido paso a paso, trabajando duro, y los éxitos cosechados han sido innumerables. Premios, conciertos por doquier, giras internacionales, alabanzas de público y crítica. Una carrera sólida en apenas siete años.

  El volumen de grabaciones es, además, intenso. Salen a disco por año. Este que presentamos aquí –octavo en su discografía– corresponde a este 2013. Un título sugerente y evocador, The Phoenix Rising, y un epígrafe, The Carnegie UK Trust & the revival of Tudor church music, absolutamente clarificador, que esconden algunas de las verdaderas joyas de la corona de la producción polifónica que en la Inglaterra del XVI nos legaran algunos de los más grandes maestros. Pongámonos, no obstante, en antecedentes. El Carnegie United Kingdom Trust es una sociedad de beneficencia que se creó con el fin de atender ciertas necesidades que la población de Gran Bretaña e Irlanda tenía en su momento. Cumple este 2013 el centenario de su fundación y toma el nombre de quien lo ideó, el escocés Andrew Carnegie, uno de los mayores filántropos de los siglos XIX y XX en Gran Bretaña. Pues hete aquí que dicha sociedad trabajó para la difusión de la polifonía inglesa de una manera absolutamente fundamental. Llevó a cabo la publicación de la Tudor Church Music [TCM], una colección en diez volúmenes –editada y publicada entre 1922 y 1929– que recogía algunas de las piezas más destacadas de la producción polifónica británica del XVI. Estos diez volúmenes se acompañaron de unas ediciones individuales, que recibían el nombre de octavo, y que pretendían ser utilizadas por los diversos y excelentes coro británicos para su interpretación. A pesar de algunos problemas en sus comienzos, estas ediciones supusieron un auténtico éxito, al menos si nos paramos a pensar en las apabullantes cifras: la edición del Ave verum corpus a 4 de William Byrd –publicada en 1922– había vendido 16.629 copias tan solo en 1930. De esta manera, esta TCM propulsada por el Carnegie UK Trust supuso un avance sin precedentes en la difusión de esta música, a la que debemos gran parte de la pasión que hoy día genera. Es comprensible, pues, que Stile Antico rindan un sentido homenaje a dicha edición y fundación, pues ellos mismos –como otras tantos grupos británicos– no tendrían sentido sin la existencia de ambas.

  La piedra angular sobre la que se construye todo el disco en la Mass for five voices, de William Byrd [c. 1540-1623], que es, sin duda, una de las grandes misas de todo el Renacimiento europeo. En ella, al igual que en sus otras dos misas –como destacan algunos autores– podemos encontrar un homenaje de Byrd a las misas de John Taverner, en este caso concreto a la célebre Missa Gloria tibi trinitas. Resulta maravillosa la forma tan pictórica en que el maestro inglés trata las palabras del texto y el delicado balance que consigue en el tratamiento de las cinco voces, un juego de contraste entre momentos de pocas líneas con otros pasajes de potencia sonora en las cinco partes; un verdadero guiño al estilo «arcaizante» anterior a la Reforma. Maravillosos algunos momentos especialmente, como la impresionante cadencia final sobre el amen del Credo o el Agnus Dei en su totalidad. También de Byrd es su Ave verum corpus a 4, uno de los motetes más destacados e interpretados hoy día de todo el XVI europeo. De una belleza desgarradora, sabe poner en música el dolor de la cristianos ante la muerte de Cristo y la veneración por su figura, pero prestando especial atención a la figura de este como hijo de la Virgen María –lo cual supone un problema en cuanto al tratamiento de la intercesión de esta en la figura de Cristo, una de las diferencias básicas entre el Anglicanismo y el Catolicismo. Fascinantes algunos de los acordes sobre palabras destacadas como ave, corpus, Virgine…, y la repetición desde el miserere hasta el final de la pieza, para destacar, más si cabe, la figura de la Virgen como madre de Dios –recordemos que Byrd era un recusante convencido del Anglicanismo, y que a pesar de la situación en la que se encontraba el país en lo religioso, supo mantener su credo y hacerse con la benevolencia de Elizabeth I gracias a su inmenso talento como compositor.

  Thomas Tallis [c. 1505-1585] –maestro del anterior– aparece representado en dos ocasiones. Primeramente con su impresionante Salvator mundi [I] a 5, una pieza en la que se observa su maestría en el manejo de la imitación y su talento para la creación de melodías absolutamente deslumbrantes. Le sigue In ieunio et fletu a 5 –al igual que la otra pieza, publicada en su Cantiones, quae ab argumento sacrae vocantur de 1575–, en la que se detiene más en el elemento armónico, destacando especialmente las líneas más graves, de sonoridad potente y expresiva.

