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martes, 23 de junio de 2015

«Corelli...» | Crítica del último disco de Enrico Gatti y Ensemble Aurora para Glossa

Corelli redescubierto
El violinista italiano y su conjunto graban por primera vez estas sonatas inéditas, recientemente atribuidas al maestro de Fusignano, en unas lecturas fascinantes y preclaras que suponen un aporte trascendental a la fonografía existente del compositor italiano.

The ‘Assisi’ Sonatas. Música de Arcangelo Corelli. Ensemble Aurora | Enrico Gatti. Glossa Music, 1 CD [GCD 921209], 2014. T.T.: 74:43.


   La música es fascinante. Cuando parece que ya está todo dicho de un autor dado –además de uno de esos sobre los que se ha vertido mucho trabajo– llega alguien y nos muestra que todavía cabe un poquito más. Este es el caso del registro fonográfico que presentamos aquí, que tiene como protagonista a Arcangelo Corelli [1653-1713], figura fundamental en el desarrollo de la sonata para violín –da Camera y da Chiesa– y del concerto grosso, además de uno de los maestros más influyentes de todo el Barroco europeo, imitado por muchos de los más grandes. De Corelli se tenía claro desde hace varias décadas que su corpus compositivo se componía únicamente de seis colecciones: cinco de ellas dedicadas a sonatas para violín –la última para violín y continuo, mientras que todas las anteriores para dos violines y continuo–, centrando su Op. VI en el concerto grosso, publicando la colección más importante e influyente en la historia de la música dentro de este género. Además de estos seis opus se ha ido añadiendo algunas piezas sueltas que se le han ido atribuyendo a lo largo de los años, especialmente para violín y continuo, algunas sonate a quattro, e incluso alguna obra para trompeta.

   Por lo tanto, lo que supone esta aportación, ya no solo al mercado discográfico, sino a la historia de la música es algo que va más allá de un mero registro discográfico en el que se graban algunas piezas de nueva atribución. Y es que estas «Assisi» Sonatas suponen un descubrimiento mayúsculo, pues hablamos de la incorporación del que sería su séptimo opus, compuesto por estas doce Sonate da Camera à violino e violoncello solo hasta ahora desconocidas y por supuesto nunca antes grabadas en disco compacto. Estas doce sonatas, llamada así por encontrarse custodiadas en el Sacro Convento di San Francsico de Assisi, se han hallado en el llamado Ms. Assisi 177, junto a una serie de obras, copias de piezas conocidas de autores como Tomasso Albinoni, Giuseppe Torelli o el propio Corelli –algunas sonatas de su Op. V–, así como algunas obras de autor anónimo. El manuscrito parece haber sido descubierto en 1963 por el musicólogo Mario Fabbri, aunque desde el comienzo estas sonatas fueron catalogadas como espurias por Hans Joachim Marx, quedando fuera, por tanto, de la edición crítica de la Opera Omnia de Corelli. Sin embargo, y tras un exhaustivo estudio por parte de musicólogos e intérpretes, se ha llegado a la conclusión de que sí se trata de piezas con la mano de Corelli tras de sí. Piezas sin duda muy unidas a la sonata de la escuela bolognesa del XVII, además de con grandes similitudes en cuanto al uso de ciertos recursos, pero también en su estructura, y con claras concordancias con algunas de las sonatas posteriores de las que no se tiene duda de su autoría. Todo ello hace que, tanto para Guido Olivieri –musicológo y autor de las magníficas notas críticas del registro– como para Enrico Gatti –quien no solo las graba aquí, sino que ha sido el autor de la edición crítica de las mismas–, se trata de una colección de sonatas con clara autoría por parte del maestro de Fusignano.

