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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Abvlensis en... [crítica en Codalario del concierto que The Tallis Scholars y Peter Phillips dedicaron a Victoria en su ciudad natal]

Abvlensis en estado puro
The Tallis Scholars y Peter Phillips honran la memoria del polifonista abulense en un concierto inolvidable que rozó la perfección.

 Ávila. Iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás.20-VIII-2013, 20:00. Entrada: 12, 10 y 8 €uros. The Tallis Scholars. Director: Peter Phillips. Programa: Ávila, España, Méjico. Maestros del Renacimiento. Obras de Juan Gutiérrez de Padilla, Tomás Luis de Victoria, Francisco Guerrero, Sebastián de Vivanco y Alonso Lobo.


  Cuando uno admira tanto a un conjunto y a la cabeza visible del mismo, por llevar años dedicados a disfrutar de sus grabaciones y conciertos, admirando desde lo más profundo la manera de hacer y la excelencia conseguida a lo largo de los años, resulta harto compleja la empresa de realizar la crítica de un concierto en el que esa misma excelencia volvió a mostrarse en puro estado The Tallis Scholars.

  Es justo, no obstante, comenzar dedicando unas líneas al marco que ha acogido este concierto, único en España de la gira del 40 aniversario del ensemble británico, lo cual ha sido todo un logro. Abvlensis es un festival muy joven -tan solo lleva dos años-, pero a pesar de ello ha llegado ya a unas cotas que otros muchos quisieran con decenas de años a sus espaldas. Nacido de la ilusión de un grupo de jóvenes musicólogos y músicos de la ciudad de Ávila por resaltar y poner en su justo lugar la inmensa figura del abvlensis, Tomás Luis de Victoria, que a pesar de ser reconocido hoy como quizá el mejor compositor español de nuestra historia, ha pasado más que desapercibido durante años en la ciudad amurallada.

  Y así ha sido, pues tras una primera edición cargada de entusiasmo, la cual recibió una respuesta masiva por parte del público, este año han regresado, y lo han hecho a lo grande. Los actos programados para esta edición han sido: la presentación del último gran libro dedicado a la figura de Victoria, Estudios Tomás Luis de Victoria Studies -excelente libro, por cierto; un acto titulado Preambulum: TheTallisScholars, 40 años-en el que Peter Phillips y los miembros del conjunto hicieron un repaso a su trayectoria, su manera de abordar la polifonía renacentista, realmente interesante y divertida, en la que incluso nos regalaron la interpretación de un par de piezas de polifonía inglesa [Thomas Tallis y William Mundy]; un curso de interpretación de música policoral de Victoria, a cargo de Rupert Damerell -encargado de los ensayos previos y el trabajo más arduo- y Peter Phillips -quien ha dado el toque final y aportado su sapiencia al respecto-, que ha tenido una respuesta inmediata y masiva por parte de los intérpretes españoles -me consta que han tenido que ampliar las plazas hasta 50 y aun así ¡dejar fuera otras 70 solicitudes!; además de otros dos conciertos, uno protagonizado por el organista Juan de la Rubia, el otro por Marta Infantey Manuel, Vilas.

  Pero sin duda, el plato fuerte era el concierto inaugural, que traía a tierras amuralladas al conjunto más afamado del mundo en la interpretación de polifonía sacra del Renacimiento. The Tallis Scholars, ensemble formado un 3 de noviembre de 1973 por Peter Phillips, que por aquel entonces era un joven entusiasta de estas músicas con ganas de interpretar de la manera más pura posible unas obras complejas y que requerían de un talento palpable y muchas horas de estudio. Los comienzos fueron muy difíciles, y aunque poco a poco fueron saliendo adelante, el propio Peter confiesa que no se esperaba todo lo que sobrevendría. The Tallis Scholars son sencillamente unas estrellas a nivel mundial, de algo muy especializado y minoritario, sí, pero los mejores del mundo en lo suyo al fin y al cabo. Peter concibe su vida como la de un predicador de la polifonía renacentista por todo el mundo, llevándola a los lugares más lejanos que le es posible y acercándola a todo el público. Ellos han sido, en gran parte, los creadores de ese British sound que todos los demás han querido imitar, y sin duda los grandes potenciadores de que obras de compositores españoles, ingleses, franco-flamencos, italianos o portugueses de este período sean conocidas hoy por más personas de las que jamás se pudo llegar a atisbar.

