lunes, 25 de julio de 2011

En defensa del canto

   Resulta curioso observar el siguiente texto, pues en él podemos encontrar una clara y decidida defensa del canto, una oda a la voz humana como un instrumento sin igual, como una invocación, una invitación a cantar y a hacerlo solo, pero también en conjunto, una manera maravillosa de sentir la música en el propio ser.

   William Byrd dedicó buena parte de su vida a la composición de música vocal, coral, y a pesar de que también dedicó tiempo a la creación de música para diversos instrumentos, su carácter provocal queda claramente patente en el texto del que hablamos. Se trata del prólogo perteneciente a su colección de música intitulada Psalms, Sonnets and Songs of Sadness and Pietie, publicada en 1588, y es el siguiente:

Reasons, briefly set down by the Autor, to persuade everyone to learn to sing.

First, it is a knowledge easily taught, and quickly learned, where there is a good master,
and an apt scholar.
1. The exercise of singing is delightful to Nature, and good to preserve the health of Man.
2. It does strengthen all parts of the breast, and does open the pipes.
3. It is a singularly good remedy for stuttering and stammering in the speech.
4. It is the best means to procure perfect pronunciation, and to make a good Orator.
5. It is the only way to know where Nature has bestowed the benefit of a good voice:
which gift is so rare, as there is not one among a thousand that has it: and, in many,
that excellent gift is lost, because they want Art to express Nature.
6. There is not any Music of Instruments whatsoever, comparable to that which is made
of the voices of Men, where the voices are good, and the same well sorted and ordered.
7 The better the voice is, the meeter it is to honour and serve God therewith:
and the voice of man is chiefly to be employed to that end.

Omnis spiritus laudet Dominum.

Since singing is so good a thing,
I wish all men would learn to sing.

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Razones, sucintamente expuestas por el autor, para persuadir a todos a aprender a cantar*.

En primer lugar, donde hay un buen maestro y un alumno con talento, es un conocimiento fácil de enseñar y rápido de adquirir.

1. La práctica del canto agrada a la Naturaleza y es buena para mantener la salud del Hombre.
2. Refuerza todo el pecho y abre los conductos.
3. Es un remedio particularmente recomendado contra el tartamudeo.
4. Es el mejor medio para perfeccionar la pronunciación y llegar a ser un buen orador.
5. Es la única forma de averiguar dónde ha otorgado la Naturaleza una buena voz, un don tan infrecuente que es posible no encontrar una persona entre mil que lo posea y en muchas ese maravilloso don se pierde porque les falta el Arte para expresar la Naturaleza.
6. No existe ni un solo instrumento musical comparable al que componen las voces humanas cuando las voces son buenas, están bien escogidas y ordenadas.
7. Cuanto mejor sea la voz, más apropiado es honrar y servir a Dios con ella. Siendo éste el fin primordial con el que la voz humana se debe emplear.

Omnis spiritus laudet Dominum

El canto es cosa tan buena,
que ojalá todo el mundo aprendiera.


   Teniendo como referencia esta defensa del instrumento más humano, uno puede entender todo lo que le sobreviene cuando escucha la música del maestro inglés, para el que escribe, el mejor compositor inglés de la historia, un maestro del tratamiento melódico, de la textura vocal, de la expresividad de lo emotivo a través de lo vocal. Un genio absoluto de la polifonía vocal, que nos legó algunas de las piezas más impresionantes que se hayan creado jamás, como queda buena constancia de ello aquí, por ejemplo. Así pues, ¡larga vida a la voz, larga vida a Byrd!

* Traducción extraída del Foro de Fecorem.

2 comentarios:

Luís C. F. Henriques dijo...

It's sounds to me like an application to the voice of Tinctoris' "Complexus Effectum Musices"... wonderful arguments I must say.

Greetings,

Mario Guada Gutiérrez dijo...

Hola:

Así, es, son realmente parecidos.
Eran otros tiempos, pero muchos de esos argumentos son perfectamente válidos en pleno siglo XXI.

Un abrazo.