   Obras de duración muy breve, que suelen construirse en base a tres movimientos: un preludio inicial de carácter calmo y tempo lento, que es seguido por dos movimientos de danza con un tempo más ágil y un carácter más animoso, que suelen ser un Balletto/Alemanda para el primero, y una Corrente/Gavotta para el último de ellos. Por su estructura, así como su lenguaje, y por supuesto por la localización del manuscrito, se apunta a que se trata de obras escritas durante su etapa en Bologna –las datan como anteriores a 1675–, probablemente como ensayos previos a sus composiciones posteriores –para Olivieri se aprecia cierta inexperiencia en la escritura en el tratamiento de la sonata–. Si bien es cierto que no se trata de piezas tan redondas como las de su Op. V, ni tan siquiera de su primer opus, publicado en Roma en 1681, no lo es menos que se aprecian algunos momentos gloriosos de esa escritura que tan grande le haría en Italia y en gran parte de Europa. Algunos de sus movimientos lentos iniciales son de una elocuencia y  belleza fascinantes: escúchese el Preludio: Adagio de la Sonata n.º 4 en Do mayor, el Preludio: Adagio de la Sonata n.º 2 en La mayor, o el Preludio de la Sonata n.º 12 en La mayor –fantástico el bajo caminante tan característico en la escritura de Corelli–.

   Se completa el disco con cuatro sonatas que forman parte del catálogo «corelliano», dentro del apéndice Anhang, piezas que parecen proceder de su período romano, con una escritura más refinada, experimentada y pulida, pero que precedida de la escucha de las «Assisi» Sonatas da interesantes y claras muestras de la similitud existente en el lenguaje compositivo entre todas ellas.

   El trabajo realizado aquí por el violinista Enrico Gatti, especialista en el violín barroco, y de manera particular en el repertorio italiano de los siglos XVII y XVIII, es absolutamente admirable, y en el caso que nos ocupa poco menos que devocional por su parte. Gatti es uno de los intérpretes más solventes en el aspecto técnico de cuantos se han dedicado en las últimas décadas al violín barroco, pero se presenta como un intérprete muy dotado en el aspecto expresivo, que cuida de manera muy profunda. Es, por lo demás, uno de los intérpretes musicológicamente más rigurosos del panorama, seleccionando siempre programas de gran interés y que aportan algo siempre novedoso, mostrando siempre lecturas muy acertadas en la elección de los tempi y en el carácter que aporta a cada pieza. Por eso, el hecho de que se muestre tan seguro al atribuir la autoría de estas piezas al gran Corelli, convierte a este registro en un descubrimiento de unas magnitudes muy considerables.

   Le acompañan en la empresa el violonchelo barroco de Gaetano Nasillo –otro de los intérpretes más capaces del planeta en su instrumento–, así como Anna Fontana en el clave. Todos interpretan con instrumentos puramente originales –violín Cornelis Kleymann, Amsterdam, c. 1660; violoncello Giuseppe Ungarini, Fabriano c. 1750; clavicembalo anónimo, Firenze, segunda mitad del XVII–, lo que confiere a esta grabación otro punto más para auparla a un lugar de privilegio. La lecturas resultan límpidas, realmente honestas, muy apasionadas, pero manteniendo esa mirada con cierta distancia que aporta sosiego. En definitiva, unas interpretaciones muy inteligentes, que saben gestionar de manera sobresaliente los escollos y encumbrar piezas quizá aún carentes de la genialidad del Corelli maduro, pero con trazas de una calidad compositiva de enorme calado.

   Un disco, que como es habitual en Glossa, se completa con una edición de lujo, una gran toma de sonido –gran balance entre las líneas, aunque quizá algo presentes algunos ruidos externos que perturban un tanto la escucha– llevada a cabo por Raffaele Cacciola –quien también produce–, con la edición y masterización de Sigrid Lee, pasando por las manos finales de Carlos Céster y su asistente editorial, María Díaz, para firmar un trabajo de lujo. Sin duda un trabajo que muestra un nuevo Corelli, hasta ahora inédito, que sitúa a este álbum como un imprescindible para los apasionados seguidores de su música, que el mundo hay muchos. Creo que Gatti no pudo estar más acertado al dedicar la presente grabación –aunque editado en 2014, la grabación es de diciembre de 2013– con las siguientes palabras que me permito el lujo de reproducir aquí para cerrar esta crítica, pues me parecen el homenaje más sincero que un intérprete puede hacer:

Ad Arcangelo Corelli
Maestro di stile, grazia e dolcezza, nel 300º aniversario della sua morte.
Ratio nunc est, impetus ante fuit.


