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lunes, 6 de mayo de 2013

In Furore... [Crítica del concierto de Forma Antiqva para Codalario]

In Furore
El conjunto español ofrece un Vivaldi tremendamente teatral


Oviedo. Auditorio "Príncipe Felipe". 30-IV-2013, 20:00. Entradas 23 y 18,50 €uros. Aitor Hevia [violín], Forma Antiqva - Aarón Zapico. Programa: Le Quattro Staggioni. Obras de Antonio Vivaldi y Georg Philipp Telemann.


      Siempre es difícil ser profeta en su tierra, más si se trata, como es el caso, de un conjunto de la desorbitada juventud entre sus miembros como sucede con Forma Antiqva, conjunto formado alrededor de los tres hermanos Zapico, que surgió hace ya algunos años en Langreo, una pequeña localidad minera asturiana. Sin embargo, la fulgurante carrera de este conjunto ha sido todo un ejemplo para los jóvenes conjuntos españoles dedicados a la música antigua.
       Así, se presentaban el pasado martes en el Auditorio "Príncipe Felipe" de Oviedo, organismo del que son conjunto residente, dentro de la temporada de Conciertos del Auditorio 2012/2013, con un programa que desgranaba el contenido de su último registro discográfico. Nada menos que una nueva versión de las celebérrimas Le Quattro Stagioni. A priori uno puede pensar, ¿otra vez Las Estaciones? En efecto, pero con una versión en la que todo tiene un sentido. Estamos, indiscutiblemente, ante la versión más personal que probablemente se haya realizado nunca de estos cuatro conciertos.
       Comenzó la velada con un primer bloque protagonizado por la figura de Georg Philipp Telemann, del que se interpretó dos de sus Concerti Polonaise, en los que se observa la exquisita mezcla de estilo italiano y francés tan en boga en el momento. El primero de ellos [TWV 43:G7], alterna movimientos lentos-rápidos, tratando el conjunto a la manera del concerto grosso barroco; mientras que el segundo [TWV 43:B3] sigue la misma disposición pero introduciendo una polonoise en su primer movimiento, dejando claro el marcado carácter "europeo" de la pieza. Las obras fueron interpretadas con suma elegancia, dejando clara constancia del ir y venir en la elección del tempo de los distintos movimientos, mostrando ya el camino por el que íbamos a transitar durante el resto del concierto. Juego constante con lo rítmico y contraste absoluto en la dinámica y la agógica. Entre ambos concerti se introdujo una de esas pequeñas piezas para cuerda sin carácter solista que compuso el cura veneciano, concerti a quattro, que él mismo denominaba en sus autógrafos como concerti ripieni, y que se dividen básicamente en dos tipologías: concerti y sinfonie, obras que destacan por su claro perfil vanguardista. Para la ocasión se interpretó la Sinfonia RV 111a, que encontramos exacta -a excepción del movimiento intermedio- como sinfonia avanti l'opera en Il Giustino. Música "vivaldiana" en estado puro, con energía a raudales en los movimientos extremos y un lirismo deslumbrante en el movimiento lento central -que es de una belleza apabullante. La versión de Forma Antiqva siguió en esa misma línea de confrontacíon, marcando mucho ese carácter vital de los movimientos rápidos, dejando su lado más amable y ondulante para el segundo movimiento.
       Sin intermedio, hizo su aparición en el escenario, el también asturiano, Aitor Hevia, principal protagonista de este segundo bloque, en el que por fin saltaban a la palestra los Concerti Figurati ossia Le Quattro Stagioni. Obra de sobra conocida que parte, como es bien sabido, de unos sonetos escritos por el propio Antonio Vivaldi, y que parecen suponer el primer rastro de música programática de la historia, aunque este es un asunto que trae siempre consigo un enorme debate. No hablaremos sobre la pieza, porque la interpretación supuso en este concierto quizá un rasgo más definitorio que la propia música.