  Y estando en la ciudad que vio nacer al Abvlensis, el programa no podía tener como pilar fundamental la música de otro que no fuese el propio Victoria. Se inició, no obstante, con una breve y maravillosa pieza de Juan Gutiérrez de Padilla, malagueño que acabó sus días en tierras mejicanas, siendo allí uno de los maestros de la polifonía más respetados. Su Deus in adjutorum a 8, maravilloso juego de oposición entre la sencilla entonación del canto llano y el dominio de las ocho voces en doble coro, que concluye con un esplendoroso Gloria Patri.

  La parte central del programa estuvo dedicada, como digo, a obras de Tomás Luis de Victoria. El primer bloque estuvo formado por la antífona Alma redemptoris mater a 8 -publicada en el libro de 1581b-, que destaca por ese precioso dúo del comienzo,en escalas descendentes entre el altvs primvs y el tenor primvs, una obra en la que el aún joven Victoria sabe aunar el estilo más intimista y "arcaico" de su primera etapa, con el colorido y la exuberancia del doble coro más cercano a su etapa de madurez. Basada precisamente en estaantífona está la Missa Alma redemptoris mater, también a 8 y publicada en su libro de 1600 a, en la que la maestría de Victoria a la hora de reutilizar el material preexistente resulta fascinante, dejándolo claramente patente en muchos momentos, mientras que en otros consigue reelaborarlo de una manera sutil y velada.

  Tras un generoso descanso se retomó la figura del maestro hispánico con una serie de obras de un carácter completamente distinto; un Victoria más íntimo, menos barroco, estilísticamente más anclado en la tradición renacentista. De su Officium Hebdomadæ Sanctæ [1585a] se interpretaron tres de sus lamentaciones, concretamente las pertenecientes al SabattoSancto. Hay que tener en cuenta un aspecto en relación a las notas al programa, pues en la distribución de las voces aparece para cuatro partes en las dos primeras lamentaciones, quedando la tercera a seis partes. Realmente esta distribución de voces, si bien correcta -al menos en el comienzo de las piezas es así, pasando a ampliarse en el verso Ierusalem convertere ad Deum tuum-,puede confundirse con la que se encuentra en el manuscrito de la Capella Sistina. The Tallis Scholars interpretaron la versión posterior sí impresa por Victoria, en la que la primera de las lamentaciones es a seis partes, la segunda a cinco y la última a ocho. Es un dato relevante y que no debe confundirse, pues hay sustanciosas variantes musicales y textuales entre ese manuscrito -que suele considerarse anterior- y la publicación impresa de 1585.

  Se cerró la interpretación de Victoria con su motete luctuoso Versa est in luctum a 6, también perteneciente a este oficio de Semana Santa, y que es una de las obras más emocionantes de cuantas salieran de la inspiración "victoriana", que posee, además, uno de los textos más hermosos de todos los que se hayan usado con frecuencia en las composiciones de la península.

  El programa se completó con dos obras de polifonistas hispánicos de gran relevancia. Primeramente el motete Us quequo Domine a 6, del sevillano Francisco Guerrero. Preciosa obra en la que Guerrero muestra sus dotes compositivas en un contenido ejercicio de contrapuntístico en contraposición a momentos homofónicos, musicalizando un texto de claro carácter suplicante.Una obra poderosa en su recepción, de densas texturas, pero simplicidad en su carente uso de disonancias y suspensiones, que apoyan la emoción de la imploración. Se cerró el concierto con el extraordinario Magnificat octavi toni a 8, de Sebastián de Vivanco, maestro también abulense que desarrolló su carrera en Salamanca. Una obra de contrastes, destacando especialmente el producido entre el uso de las ocho voces en algunos de los versos, dejando otros solamente a cuatro. Además, como solía ser costumbre en la época, Vivanco pone en polifonía únicamente los versos pares, quedando lo impares en el canto llano habitual. Impresionante la fuerza que desprende esta obra, especialmente en el verso Gloria Patri, et filio, et Spiritu Sancto -la cadencia final corta la respiración.