Publicado en Codalario el 8-IV-2015.

lunes, 27 de enero de 2014

Mille... [crítica, para Doce Notas, del último disco del Ensemble Aurora y Enrico Gatti en Glossa]

Mille... grazie
Enrico Gatti y los suyos lo vuelven a hacer, firmando un exquisito recital en el que el violín termina por convertirse casi en una mera excusa.

Mille consigli. 17th-Century Italian Violin Sonatas. Obras de Giovanni Battista Fontana, Giovanni Pierluigi da Palestrina/Francesco Rognoni/Aurelio Virgiliano, Antonio Bertali, Alessandro Piccinini, Tarquinio Merula, Marco Uccellini, Giovanni Antonio Bertoli, Michelangelo Rossi, Giovanni Legrenzi y Dario Castello. Ensemble Aurora – Enrico Gatti. Glossa [GCD 921208]. 2013. T.T.: 78:54.


  Mille consigli. Título curioso, evocador. Tiene como base las propias palabras aparecidas en Le instabilità del ingegno, texto de Anton Giulio Brignole, considerado hoy día casi como un manifiesto de la estética barroca, del uso del lenguaje, de la búsqueda de colores, metáforas, del cambio improvisado de imágenes, en clara referencia al juego de contraste y la imaginación del Barroco en estos primeros años del Seicento. La «escuela» –realmente no se puede hablar de esta como tal– violinística italiana del Seicento es una de las más absolutamente deslumbrantes y destacadas de cuántas hayan ido surgiendo en Europa desde que el nacimiento del violín como instrumento tuviera lugar no muchas décadas antes. Como el mismo Enrico Gatti destaca, en una entrevista en su página personal de Internet, es una música –sobre todo la de la primera mitad de siglo– repleta de colores y emociones, como si de un caleidoscopio se tratase, y que para él es posiblemente la que mejor podría definirse como barocca.

  Como siempre, menos es más. Cuatro intérpretes y una decena de autores son suficientes para dar buena muestra de ese crisol cromático-emocional que Gatti destaca. Comienza el disco con la absolutamente desgarradora Sonata seconda à violino solo, de Giovanni Battista Fontana [1571-1630], desde mi punto de vista, la pieza más hermosas de cuántas desfilan en el presente registro y ejemplo magistral del contraste de color y sensaciones que proponía desde sus inicios el Barroco. Del mismo compositor se nos ofrece un poco más adelante su Sonata duodecima a due, fagotto e violino, maravilloso entrecruce de instrumentos contrapuestos, cuyas sonoridades absolutamente extremas en rango se adaptan a la perfección en una textura liviana y diáfana, ayudada por un ritmo armónico bien marcado y clarificador.

  Giovanni Pierluigi da Palestrina [1525-1594] está representado con dos piezas –no, no es que se haya descubierto recientemente que Palestrina componía para instrumentos, pueden seguir tranquilos–, concretamente en dos disminuciones, la primera de ellas de su motete Pulchra es amica mea a 5, realizada por Francesco Rognoni [fl. Segunda mitad del XVII], que es todo un especialista en estas lides, y sabe captar la esencia de la composición vocal renacentista para pasarla por el tamiz de la escritura instrumental barroca de la manera más satisfactoria posible; la segunda corresponde al madrigal Vestiva i colli a 5, de los que se encargan a la par Aurelio Virgiliano [c. 1540-c. 1600], en su primera parte, y el propio Gatti en la segunda, consiguiendo un resultado exquisito y realmente homogéneo, al contrario de lo que podría pensarse.

  Antonio Bertali [1605-1691] es uno de los mayores exponentes dentro de esta «escuela» violinística, como da buena cuenta la calidad de las piezas que de él se han conservado. Se interpreta aquí su obra más célebre, que lo es por méritos propios, su Chiacona a violino solo, uno de los ejemplos más hermosos en la construcción de una pieza para violín sobre el célebre ostinato.

  Tarquinio Merula [1595-1665], otro de los grandes, está representado aquí por su La Cappellina, una hermosa canzone de vigorosa y sutil rítmica, en la que violín y fagot se encargan de las líneas solistas, en un contrapunto ligero y elegante.