      Cuando alguien se arriesga a interpretar y a grabar una nueva versión de esta archiconocida obra, ya en pleno 2013, y cuando tenemos en nuestras fonotecas docenas de versiones historicistas de grandísima calidad, es que está muy seguro de que tiene algo realmente nuevo y diferente que ofrecer. Y así es, Forma Antiqva presenta la que para mí supone la versión más auténticamente personal que jamás haya escuchado. Las premisas son claras: la teatralidad por bandera, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que esa es una constante en sus interpretaciones y el terreno en el que mejor su mueven. Jugando con toda la materia prima compositiva y sonora de la pieza, Hevia, los hermanos Zapico y el resto del conjunto fueron sacando jugo a cada una de las líneas del los sonetos, como si de un guión se tratase, explotando cada registro del violín, utilizando el colorido tímbrico como un recurso de primer orden, manejando la antítesis como un elemento definitorio primordial, y llevando ese furore "vivaldiano" a las últimas consecuencias.
      Destacaron la variedad extrema de los matices, con algún pianissimo que hizo que prácticamente se oyese respirar a los instrumentos, para brotar un fortissimo al compás siguiente, dejando a los espectadores pegados a sus asientos. Era evidente, puro barroquismo. Hevia se mostró realmente solvente en lo técnico, resolviendo sin mayores problemas los no pocos escollos que había en el camino, y transitando de manera exquisita por todos los registros de su instrumento. El gusto en las ornamentaciones, aunque en cierto punto algo excesivas, no iba sino encaminado a remarcar esa afectación que ya hemos destacado. Despuntó el gran feedback surgido entre los intérpretes, que se consigue con muchas horas de ensayo y años de tocar juntos, como ellos mismos afirmaron, y que podía observarse en la manera en la que casi se pasaban -literalmente- de uno u otro las diversas líneas. Así, destacó la sonoridad de las cuerdas, de una limpidez interesante, con gran balance y hermosa sonoridad -mención especial para las exquisitas violas barrocas y para la gran labor del Jorge Jiménez como concertino. El continuo sigue siendo marca de la casa desde sus comienzos, con una omnipresencia sonora que no es fácil de encontrar en otros conjuntos -fabuloso el color que otorgó el órgano de Silvia Márquez, sobre todo en los movimientos lentos; las cuerdas graves, de contundencia sin igual y bello timbre, sobre todo el violoncelo barro de Diana Vinagre y especialmente el contrabajo de Vega Montero; sin olvidarnos, por supuesto, de la cuerda pulsada, siempre tan elegante y delicada en las manos de Daniel Zapico, a la tiorba, y Pablo Zapico, al archilaúd y la guitarra barroca.
      La dirección de Aarón Zapico, si bien no demasiado académica ni ortodoxa en el gesto, logró llevar la música por el camino de la definición lineal, del marcado claroscuro dinámico y de la innovación conceptual, siendo realmente bien respondido por los miembros del conjunto -realmente sorprendente algún crecescendo, descrecendo y sforzando.
       La apuesta fue arriesgada, pero fue recompensada por parte del público con recurrentes y más que sonoros aplausos y bravi, que se vieron recompensados con una extraña propina, encarnada en la pieza del compositor inglés John Johnsons, obra que sirvió para dar rienda suelta a la improvisación sobre una misma línea melódica. El bis del segundo movimiento de L'Inverno, dio clara muestra de la absoluta satisfacción con la que el público ovetense vio colmadas su exigencias.
       Una apuesta por la innovación, por el historicismo entendido desde la visión de un intérprete del siglo XXI, en la que la partitura no es más que una pauta que marca el camino, pero que puede transgredirse en aras de una mejor compresión o una reinterpretación artística compleja, a pesar de tener como base un movimiento que precisamente defiende quizá lo contrario, al menos en lo tocante a la llamada música antigua. Una versión que probablemente haya dejado sin palabras a muchos, y con mucho que reflexionar a otros tantos, lo que es ya toda una garantía de éxito. Sin duda estamos ante uno de los conciertos que más dará que hablar en el panorama musical asturiano.