  Música de una altura que no muchas veces puede escucharse en un concierto, pero que necesita de unos intérpretes que estén a la misma altura para que el resultado sea algo irrepetible, casi mágico. The Tallis Scholars no son la mayor referencia a nivel mundial en estos repertorios por nada, y las 300 personas que abarrotaban la maravillosa Iglesia del Real Monasterio de SantoTomás, pudieron darse cuenta de ello desde el primer acorde. Constando esta vez con el concurso de los siguientes miembros: Janet Coxwell, Amy Haworth, Amy Wood, Juliet Fraser [soprano]; Patrick Craig, Hannah Cooke [alto]; George Pooley, Simon Wall [tenor]; y Stephen Charlesworth, SimonWhiteley [bajo]; si bien quizá cantores no absolutamente titulares en la plantilla actual del conjunto -hubo bajas importantes, como Caroline Trevor, Mark Dobell, Christopher Watson, Tim Scott Whiteley o Robert Macdonald-, aun así el resultado terminó por ser absolutamente brillante, algo completamente excepcional de ver en territorio español con asiduidad. Debo sincerarme, pues he tenido una importante duda a la hora de enfrentarme a esta crítica. Es bien cierto que hubo algunos errores durante el concierto, errores muy notables que quizá para otro conjunto serían auténticas nimiedades -problemas en varias entradas, sobre todo en la línea de soprano I; una línea de tenor I que desmereció en bastante el resto del conjunto-, pero en el caso de TTS pueden llamar poderosamente la atención, precisamente por lo cercanos a la perfección que se muestran siempre. Sin embargo, ¿es pues preciso reparar en esos fallos dada la excelencia absoluta del conjunto, o por otro lado es preferible darlos como meras muestras de su carácter humano y ensalzar la magia que fueron capaces de crear pese a todo? Tras mucho pensar, me decanto por lo segundo.

  Resulta verdaderamente complejo hacer una crítica de un concierto en el que la excelencia y la complejidad de lo allí sucedido sobrepasa lo meramente sonoro. Es decir, ¿cómo se intenta transmitir al lector lo ocurrido en una noche en la que el tiempo pareció detenerse, en la que uno se siente tan absolutamente ínfimo entre tanta inmensidad, en el que la belleza y los momentos tan cercanos a la perfección son capaces de envolverte y de sobrepasarte de una manera tan brutal? Pues creo que no se puede. The Tallis Scholars trascienden cualquier plano musical. La perfección técnica, marca de la casa, y que ya se les supone, resulta casi una mera anécdota al lado de otras muchas maravillosas cualidades -y aun así sigue sobrecogiendo absolutamente la capacidad, el dominio técnico y la facilidad en la manera de cantar tan insultante. Las líneas se clarifican, su vuelven diáfanas, límpidas; el equilibrio entre las voces es total -nadie suena más que nadie cuando no tiene que hacerlo-, el entendimiento del resultado global por parte de cada cantor es total; el tactvs es siempre impecable, manteniendo siempre el carácter aún con los cambios producidos por el uso de proporciones. Sencillamente se roza la perfección en cada momento. Incluso con la elección del número de cantores, que provocó que en las piezas a ocho hubiese una voz por parte en todas las líneas a excepción de las sopranos, que contaban con dos, el equilibrio no se veía afectado en lo más mínimo, consiguiendo en los momentos en los que se juntaban dos cantores en una línea sonar como si de uno solo se tratase. El nivel de excelencia medio de un concierto suyo es tan, tan alto, que apenas uno puede concebirlo como real. 

  Y es que estos cantores tienen delante a uno de los mayores expertos en este tipo de repertorio, una persona que lleva dedicada prácticamente toda su vida a desentrañar cada milímetro de las miles de partituras que ha tenido el placer de interpretar. Versiones y gustos aparte, su conocimiento es tan absoluto, tan profundo, que todo cobra un sentido sin igual cuando sale de su cabeza y se instala en las voces de sus cantores. Mucho se habla de lo que fácil que resultaría dirigir a TTS con esos cantores tan excelsos, ¿Pero de verdad creemos que el resultado sería el mismo con cualquier otro al frente? Ni por asomo.