  Marco Ucellini [c. 1603-1680] aparece aquí por partida doble: Sonata Op. V, nº. 11 y Sonata Op. VIII, nº. 3, hermosos ejemplos de la parte más técnica, en clara búsqueda del contraste y el equilibrio que en este momento un sector de estos violinistas requerían para sus obras –en la línea de Fontana o Castello–, y que tiene como resultado una sonoridad más profunda y expresiva.

  Giovanni Antonio Bertoli [fl. primera mitad del XVII] es uno de los compositores menos conocidos, pero su papel en la historia de la música destaca por ser uno de los primeros en darle importancia al fagot como instrumento solista. De su colección de 1645, dedicada a dicho instrumento, se extrae su Sonata seconda, un ejemplo de virtuosismo contenido, que busca más las sensaciones y colores que la mera tecnicidad interpretativa.

  De Giovanni Legrenzi [1626-1690], uno de los grandes compositores del XVII italiano, a la par que uno de los principales maestros de música del momento, se graba aquí su Sonata Op. II, nº. 8, La Foscari, en la que de nuevo violín y fagot protagonizan un intenso diálogo, fruto de un profundo conocimiento de la escritura virtuosística para instrumentos melódicos.

  Dario Castello [fl. primera mitad del XVII] es, junto a Fontana y Uccellini, el maestro más capaz en la conjugación de técnica y expresión, no siendo, en verdad, su Sonata ottava a due, sopran e faghotto un ejemplo de especial hondura compositiva. Sin embargo, el manejo de la textura contrapuntística se hace latente en cada pasaje.

  Pocos violinistas mejores que Enrico Gatti pueden venirnos a la mente para abordar un repertorio de estas características. Y así es, el despliegue es casi infinito. Lo técnico se da por supuesto en alguien de este nivel, pero no deja de sorprender, aun con todo, en muchos de los momentos más intrincados en la escritura. Gatti es, además, un intérprete especialmente dotado para el sentimiento, la evocación y la hondura expresiva, lo que es absolutamente de agradecer, porque un disco de estas características firmado únicamente por un virtuoso puro y duro, hubiera perdido prácticamente toda su esencia. Hay que destacar, por lo demás, la esplendorosa sonoridad de su violín Cornelis Kleynman de c. 1660.

  Le acompaña en labores solista la gran Elena Bianchi, uno de los puntales dentro de la interpretación de fagot barroco. Su sonido es sutil, rico en matices y tremendamente constante a pesar del constante cambio de registros a los que se ve sometida durante toda la grabación. Además, sabe bien cuando plegarse a las labores de continuo y hacerlo de la manera más efectiva y afectiva posible.

  El continuo está absolutamente garantizado con la presencia de dos grandes intérpretes: la tiorba de Gabriele Palomba –habitual compañero de Gatti– siempre consigue encontrar el punto justo en su labor, entre la elegancia requerida, pero sin dejar de lado la contundencia y presencia necesarias para desarrollar de la manera más adecuada dicha labor. Tiene un pequeño espacio en el disco para el lucimiento personal, en la Toccata decima de Alessandro Piccinini [1566-1638], y vaya si se luce; sin ser esta una pieza extremadamente compleja, Palomba consigue desplegar todo un muestrario de colores, de nuevo referencia a ese mille consigli. Por su parte, el organista Fabio Ciofini triunfa absolutamente sentado ante el teclado del fantástico órgano Luca Neri de 1647, sito en la Collegiata di San Nicolò, Terni. Lo hace con un continuo efectista, de sonoridad profunda y siempre presente, destacando en el aspecto técnico al enfrentarse a su pieza a solo, la fantasiosa y desbordantemente cromática Toccata settima de Michelangelo Rossi [1601/1602-1656].

 Desde luego, si el Ensemble Aurora  y Glossa quería dar buena muestra de la inmensidad de posibilidades que el violín, pero no solo, desplegó durante buen parte del XVII en Italia, a buena fe que pueden sentirse orgullosos. Un disco de escucha honesta, de los que se sienten sinceros, hechos con la más absoluta pasión. Puro disfrute.

Publicado en Doce Notas el 21-I-2014