Publicado en Codalario el 02-V-2013.


martes, 12 de febrero de 2013

Los jóvenes de la interpretación histórica


Concierto Barroco

Andrea Falconiero [1585-1636]
01. Folias echas para mi señora
02. L'Eroica
03. Corrente detta l?auellina
04. Corrente dicha la Cuella
05. Il Spiritillo Brando
06. Brando dicho el Melo

Bartolomé de Selma y Salaverde [c.1580-c.1640]
07. Canzon quinta a tre

Georg Philipp Telemann [1681-1767]
Sonata in C major for recordar & continuo TWV 41:C5
08. Adagio-Allegro-Adagio-Allegro
09. Larghetto
10. Vivace

Antonio Vivaldi [1678-1741]
Cello sonata in A minor RV 43
11. Largo
12. Allegro
13. Largo
14. Allegro

Dario Castello [c.1590-c.1658]
15. Sonata XII, Libro Secondo

Jacques Paisible [c.1656-1721]
Sonata in D minor for recorder & continuo
16. Grave-Allegro
17. Largo
18. Allegro

Andrea Falconieri
19. Battaglia de Barabaso, yerno de Satanás

Extras
21. Andrea Falconieri: Passacaglia
22. Entrevista con Josetxu Obregón

La Ritirata - Josetxu Obregón
Cantus Records [CV 1210]
81'21''

   Como bien destaca Josetxu Obregón en la entrevista que cierra los contenidos extra de este DVD, para las generaciones de jóvenes que se dedican a la interpretación historicista, todo ha resultado más sencillo en relación a los pioneros y su ingente labor. Sin embargo, no por ello hay que quitar mérito a tan excelsas interpretaciones.

   Esta que se presenta aquí es la primera producción en DVD que desde Cantus Records se elabora y distribuye, lo cual ha de ser causa de regocijo para muchos, pues es un salto cualitativo importante, sobre todo para un sello realtivamente pequeño como este. No obstante, la principal razón para alegrarse es la colaboración de ambos factores, pues Cantus, bien conocido por los fanáticos de la música antigua, es uno de los sellos más destacados en este ámbito, desde mi punto de vista, el sello más bello de cuantos hay en nuestro país, digno de alabanza y mención por su carácter casi de manufactura, de trabajo de orfebre, que cuida los mínimos detalles y que tienen sencillamente las mejores presentaciones y notas que se puedan encontrar en cualquier sello de música clásica de España, gracias a la magnífica labor desarrollada por su fundador y casi único impulsor, José Carlos Cabello. A esto, hay que sumar la participación de La Ritirata, conjunto dirigdo por el cellista barroco Josetxu Obregón, y que constituye una de las estrellas rutilantes en el firmamento HIP -Historically Informed Performance-, que han ido poco a poco ganándose a crítica y público a base de su buen hacer, de su calidad, de su energía, vitalidad... factores que aportan a cada uno de sus proyectos y que los han hecho triunfar.

   En este proyecto audiovisual se nos presenta un breve recorrido por algunos de los círculos barrocos que componen tan magno período, pues podemos encontrar ejemplos de música del Seicento italiano, quizá más desconocida para el "gran público", pero también obras de autores más conocidos, celebérrimos, podría decirse, como es el caso de Vivaldi o Telemann.

   Son seis los intrumentistas que participan en tamaña empresa: Tamar Lalo [flauta de pico soprano y alto], Miren Zeberio [violín barroco], Daniel Zapico [tiorba], Enrike Solinís [guitarra barroca y archilaúd], Ignacio Prego [clave] y el propio Josetxu Obregón [violincello barroco y dirección].