  Orlando Gibbons [1583-1625] también está representado con sendas piezas, ambas completamente en inglés –únicos ejemplos del disco–, perfectos ejemplos del tratamiento del género Anthem en este país. Almighty and everlasting God a 4 y O clap your hands together a 8 –esta última es una de las piezas más célebres de su autor, destacando especialmente por el  carácter rítmico que subraya el texto jubiloso.

  Otro de los compositores representados por partida doble es Robert White [c. 1538-1574], uno de los que más se ha puesto en valor en los últimos años. Del mismo se registran aquí las lecturas de Portio mea a 5 y su Christe qui lux es et dies a 5 [IV], ambas de una belleza melódica prodigiosa, representantes del estilo más sosegado y menos «virtuoso» en la escritura. En la primera de ellas destaca el contraste entre los momentos plenos de sonidos con otros en el que participan únicamente dos o tres de las partes. En la segunda, las partes de polifonía se contraponen a algunas partes de los versos en canto llano, como era habitual para este tipo de textos dedicados a las «completas».

  Thomas Morley [1557-1602] nos trae una pieza realmente singular: Nolo mortem peccatoris a 4, que tiende un puente entre el género sacro y el profano, con dos versos introductorios en latín, a los que le siguen cinco en lengua vernácula –a la manera de Anthem–, que apareció, de hecho, en una fuente de música profana.

  El encargado de cerrar el disco es nada que John Taverner [c. 1490-1545], otro de los grandes maestros del XVI en Gran Bretaña. Su O splendor gloriæ a 5 es un ejemplo del gusto de este compositor por las antífonas votivas y las piezas de larga duración. Maravilloso el manejo de las texturas, consigue crear un auténtico entramado polifónico de intrincada majestuosidad que contrasta con momentos de vacío armónico aparente, en el que el desarrollo polifónico es casi puramente horizontal.

  Las versiones de las jóvenes voces de Stile Antico son, en todo punto, referenciales. El carácter está siempre enfocado a destacar el aspecto más expresivo, no únicamente técnico; y el color, equilibrio y afinación son irreprochables. La perfección se roza en prácticamente la totalidad del registro. La inteligibilidad de las líneas es asombrosamente meridiana. Lo que más sorprende de la visión de estos catorce cantores es lo cálido de las mismas. Mucho se ha achacado a los ensembles británicos lo alejados que están en ocasiones del aspecto expresivo en aras de la perfección técnica y estilística. En Stile Antico tenemos esa técnica apabullante, pero también un sentido de cercanía, de espiritualidad terrenal, que parecen ofrecernos la mano a su paso.

  Todas las líneas son impecables, dignas de alabanza y auténticos ejemplos para cualquiera que se dedique a esto. Lo de las hermanas Ashby –Helen y Kate– es de asustar en la línea de sopranos –impecable el sonido en el registro agudo y la facilidad en la línea de canto–, que se completa con la exquisita voz de Rebecca Hickey. Las altos –una de las peculiaridades de este conjunto es que no utiliza contratenores– son siempre deslumbrantes y poderosas, conformando una cuerda compacta y firme –a las «históricas» Emma Ashby y Eleanor Harries se une el fichaje de Katie Schofield. Los tenores, ejemplo del sonido británico para esta cuerda, destacan por su bello timbre y el gusto para acometer los registros más agudos; siendo los culpables: Jim Clements, Andrew Griffiths y Benedict Hymas. La sonoridad de los bajos es también particular en este conjunto; los bajos británicos pueden resultar a veces poco elegantes, demasiado directos y potentes en la emisión, sin embargo, Will Dawes, Timothy Murphy y Matthew O’Donovan son siempre elegantes, buscando una vocalidad amable pero siempre presente, que mantiene la estructura de todo el conjunto.

  Ya lo dije en su momento, Stile Antico no tienen actualmente nada que envidiar a cualquiera de los grandes grupos del mundo especializados en polifonía renacentista. Están entre los primeros, logrando siempre la excelencia. Son el futuro, pero también el presente. Tienen la enorme ventaja de haber permanecido unidos desde el principio, de componer una estructura sólida, firme, inquebrantable, en las que apenas ha habido algún cambio desde su fundación. Y eso se nota, vaya si se nota.

  Se completa el disco con una bellísima presentación por parte del equipo de Harmonia Mundi, y unas interesantes, aunque escuetas, notas críticas, firmadas por Matthew O´Donovan, uno de los bajos del conjunto. 

  Ya fue uno de los «ocho esenciales de la música antigua» que en su día recomendé para el anuario de Codalario, así que no se pierdan este disco. No escucharán un sonido tan hermoso interpretado por cantores tan jóvenes en ninguna otra parte, al menos de momento.

Publicado en Codalario el 11-XII-2013.