  Estamos hablando, sin duda, de un acontecimiento que marcará un antes y un después en la historia musical de la ciudad de Ávila. Probablemente, aquellas 300 personas que hemos tenido el absoluto privilegio de encontrarnos ahí en ese preciso momento, no volveremos a ser las mismas, al menos no en lo más profundo de nosotros. Qué difícil y qué mágico cuando alguien es capaz de conseguir algo así.

 Publicado en Codalario el 23-VIII-2013.

sábado, 23 de marzo de 2013

The Choir Project al día [23-III-2013]

[Music for Holy Week].
Juan Gutiérrez de Padilla [c.1590-1664]: Lamentatio Ieremiae Prophetae. In Coena Domini à 6.
The Tallis Scholars - Peter Phillips.
Lamentations in Amercia.


   Martyn Imrie wrotes about Padilla:
"In 1519 the Spanish adventurer, Hernan Cortés, landed near the
site of modern-day Veracruz on the coast of the Gulf of Mexico, leading an expedition from Cuba to explore and secure the interior for Spain, as a prelude to colonisation. With him were just a few hundred men, some horses, several dogs, and one cannon; in front of them pestilential swamps and forests, and a twenty-five million-strong native population. Yet less than three years later, the Aztec capital of Tenochtitlan (soon to become Mexico City), and the Aztec nation, had fallen to him and to Spain. Cortés was appointed governor of this Nueva España (New Spain) in 1522. Hard on his heels came the settlers and the Church (the first Franciscan monks arrived in 1524). A frenzy of building followed, with many new towns laid out in the Spanish style of a central plaza (zócalo) surrounded by a grid of streets, and of course a multitude of churches were built to accommodate the innumerable new converts from the native population.
By the beginning of the seventeenth century, the whole country had been fully subjugated. With such rapid progress and growth, church musicians were needed, and must have found employment in the rich new colony an attractive proposition. Among these were Hernando Franco, born near Alcántara, Spain, who emigrated to Guatemala City in 1554, later becoming choirmaster (until his death in 1585) at Mexico City Cathedral; and Juan Gutiérrez de Padilla himself, the composer of the music recorded here.
Padilla was born in Spain at Málaga, probably in 1590, and he was trained at the cathedral there by Francisco Vásquez; by 1613 he was maestro de capilla at the cathedral in Jérez de la Frontera and later, for about four years until 1620, he held the same post at Cádiz. When he went to Mexico is not known precisely, but he had become a singer and assistant maestro at Puebla Cathedral by 1622, being promoted to maestro de capilla in 1629, a post he held until his death in 1664. The city of Puebla (de los Angeles), a staging post on the road between the port of Veracruz and Mexico City, was founded in 1531, unusually a completely new foundation, rather than supplanting an existing native settlement. It quickly established itself as the second city of the new colony and by 1539 it had a cathedral. The present cathedral, however, was begun in 1562, finally completed in the mid seventeenth century, dedicated in 1649 by Bishop Palafox, (who was also notable for donating to the city a public library of five thousand volumes in 1646).

   Padilla would have found a thriving musical culture in the churches, the repertoire featuring many of the major European composers of note of the time (we find works by Palestrina, Morales, Guerrero, Navarro, Victoria, A. Lobo, Rogier, Ghersem, Vivanco preserved in the Puebla Cathedral music library). Music in New Spain was always modelled on that of Old Spain, and the cathedral music tradition was fully established there by the beginning of the seventeenth century. At the old cathedral, Padilla’s predecessors included Pedro Bermúdez (1603-ca.1606) and Gaspar Fernandez (1606-1629), both of them composers.

   The new cathedral at Puebla was particularly impressive, its interior decorated in gold, onyx and marble, belying its dull grey outside, second in magnificence only to that of Mexico City eighty miles to the north. And it was completed by and thrived under Bishop Juan de Palafox y Mendoza, who arrived there in 1640. He was not only wealthy but had an interest in, and an appreciation of, Art in the service of the Church. So it was during his episcopacy that much money was invested in the choir and instrumental players, and in music for them. The choir under Padilla in 1645 included 28 men and 14 boys, some of the men also being players of instruments such as the harp, the organ and the bajón - bringing Puebla Cathedral to the position of richest musical establishment in the Spanish Empire outside Spain itself.