   El autor más representativo de este recital no es otro que Andrea Falconieri, uno de los grandes maestros de principios de ese siglo XVII italiano, uno de los maestros que ayudó a configurar la música instrumental del Barroco desde sus comienzos, y que constituyó alguno de los grandes rasgos de la misma que posteriormente irían evolucionando -improvisación, carácter idiomático instrumental, intercambialidad de efectivos...-. Sus obras son referencias de ese estilo italiano, no obstante, es uno de los autores más transitados dentro de este período tan concreto. Destacan sus Folias, por su maravillosa energía y vitalidad, además de su L'Eroica, que destaca por lo contrastante de sus partes, o la Passacaglia, compuesta como solía ser habitual sobre ese basso ostinato -normalmente un tetracordo descendente en modo menor-. Las piezas son interpretadas con una jovialidad y una sinergia fascinantes entre muchos factores. El feedback y feeling entre los intérpretes es realmente notable, y eso puede observarse mejor que nunca en momentos como estos, en los que las interpretaciones son registradas en directo -el concierto, por cierto, fue registrado el 28 de mayo de 2011, en el Real Coliseo de Carlos III-.

   Las obras de carácter más solístico y camerístico fueron las protagonizadas por Tamar Lalo, que mostró su perfecta y elegante articulación, su lirismo y su expresividad en la sonata para flauta del compositor más prolífico de la historia, el gran Georg Philipp Telemann. Una obra que derrocha ese sonido "telemaniano" tan característico, y que tiene en sus movimientos lentos, su punto culminante en la belleza sonora.
La sonata para cello del veneciano por excelencia, nos da la oportunidad de disfrutar del hermoso sonido que Obregón consigue sacar de su instrumento, un Sebastian Klotz de 1740. Es un gusto poder ver la implicación emocional y expresiva que el vasco logra transmitir a los que le ven y escuchan. Fantástica la digitalización en lo técnico, por la precisión, afinación, y su solvencia al moverse en los diversos registros del instrumento. El continuo íntimo y sin embargo omnipresente desarrollado aquí tan solo por tiorba y guitarra barroca, es un ejemplo de cómo se puede hacer algo realmente imaginativo, coherente y aportando un color fantástico y muy adecuado a la pieza. 

   Jacques Paisible es quizá el compositor más desconocido de cuantos aparecen en el recital. Un compositor francés, pero con muchas influencias europeas, pues pasó 40 años de su vida en Londres. Se muestra en esta pieza ese carácter francés, sobre todo en las melodías y los movimientos lentos -maravillosamente evocador el grave inicial-. De nuevo Lalo muestra su solvencia técnica y la ejemplar de su delicadeza y elegancia.

   Se completa el DVD con dos piezas: una de Selma y Salaverde, quizá el mejor bajonista que haya dado la historia de la música española, del que se nos ofrece aquí una de sus canzoni, destinada a dos instrumentos altos y un basso obbligato, para la que se escogieron aquí violín, flauta y cello, además del profuso continuo; la otra, una sonata de Dario Castello, otro de los padres de la música instrumental del Seicento, del que se interpreta una de sus más famosas sonatas, plagada de virtuosismo, complejidad rítmica, brillantez sonora, en definitiva, un dechado de lo que la música instrumental de esta época suponía.


   El resto de intérpretes de lo que aún no hemos dado cuenta, se muestran absolutamente al nivel de sus compañeros. Muy bien Miren al violín barroco, con un sonido pleno, bien articulado, muy sutil en ciertos momentos, jugando bien su rol de protagonista cuando le toca, y plegándose a un segundo plano cuando así es necesario. 
El continuo está fantásticamente representado, tanto en la cuerda pinzada, con el clave de Ignacio, como en las cuerdas pulsadas, con Enrike, que muestra su maestría en el rasgueado y puntado -como diría el propio Gaspar Sanz- y Daniel -que es bien conocido por su labor en Forma Antiqva-, que está siempre ahí, en el punto justo, dejando siempre libertad a las cuerdas y a los graves para sonar en todo su esplendor. 

   En definitva, un excelente recital, que se completa con una entrevista al director del conjunto, en la que básicamente nos da una visión de lo que supone su manera de acercarse a la música barroca desde la interpretación histórica. Además, teniendo en cuenta lo bello del diseño y las excelentes notas al programa, este DVD se convierte en un imprescindible para aquellos que disfrutan con la música del XVII y XVIII. Bravo por las partes por separado, pero bravissimo por la exquisita conjunción entre ambas. Ojalá este sea el comienzo de una fructífera colaboración.