   Padilla’s surviving music comprises Masses, Motets, Psalms, Hymns, a Passion, Holy Week music and two sets of Lamentations. He may also have written villancicos, for the church at that time actively encouraged their composition, to be performed at Matins and Vespers on saints’ and major feast days. Many villancico texts (in Spanish, of course) survive from the period, often by the famous Sor Juana Inés de la Cruz, but the music is no longer extant.
Perhaps such occasional, popular pieces were not thought worthy of preservation.

   The source for the main bulk of Padilla's surviving music is a large choirbook preserved in Puebla Cathedral itself. It was copied in 1663 by order of the Cathedral Chapter, who desired that all Padilla’s works be collected and bound together, so great was the esteem in which his music was held during his lifetime. Double-choir music (for eight voices) dominates his output - of course, the layout of Spanish churches at the time, with the choir bisecting the nave, enclosed on three sides and with the singers sitting in two sets of rows opposite each other, favoured cori spezzati and their antiphonal possibilities, and the use of instruments.
During Padilla’s time, instrumental participation, often lavish, would have been routine, certainly at the more important Feasts, and some of the wind players would have been expected to sing too at those services during Advent and Lent, when generally only organ and bajón were used. For this recording, organ, harp, theorbo and bajón are used to accompany and for doubling the voice parts [The Sixteen's album "Stream of Tears"].

   Notable in Padilla’s output are several pieces for high voices and baritone for Holy Week, and some highly expressive motets for five and six voices, in a confident, but conservative polyphonic style, carrying on that great tradition of native Spanish polyphony of the sixteenth century. The new Italian style does not seem to have attracted Padilla; however, there is a rich harmonic language, replete with chromatic shifts, that links his music firmly to the seventeenth century. An outstanding and obvious feature is the energy and rhythmic drive he generates, notably in the double choir pieces: syncopations, frequent off-beat entries, jumps from major to minor (sometimes overlapping), all combine to keep his music very alive and often positively exciting, full of New World sunshine.
In the Church year, there is a time for weeping and a time for rejoicing, and Padilla shows in his music a subtle and acute sensitivity to the chosen texts, joyful or sad. Lamenting, Padilla demonstrates his versatility in his two sets of Lamentations, as well as in briefer essays, motets such as his setting of Stabat Mater or Versa est in luctum.
But often excitement and passion seem ready to burst out at any moment, at least in the double-choir music.

   [...] Padilla made two settings of verses from the Lamentations of Jeremiah: one (for SSAB) is for Good Friday, and the magisterial Maundy Thursday set (for SSATTB) recorded here. Padilla
reduces the scoring at Ghimel. Migravit ...angustia, to two sopranos, alto and bass, otherwise he maintains a continuous flow of dense polyphony, producing a rich and colourful sonority."

   For Peter Phillips:
"[...] His six-voice setting of the Lamentations is one of his finest achievements, employing an impassioned musical language which is spiced up with the augmented intervals beloved of every Iberian composer of note in the early seventeenth century, Portuguese as much as Spanish. The reduced-voice section at Ghimel, followed by the verse Migravit Judas, is a classic case of this. I have never elsewhere come across the astonishing harmonic move he makes at inter gentes. The fact that this set is scored for SSATTB points to the influence of Victoria and other Spaniards, who tended to favour this line-up in six parts. Victoria's seminal setting of the Requiem is scored like this. Quite why it was thought appropriate to use such a potentially bright sound for Requiems and Laments is one of the many mysteries of the Spanish school."

   This music is a great example of the influence of Hispanic polyphony in the New World. This piece is really "Spaniard" and European. The treatment of eight voices is really superb, brilliant and profound.
The version by The Tallis Scholars and Peter Phillips is really exciting: absolutely "British sound", perfect pitch, balance, lines crossing, counterpoint, harmonic interleaving... An incredible piece and performance that complete and absolutely essential album.